El lado más personal de Alejandra de la Croix: su infancia, sus estudios y su estilo de vida
La concursante de 'Supervivientes' tuvo una infancia marcada por falta de referentes y la sensación persistente de no encajar
La cineasta muestra en sus redes sociales su estilo propio
MadridHablar de Alejandra de la Croix, concursante de 'Supervivientes', es adentrarse en la trayectoria de una artista polifacética que ha sabido moverse con soltura entre disciplinas muy diversas. Gaditana de origen y con 32 años, se ha consolidado como una figura singular dentro del panorama cultural español gracias a su capacidad para reinventarse constantemente. Descubrimos su lado personal.
Una infancia marcada por la sensación de no encajar
Detrás de la figura pública de Alejandra de la Croix, concursante de 'Supervivientes', existe una historia personal marcada por la perseverancia y la búsqueda de un lugar propio. Alejandra nació el 4 de julio de 1993 en el municipio gaditano de Puerto Real, en el seno de una familia que ella misma ha descrito como "muy humilde" y con una fuerte presencia femenina.
Ese entorno doméstico, según ha contado en distintas ocasiones, fue determinante en la construcción de su sensibilidad y de su mirada sobre el mundo. Su infancia, sin embargo, estuvo atravesada por una sensación persistente de no encajar. En una entrevista concedida al diario '20 Minutos', la artista fue especialmente contundente al recordar su infancia: "Sinceramente crecer siendo trans es una mierda. Yo ahora me doy cuenta de lo mal que lo he pasado".
La propia artista ha relatado con franqueza cómo esos primeros años estuvieron marcados por la incomodidad y la búsqueda de referentes que entonces apenas existían en el imaginario colectivo. La cineasta también ha reconocido en distintas ocasiones que durante años se sintió fuera de lugar: "La gente te mira demasiado, más de lo normal por ser diversa. Siempre vas a estar en un lugar que no es el tuyo".
Con dieciocho años se instaló en Sevilla para estudiar Comunicación Audiovisual, lo que supuso un antes y un después en su vida. Más tarde se trasladaría a Madrid, donde se hizo un hueco en el mundo artístico gracias a sus primeras incursiones en el videoarte experimental y el cortometraje.
Con el tiempo, cofundó un espacio dedicado a la creación de arte en vivo, impartió clases de Dirección de Arte y Narrativa Visual y trabajó como modelo para distintas marcas, ampliando así su perfil profesional.
Su proceso de transición
No se puede conocer a la concursante de 'Supervivientes' sin su proceso de transición, que ella misma ha abordado públicamente con una mezcla de naturalidad, ironía y profundidad reflexiva. Gracias a la exposición derivada de su carrera ya sea a través de redes sociales, entrevistas o proyectos artísticos, el público ha podido acercarse a una visión muy personal de esta etapa.
En una entrevista para la Metal, Alejandra de la Croix explicó con claridad cómo ha vivido su transición: "Ha cambiado el color de mi pelo, el largo de mis uñas, las gamas de colores que uso para vestirme y el pronombre con el que me refiero a mí misma. Mi interior sigue estando intacto".
El lado más íntimo
Más allá de su faceta profesional y activista, la artista, se muestra tal y como es en sus redes sociales. En ese espacio digital comparte fragmentos de su día a día, sus viajes, sus momentos de descanso y, sobre todo, la importancia que otorga a su círculo afectivo. Entre su pandilla de amistades aparecen con frecuencia nombres conocidos de la escena cultural alternativa. Estas relaciones dibujan un ecosistema creativo donde la colaboración, la complicidad y el sentido del humor ocupan un lugar central.
Su vida cotidiana transcurre entre eventos, rodajes, viajes y el refugio íntimo de su casa, un espacio que ella misma ha descrito como fundamental para su equilibrio creativo. En lo sentimental, Alejandra ha hablado con su habitual franqueza.
En una entrevista con 'El País', reflexionaba con ironía sobre sus preferencias afectivas: "Me encantaría ser lesbiana; no soy lesbiana. Me gustan los maricones; los maricones no quieren conmigo, quieren con tíos. Entonces me veo que debo pasar por el aro de quedar con tíos cisheteros. La declaración, mitad humorística mitad confesional, refleja su manera de abordar incluso los temas más personales sin perder ligereza.
Viajar es otra de sus grandes pasiones. Recientemente ha estado en Japón, un destino que la ha entusiasmado y del que ha compartido numerosas imágenes y reflexiones. La artista suele entender los viajes no solo como ocio, sino como una fuente de estímulo visual y cultural que alimenta su imaginario creativo.
Su presencia en alfombras rojas también se ha convertido en una seña de identidad. Alejandra de la Croix suele apostar por looks atrevidos, innovadores y deliberadamente fuera de lo común, desafiando las expectativas de la moda más convencional. Para ella, la ropa es otra forma de narrativa personal, un lenguaje con el que seguir explorando las fronteras del género y la expresión.
