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GH DÚO

Una tregua ante la final, con ratón, genio y la paz de los cementerios

A las puertas de la final, la casa más famosa de España ensaya una paz impostada mientras el ratón hace de las suyas y el “súper” ejerce de genio concediendo deseos. Tras una edición pasada de decibelios, toca tregua… aunque huela más a armisticio forzado que a reconciliación real.

Una de las últimas comidas de los tres finalistas en la casa
Una de las últimas comidas de los tres finalistas en la casa. telecinco.es

Analizar ‘realities’ es para el gato tan satisfactorio como formar parte de ellos para sus concursantes. El placer de ver frente al de ser visto.

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En el día previo a la final apareció en la casa otro ratón y un genio de la lámpara. El ratón no estaba tumbado, medio adormecido en el sofá circular que hay en medio del salón, allí donde han pasado las horas muertas (nunca mejor dicho) los concursantes jóvenes, vinieran o no de una isla. El ratón andaba roneando en el dormitorio y terminó en la cama de Carlos Lozano. ¡No sabe nada ese roedor! Al final lo pillaron y terminó en el ‘confe’, como había pasado con Anita la noche anterior. No tiene nombre ese ratón, pero sí el genio de la lámpara. Yo diría que es un mago y habita en Tres Cantos desde octubre. Ayer se referían de esa forma al ‘súper’, la voz de Gran Hermano que les consigue casi todo lo que le piden y ha contribuido a darnos esta fantástica edición.

Cierto que ha sido una edición pasada de decibelios y con excesiva confrontación. Buena parte de sus habitantes, jóvenes y no tanto, protagonizaron el mayor atosigamiento a una compañera nunca antes visto en este programa. Una vez fuera Cristina Piaget, siguieron la misma tónica con Carlos Lozano. Y entre todos nos han dejado cierta impresión de contraste entre lo que sucedía en las galas y la convivencia diaria. Esta ha sido la principal acusación (no es gran cosa) a Carlos, pero en la recta final me ha parecido que concernía a todos, como si se hubieran ido contaminando unos a otros. Prueba de ellos es el mal rollo reinante durante la semifinal del domingo y la paz reinante ayer. Es un poco la paz de los cementerios, también lo digo.

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Tanta paz es buscada de manera voluntaria. Si no han atendido nunca a las indicaciones, peticiones y ruegos que les ha estado haciendo el genio de la lámpara (o sea, el ‘súper’) y los presentadores, no lo iban a hacer a estas alturas. Carlos desveló la clave hablando con Anita: “Yo agradecería que si algún gilip*****, tanto de tu bando como del mío, se pone a discutir, lo frenemos. Vamos a intentar dar ejemplo de una vez. Cuando un reventado diga algo hay que decir ¡basta! Y entre nosotros, si nos ponen vídeos malos… es que estoy por ponerme cinta americana en la boca”. Pues que le vayan dando rollos de esa cinta porque me temo que no tendremos una final tranquila. Por mi parte, me sumo a la propuesta de Lozano y no voy a hacer una cerrada defensa de ninguno de los finalistas. Tampoco me parece necesario, cualquiera que me haya estado leyendo sabrá ya lo que pienso.

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Será apropiada cualquier cosa que valga para evitar ser visto como un reventado. No lo estaré gane quien gane, porque seguiré igual en todo caso. Lo que no voy a poder evitar es decir lo que pienso sobre los tres concursantes (en el GH de Argentina les llaman “jugadores” en lugar de “concursantes”, lo cual pone el acento en lo que esto tiene de juego y, por tanto, de estrategia, y eso me parece más que bien). Lo voy a hacer (decir lo que pienso de los tres finalistas) en una versión exprés de los habituales daguerrotipos ya anunciada ayer. Vayan por delante mis disculpas por cualquier cosa dicha por este gato parlanchín sobre alguno de los concursantes que habitaron la casa esta temporada. Lo mismo sobre los párrafos que siguen. Siempre hablo de los concursantes y sus actos, no sobre las personas.

¡Vayamos al lío!

