Llega la gran cita anual con la bajada de peso: los excesos navideños exigen cambiar de dieta, reducir grasas, eliminar el alcohol y abonarse a recetas saludables, pero con más sentido común que menús de castigo
Caldos, verduras de temporadas, pescados marinados o a la sal, potajes sin grasas y cítricos por toneladas le ayudarán a recuperar salud para el cuerpo y eliminar grasas
La operación bikini está sobrevalorada. Es mucho más difícil escalar con éxito la cuesta calórica de enero. La cuesta económica del primer mes del año, con la billetera colonizada por las telarañas, tiene sus complicaciones. Pero ¿qué me dicen de la empinada pendiente de devolver al cuerpo a un estado razonable de ingesta tras los abusos? La primera y más grande culpa la tiene el calendario. Hubo un tiempo en el que la navidad empezaba con los niños de San Ildefonso cantando la lotería que nunca le toca a usted. El arrumaco musical de los muchachos se acompañaba de los primeros polvorones y, según la tradición, de una copita de anís dulce. Si se observa, en España, no hay tradición que no vaya ligada a la pitanza y la ingesta de alcohol.
Pero si todo ha cambiado e incluso hay quien cuestiona que el mundo sea redondo, achatado por los polos e hinchado por el ecuador, cómo no iba a cambiar la cultura prenavideña, la navideña y la postnavideña. Las primeras cenas de trabajo se celebran en noviembre. Sí, antes del puente de la Constitución y la Purísima ya se cita la gente para beber a todo gas, comer a cinturón desabrochado y cantar a todo pulmón. Ese es el comienzo de una larga marcha a la que siguen almuerzos y cenas familiares, de grupos de amigos, de compañeros de promoción -civiles y militares con y sin graduación-, encuentros de primos y tíos, verbenas, veladas de excesos, cuchipandas varias y fiestas de guardar. A los interminables menús de las noches especiales le siguen los de los días menos especiales.
Pisando ya enero y cuando parece que vamos saliendo del lío, todo se corona con el roscón de Reyes y unas buenas dosis de chocolate a la taza. A esas alturas se llega como se puede. Pero el 6 de enero, cayendo la noche, fluye como por ensalmo ese pensamiento mágico y esa convicción férrea que nos conduce inevitablemente a la abstinencia, la contención y el sacrificio. La noche del seis es fácil estar convencidos, incluso el 7 y el 8. Para el 9 la cosa empieza a complicarse y a partir del 10 hay quien empieza a pensar que con tres días de autocontrol ya sirve. Dicen los expertos, los nutricionistas, los endocrinos, que la radicalidad no funciona, que es mejor hacer la cosas bien, pausadas, con sentido común y con continuidad antes que actuar por espasmos. La despensa de estos primeros meses de invierno es muy interesante. Y permite salir adelante sin morir en el intento a la vez que se combate el frío invernal.
Los caldos y sopas
Los caldos, sopas y consomés son una solución fantástica para aportarle proteínas y nutrientes al cuerpo sin excesos y cumpliendo perfectamente con los rigores que las temperaturas exigen a la cocina de enero. Un buen caldo de gallina -mejor que de pollo: más sabor, más colágeno, más proteínas y más minerales- es una idea extraordinaria. Además del ave, unos garbanzos -un superalimento que reduce el colesterol y el azúcar en sangre- con huesos de ternera, un taco de jamón, zanahoria, cebolla y ajo y lo tiene hecho. Le puede añadir nabo y puerro, que están en temporada. Fácil, nutritivo e ideal para calentar el cuerpo y el alma.

