Las neveras 'made in' Lepe con diseño retro que inundan las playas españolas y han llegado a EEUU

Polarbox nació en una empresa familiar de Huelva que llevaba décadas trabajando con plástico y poliespán y hoy vende sus características neveras de colores en decenas de países
¿Por qué no debes guardar la leche en la puerta de la nevera?
¿Quién no ha visto en los últimos veranos una de esas neveras de colores pastel que parecen sacadas de otra época? Se han ido haciendo un hueco en las playas españolas. Lo curioso es que estas neveras de estética retro, que ya han saltado incluso el charco hacia el otro lado del Atlántico, tienen un origen mucho más cercano de lo que parece: nacieron en Lepe, en Huelva, y desde allí se están haciendo un hueco en las playas de medio mundo.
Detrás de ellas está el empresario español José Luis Fernández Santana, junto con su esposa, que ha transformado Polarbox, una empresa familiar, en un proyecto que da la vuelta a la imagen tradicional de las neveras portátiles. Colores pastel, formas redondeadas y asas que recuerdan a otros tiempos han hecho reconocible un producto que, hasta hace pocos años, parecía condenado a ser simplemente práctico.
No siempre fueron así
Durante mucho tiempo, una nevera portátil tenía una única misión: mantener frías las bebidas y la comida durante unas horas. El diseño ocupaba un segundo plano. Lo importante era que cerrara bien, conservara la temperatura y pudiera transportarse con facilidad. El empresario español José Luis Fernández Santana, junto con su esposa, decidieron jugar precisamente con esa idea. La marca apostó por convertir la nevera en un accesorio más.
Algo que no hubiera que esconder cuando se llega a la playa, sino que incluso pudiera combinar con el resto del equipaje. De ahí llegaron las carcasas en tonos pastel, las formas inspiradas en el diseño vintage y las asas que se han convertido en uno de sus elementos más característicos.
Los primeros modelos comenzaron a venderse en 2021 y el recibimiento fue inmediato. Ese primer año salieron alrededor de 150.000 unidades, según los datos facilitados por la compañía, que llegó a encontrarse con una demanda superior a su capacidad de fabricación. La nevera de playa había encontrado una nueva vida.
El diseño como carta de presentación
El color es probablemente lo primero que llama la atención, pero la estrategia va más allá de la estética. La marca ha ido construyendo una imagen muy reconocible alrededor de sus productos y permite elegir entre diferentes colores, tamaños y acabados. También ofrece opciones de personalización, desde la carcasa hasta las asas y determinados elementos identificativos.
Origen en el pescado y marisco
Aunque Polarbox tenga hoy una imagen asociada al verano y al diseño retro, su origen está en una actividad bastante menos relacionada con las vacaciones. José Luis Fernández comenzó su trayectoria empresarial en el sector del pescado y el marisco. Aquella actividad le puso en contacto con una cuestión fundamental: cómo mantener la temperatura de los productos durante su transporte.
En 1984 creó Polisur en Lepe, una compañía especializada en productos de poliespán que fue ampliando progresivamente sus líneas de negocio. El material se utilizaba para fabricar desde cajas destinadas al transporte de pescado hasta diferentes soluciones para el sector agrícola y alimentario. Ese conocimiento de los materiales térmicos terminó siendo una pieza fundamental para desarrollar Polarbox. La marca no nació, por tanto, de la nada. Detrás del diseño de colores pastel había décadas de experiencia industrial acumulada en la localidad onubense.
Una fábrica que sigue estando en Lepe
Mientras las neveras han ido saliendo de España, su fabricación continúa vinculada a Lepe. La compañía ha puesto en marcha unas nuevas instalaciones de unos 9.000 metros cuadrados, construidas con una inversión cercana a los seis millones de euros. La planta permite aumentar notablemente la producción y está preparada para alcanzar cifras mucho mayores si la demanda continúa creciendo. Actualmente pueden salir miles de unidades cada día y la capacidad puede incrementarse mediante la incorporación de nuevos turnos.
Parte del proceso está mecanizado, aunque algunos elementos continúan realizándose manualmente. Entre ellos está uno de los detalles más reconocibles: sus asas, que se cortan y colocan en la propia fábrica. El aislamiento también es fundamental. El poliestireno expandido se moldea con la forma de la nevera y después se recubre con una capa exterior de plástico, creando el sistema encargado de mantener la temperatura en el interior.
Una nevera que ha cruzado el Atlántico
El fenómeno no se quedó en España. La empresa fue entrando progresivamente en mercados europeos como Francia, Alemania, Portugal, Reino Unido o Italia y también consiguió hacerse un hueco en los países nórdicos. Actualmente la marca está presente en alrededor de un centenar de países y aproximadamente el 80% de sus ventas procede del exterior. Alemania, Portugal y Francia se encuentran entre sus principales mercados, pero la compañía mira especialmente hacia Estados Unidos. Allí ya está presente y cuenta con una oficina en Miami, aunque el objetivo es seguir creciendo en el mercado norteamericano. La expansión también ha llevado sus neveras a lugares tan diferentes como India, Guyana o Martinica.
Y hay un detalle curioso en esta expansión internacional: no solo sirven para combatir el calor. En países como Suecia o Noruega también pueden utilizarse para proteger determinados alimentos frente a temperaturas muy bajas. El principio es exactamente el mismo: mantener durante más tiempo unas condiciones térmicas determinadas.