Gloria: mucho mejor cuando arrinconó sus complejos

Daguerrotipo Gloria González

Gloria González comenzó su andadura en Gran Hermano Dúo con el estigma de ser la hermana que defendió a Manuel en su anterior paso por la casa. Sabía que estaba ahí gracias a su hermano y le costó superar ese complejo. No hizo bien en tenerlo porque todos están ahí por algo, a menudo ajeno a su persona. Puede que por inseguridad se refugió en la ratonera sin suficiente ambición. Le bastó con la confianza que le daba estar respaldada por un grupo numeroso de concursantes, en su mayoría de una edad parecida a la suya. Mayor seguridad aún les dio tener el apoyo de Antonio Canales y Raquel Salazar, pertenecientes al sector maduro. Cambió tranquilidad por aspiración en el concurso. No dieron lo que se esperaba de ellos por pereza y, repito, falta de ambición. Se contagiaron entre ellos de este mal dentro de un micromundo cuyo principal fallo fue no generar tramas, ni contenido, ni apenas interés.

Cuando Gloria despertó no fue para destacar en positivo. En los momentos que pareció tener interés en participar dio su peor cara, apuntándose al hostigamiento de una concursante, todos al alimón. Ninguno de ellos se dio cuenta de la falta de estética de la situación. Probablemente no haya error mayor en este concurso que el todos (o casi todos) contra uno. Lejos de obrar con cautela y cuidando las formas, todos los participantes de ese atosigamiento se pintaron la cara con el peor de los gestos, elevaron la voz de la manera más ofensiva y emplearon palabras profundamente ofensivas. No me digan que la otra parte hizo lo mismo porque su situación distaba mucho. Tanto que en su caso estaba sola contra todos, con el único apoyo de Carlos y no siempre ni de todas las maneras.

Gloria tuvo su intento de carpeta, aunque me creo totalmente la atracción que dijo sentir por John Guts. No así al contrario, aunque le vino bien para destacar con algo más allá de su forzado enfrentamiento a sus compañeras de trío. La audiencia evitó un posible acercamiento entre ambos expulsando al mexicano. Gloria se quedó entonces compuesta y sin carpeta, aunque dudo mucho que eso le hubiera valido para mejorar sus posibilidades en esta final. Bastante ha logrado llegando a la misma, a lo que ha contribuido la expulsión de su hermano como cuarto finalista. Entre Gloria y Manuel, igual que si la comparamos con Juan Pablo Vega, está claro que uno elige el mal menor, por eso ha logrado el privilegio de permanecer en la casa hasta el final. Creo que este será su premio.

Anita: la mano que mece la cuna

Daguerrotipo Anita Williams

Anita Williams sacó la cabeza de la ratonera, intentando mimetizarse con el entorno. Entre todos fue quien más claro tuvo lo que quería hacer en este concurso, lo cual digo en tono positivo, casi con admiración. Eso la distinguió de la mayoría y hace que a las puertas de la final parezca la única capaz de arrebatarle el premio a Carlos Lozano, igual que lo hizo Laura Matamoros en GH VIP 4. Anita ensayó la modalidad de concursante que pretende hacerse amiga de todos para evitar ser nominada. Y he de decir que con ello logró engañar a casi todos. Por comodidad (y afinidad, seguramente) se integró en la ratonera más de lo que hubiera querido, cosa que intentó compensar llevándose bien con Belén Rodríguez o pretendiendo dar una imagen de justicia y equidad. Debo decir que a mí nunca me engañó.

La estrategia de Anita triunfó durante un tiempo. Pero como dice esa frase falsamente atribuida a Abraham Lincoln: “Se puede engañar a algunos todo el tiempo, y a todos algún tiempo; pero no se puede engañar todo el tiempo a todos”. Por eso Belén tardó en darse cuenta de quién era Anita y para ello tuvo que volver a entrar a vivir durante una semana en la casa. Con todo, siguió manteniendo el engaño a muchos hasta la semifinal del domingo. Ahí se vio su verdad como nunca antes, y de esa manera descarnada que solo da el directo. La Anita tan neutral como Suiza mostraba su realidad, no mucho mejor que la de quienes eligió para compartir la mayor parte de su tiempo.