Cremas
En este tiempo están en su punto las coles, la coliflor, la lombarda, las chirivías, el calabacín, los guisantes, las acelgas y espinacas, las alcachofas y los cardos. Cualquier opción es estupenda para hacer una crema reconfortante y nutritiva. Solo necesita una base de caldo de verduras -o si le ha sobrado del caldo de gallina- y poco más. Si evita añadir queso o nata buscando más cremosidad pues mejor. O cualquiera de esas verduras en menestra es bocado recomendable.
Gazpacho caliente
Muy típico en distintas zonas de Andalucía y en otras de España con distinto nombre y algunas variantes en los ingredientes, es un plato nutritivo, adecuado para este tiempo y del que solo hay que controlar el uso del pan y el aceite de oliva. Se maja -sin triturar- el pan duro, con tomate, ajo, pimiento rojo y agua caliente. Se sirve en un lebrillo de barro con tropezones de huevo duro, pimientos asados y naranja agria. También se le pueden añadir espárragos verdes o tagarninas. Es una receta magnifica. Si no se pasa usted ni con el pan ni con el aceite es razonablemente recomendable para enero.
Potajes
No hay invierno sin potajes. En realidad, no hay vida sin cuchareo. Para que no se conviertan en una bomba calórica lo que hay que hacer es controlar la grasa que le añadimos. Si le damos barra libre a los chorizos y las morcillas nos iremos alejando del propósito. Obvio. Pero es posible trabajar algunos potajes sabrosos más ligeros. Por ejemplo, uno de garbanzos y vegetales, con puerro, cebolla, zanahoria y ajo. Un poco de aceite de oliva, azafrán y alguna especia más al gusto. Una patata y poco más. Es resultón y sano. Los garbanzos con espinacas, un clásico que funciona siempre. O unas lentejas estofadas a la que puede añadir pollo o pavo, proscribiendo temporalmente el chorizo. Algo diferente puede ser un curry de garbanzos con legumbres y quizás unos huevos duros o pasados por agua como acompañamiento. Funciona bien y apenas tiene grasa. En realidad, cualquier potaje desgrasado es super recomendable.

Bacalao, gallo, merluza, rape, salmón
En España en cualquier estación hay buena oferta de pescado. Con el bacalao, el rape o el salmón puede preparar un marinado al horno que es puro sabor y pocas calorías. Puede utilizar aceite, ajo, jengibre, zumo de naranja, especias e hierbas al gusto. La idea de un marinado es que contenga ingredientes que aporten acidez, grasa y aroma.
Lubina a la sal
Una lubina al horno, a la parrilla o, preferentemente a la sal, siempre tiene premio. La sal de hornear se encuentra en cualquier supermercado. Es una receta fácil y absolutamente sana. También puede utilizar dorada, corvina o pargo. La pieza pídala en la pescadería eviscerada pero sin abrir del todo y con sus escamas. Con unos 400 gramos de pescado por cabeza se le quedará una vez limpio en la mitad aproximadamente. Sobre la bandeja de horno monte un lecho de sal donde colocará el pescado. Lo cubre por completo silueteando la estructura del pescado. Hay quien le pone clara de huevo a la sal para fijarla. En realidad, con un poco de agua para humedecerla ya sirve. Deje la cola del pescado fuera de la sal, le servirá para saber si la pieza está en su punto tirando suavemente de ella y comprobando si se parte con facilidad. 20 minutos por kilo a 200 grados, horno arriba y abajo, tendencia a bajar el minutaje ligeramente, aunque aumenten los kilos de la pieza. Cuando lo tenga solo tiene que retirar la sal con cuidado. Le quedará un pescado jugoso, con la sal justa. Sano hasta decir basta si no se pasa con las salsas de acompañamiento, que pueden ser desde una ajada, una mahonesa suave o una salsa verde con perejil. Una opinión: sin salsa, tal y como sale del horno es un manjar que no necesita aderezos.
Cordero
El cordero es una carne recomendada para controlar la dieta. Rico en proteínas de alta calidad contiene grasas saludables y muy pocos carbohidratos. Hacerlo al horno siempre es una buena opción que no se limita al almuerzo de Navidad. Las chuletillas a la plancha con un crema de coliflor, o asado con puré de brócoli o el jarrete de cordero con una sopa de verduras son alternativas saludables y sabrosas.

Frutas
Los cítricos están en su momento: naranja, clementina, mandarina, pomelo (el rosa es extraordinario). Son una opción magnifica para desintoxicar el cuerpo y agregan un chute de vitamina C que mejora las defensas. El kiwi -vitamina C, mucha fibra y antioxidantes- también anda fino con el frío.

