Noruega

Marius Borg logra salir de la cárcel de máxima seguridad para ver a su madre, Mette-Marit, tras el trasplante: escoltado y en el hospital

Mette Marit con su hijo Marius
Mette Marit con su hijo Marius en una imagen de archivo. Cordon Press
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La crisis que atraviesa la familia real noruega parece no darles tregua. Cada día, alguno de sus miembros o entorno más cercano protagoniza una nueva polémica. Pero desde hace un año, en concreto son dos personas quienes han copado gran parte de la atención: la princesa heredera Mette-Marit de Noruega y su primogénito, Marius Borg, fruto de una relación anterior al príncipe Haakon.

Ahora, mientras la futura reina del país se recupera en el Hospital Universitario de Oslo tras someterse a un trasplante de pulmón debido a la fibrosis pulmonar que padece, su hijo mayor ha conseguido abandonar la prisión de máxima seguridad en la que se encuentra para visitarla.

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Marius en una imagen de archivo.

La escena resultaba difícil de imaginar hace apenas unas semanas. Marius, de 29 años, fue condenado el pasado 15 de junio a cuatro años de prisión por diversos delitos, entre ellos dos violaciones y varios episodios de violencia. Tras la sentencia fue trasladado al centro penitenciario de Ila, la cárcel de máxima seguridad más conocida de Noruega, donde cumplen condena algunos de los delincuentes más peligrosos del país.

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Sin embargo, el gravísimo estado de salud de su progenitora ha llevado a las autoridades penitenciarias a autorizar un permiso especial para que pudiera verla durante su recuperación en el centro médico.

Los detalles de las visitas

Tal y como ha revelado el medio 'Se og Hør', las visitas se han realizado bajo estrictas medidas de seguridad, con Marius escoltado en todo momento e intentando esquivar las cámaras presentes en la entrada principal del hospital.

De acuerdo a la información del citado medio, las salidas se habrían desarrollado con absoluto sigilo. Para ello, Marius fue trasladado desde Ila hasta el hospital bajo escolta oficial y accedió al centro sanitario por una entrada trasera para evitar la presencia de fotógrafos y curiosos. La intención era proteger tanto la privacidad de la paciente como la delicada situación judicial del propio Marius.

Además, las visitas habrían tenido lugar después de confirmarse que el trasplante pulmonar de Mette-Marit había sido un éxito. Los médicos consideran que los días posteriores a la operación son fundamentales para controlar posibles complicaciones, ajustar la medicación inmunosupresora y supervisar la adaptación del nuevo órgano. La princesa permanecerá ingresada varias semanas mientras continúa la rehabilitación.

Por el momento, todo indica que las salidas han sido estrictamente temporales y solo debido al estado de salud de su madre. Tras las visitas, regresó a la custodia penitenciaria y continúa internado en Ila mientras sus abogados preparan recursos contra la sentencia.

Pese a que Marius ya ha solicitado en varias ocasiones su puesta en libertad condicional por el estado de la princesa, el permiso que le han concedido no supone ningún tipo de privilegio excepcional, sino una posibilidad contemplada en la legislación penitenciaria noruega para situaciones familiares extraordinarias, sobre todo cuando existe riesgo vital o una intervención médica de gravedad en un familiar directo.

La salud de Mette-Marit y las solicitudes de Marius de salir de prisión

La salud de Mette-Marit se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la familia real durante los últimos meses. La princesa padece fibrosis pulmonar crónica desde 2018, una enfermedad degenerativa que provoca cicatrices en los pulmones y dificulta progresivamente la respiración. Su estado empeoró este año y finalmente fue incluida en la lista nacional de espera para un trasplante pulmonar el pasado 5 de junio.

Precisamente esa situación médica había sido utilizada ya por la defensa de Borg para solicitar su salida de prisión preventiva. El hijo de Mette-Marit argumentó ante los tribunales que necesitaba estar cerca de su madre y manifestó su temor a que pudiera fallecer sin tener ocasión de despedirse de ella. Aunque en un primer momento un tribunal llegó a concederle la petición, la Fiscalía recurrió la decisión y evitó que quedara en libertad antes de conocerse la sentencia.

Mette-Marit y Marius Borg en una imagen de archivo.

Incluso antes del trasplante, esta situación ya había afectado a Marius hasta tal punto de sufrir una crisis emocional en prisión cuando se rechazó una de sus solicitudes de flexibilización de medidas, llegando incluso a necesitar atención hospitalaria tras fracturarse la mano durante un episodio de ira.

Ahora, sus encuentros resumen como pocos la situación límite que atraviesa actualmente la monarquía noruega.

Por un lado, la princesa heredera lucha por recuperarse de una operación que los médicos consideraban imprescindible para salvar su vida. Por otro, la condena de Marius se ha convertido en uno de los mayores escándalos que ha afectado a la institución en décadas.

Todo ello ha generado escenas inéditas. Antes de la operación, tanto Mette-Marit como Haakon acudieron personalmente a visitarlo en prisión. También lo hicieron sus hermanastros, la princesa Ingrid Alexandra y el príncipe Sverre Magnus de Noruega, en un intento de mantener la unidad familiar en medio de la tormenta.