Que Anita haya sido la mano que mece la cuna es discutible, aunque la he visto así desde muy al principio. Pero nadie puede negar que algunos de los momentos más embarazosos protagonizados por sus compañeros la tuvieron a ella como ideóloga. A Juanpi Vega puede que nunca se le hubiera ocurrido despertar a Cristina (sabiendo lo mucho que eso le molestaba) e intentar meterse en su cama para hacer la cucharita. El plan fue urdido por Anita, a quien no le costaba nada convencer a ese compañero para ejecutar el plan. Planificaba el hostigamiento de terceros a la misma compañera de siempre y luego disimulaba de manera inmejorable. Anita ha sido experta en dar una buena cara. Parecía el doctor Henry Jekyll, pero antes o después pudimos comprobar que era mr. Hyde.

Carlos: es su momento para la redención

Daguerrotipo Carlos Lozano

La épica de redención daría una pátina de interés a una final desactivada por el forzado armisticio que Carlos Lozano propuso ayer. Con el triunfo conseguiría acceder al olimpo de ganadores de Gran Hermano, en su edición de parejas de famosos, o conocidos. La expulsión de Cristina Piaget a diez días de la final allanó su camino hasta el maletín, aunque todavía debe pasar el último Rubicón. Su mayor riesgo no es irse de la boca y decir lo que piensa, como parece creer él. Más bien al contrario, lo que la audiencia nunca valida es callar para no equivocarse, o intentar maquillar la realidad. Por suerte, no fue este su comportamiento la mayor parte del tiempo.

Carlos Lozano ha sido el mismo que conocimos en su anterior paso por este formato, aunque algo más preocupado por errar. Eso le llevó a alguna contradicción y provocó que no defendiera siempre a Cristina como muchos esperaban de él. A pesar de lo cual, se agradece que la protegiera muchas veces, más de ella misma que frente a los demás. Fue presentado como “el monstruo televisivo”, lo cual sus enemigos en el concurso utilizaron en su contra sin darse cuenta de que no había sido idea suya. La verdad es que supo acercarse mucho a esa definición. Tras acabar Picasso un retrato a una dama de la alta sociedad le dijo el autor a la retratada: “Ahora, señora, a parecerse”. Pues bien, Carlos no ha debido hacer grandes esfuerzos en parecer un monstruo de la televisión y, más concretamente, del reality.

Su elegancia innata, mejorada en su paso por las pasarelas como modelo internacional, le proporciona un aire envidiado por sus rivales. De forma no pretendida, a su lado la mayoría se hacían pequeñitos, algunos insignificantes, incluso. Sumemos a esto su comprobada capacidad para leer bien el concurso y tendremos algo que se aproxima bastante al concursante perfecto. Carlos conoció pronto a la Anita real y no necesitó ver ningún vídeo para saber de qué pie cojeaban el resto de sus rivales. Se parece al Carlos de hace diez años en la falta de diplomacia, aunque le he visto más sensible esta vez. También más llorón, lo cual achaco a la edad. Quisieron convencernos The Cure de que los chicos no lloran (‘Boys don’t cry’) y pronto supimos que no era cierto. Carlos no dejará de ser la resistencia si esta noche se le resiste la redención, pero estaríamos cometiendo una injusticia mayúscula.

Sala de confesiones vacía

Moleskine del gato

Recordemos cómo estaban los porcentajes ciegos el domingo antes de salir Juan Pablo Vega: 58,1 %, 22,0 %, 11,9 % y 8,0 %. A pesar de la convicción de muchos (entre quienes me encuentro) de que solo Anita puede disputarle el premio a Carlos, otros creen que es Gloria quien se batirá en duelo con el presentador. Así que, ¡cuidado con Gloria! No despreciemos el discreto encanto de los finales inesperados.

Como hago siempre, quiero agradecer a todos los que han hecho posible este espacio de opinión. También quiero esta vez agradecer a las personas responsables de haber espantado el fantasma de la desaparición de este formato tras el traspiés anterior, regalándonos una de esas ediciones que hacen afición, algo que no sucedía desde hace tiempo. Solo por haber sabido elegir algunos de sus protagonistas, en especial Cristina Piaget, lo merecen todo.

Esta noche tenemos la fiesta final, pero no será la última. ¡Que gane el mejor!

[Todas las imágenes de este texto han sido capturadas por el autor]