Recetas sanas

Por qué no necesitas comenzar el año haciendo dieta (y qué hacer en su lugar)

No hacen falta dietas, sino aprender a comer bien
No hacen falta dietas, sino aprender a comer bien. (Getty)
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Con cada inicio de año solemos plantearnos nuevos propósitos. Uno de los más habituales es el de ponernos a dieta. Pero comenzar el año de este modo no es necesario y además puede ser contraproducente para la salud física y mental. En su lugar, conviene plantearse otras alternativas mucho más recomendables.

“Año nuevo, vida nueva”. Esto es al menos lo que se suele decir. Aunque quizá sería más acertado cambiar la frase por “año nuevo, dieta nueva”, ya que este es uno de los propósitos más habituales a comienzos de enero. Con ello tratamos de compensar los excesos de las fiestas navideñas y conseguir diferentes objetivos, como bajar de peso o mejorar nuestra alimentación. Pero no suele ser una buena idea.

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El problema de empezar el año a dieta

Por lo general, las dietas tradicionales se basan en reglas muy rígidas y que no tienen mucho fundamento, como pesar las cantidades de comida que ingerimos, contar obsesivamente las calorías, excluir o demonizar ciertos alimentos, atribuir beneficios milagrosos a otros, etc.

Esto hace que esas dietas sean difíciles de seguir, no solo por resultar complicadas, sino también porque nos hacen sufrir. Así que al final acabamos abandonándolas y sentimos frustración y culpa.

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Además, cuando nos planteamos una dieta es habitual que persigamos objetivos poco recomendables, centrados exclusivamente en la pérdida de peso o en el intento de “compensar” de algún modo esos “excesos” del pasado. Esto refuerza aún más esos sentimientos negativos de frustración y culpa que mencionamos anteriormente.

La salud no comienza el uno de enero

Otro problema asociado a las dietas de principios de año consiste en pensar que la salud funciona por fechas. Así, muchas veces interpretamos, por ejemplo, que nuestro cuerpo “se arruina” durante las fechas navideñas debido a los excesos y que por tanto necesita una especie de “castigo” en enero, para “detoxificarse” y “purificarse” a base de sacrificios, dietas y ejercicios extenuantes.

Pero en realidad no funciona así. La salud se construye con hábitos cotidianos, no con decisiones extremas tomadas de forma periódica. Así, en lugar de seguir una dieta restrictiva, lo ideal sería enfocarse en adquirir hábitos saludables y realistas, que podamos mantener a lo largo del tiempo, como los que señalamos a continuación:

Sumar hábitos, no restar alimentos

En estas fechas es habitual seguir dietas muy restrictivas, como la dieta de la piña, que se basa en consumir prácticamente nada más que esta fruta durante varios días. Como ya hemos mencionado, este tipo de dietas no funcionan y además pueden ser peligrosas para la salud física y mental. En lugar de eliminar alimentos, es preferible incorporar hábitos deseables; por ejemplo, tratar de comer más frutas y verduras, sustituir los refrescos o las bebidas alcohólicas por agua, reducir el consumo de sal y de azúcar, etc.

Mejorar nuestra relación con la comida

Para mejorar nuestra relación con la comida es fundamental tener en cuenta algunas consideraciones importantes, como las siguientes: erradicar el sentimiento de culpa, evitar los comportamientos compensatorios (por ejemplo, no hacer eso de “como he comido un donut, ahora me tengo que machacar en el gimnasio”), no clasificar los alimentos en “buenos” y “malos”, tratar de disfrutar con la comida, escuchar las señales de hambre y saciedad que nos envía nuestro cuerpo, intentar comer sin prisas y, en definitiva, tratar de relacionarnos con la comida con naturalidad, sin culpas ni obsesiones.

Priorizar la salud física y mental

A menudo la presión social nos lleva a centrarnos en nuestro aspecto físico y nuestro peso. Esto nos lleva por un mal camino que puede hacernos desarrollar trastornos de la conducta alimentaria y otros problemas psicológicos. Por eso es fundamental priorizar nuestra salud y nuestras emociones: intentar dormir bien, realizar actividad física, seguir una dieta adecuada, tratar de mantener un bienestar emocional, etc.

Realizar actividad física, pero no a cualquier precio

Es importante realizar actividad física, pero el ejercicio no debe ser “un castigo” para tratar de compensar nuestros “excesos”. Se trata de adquirir hábitos saludables que podamos mantener en el tiempo. Para ello deben estar adaptados a nuestros gustos, necesidades y capacidades. Por ejemplo, podemos ir a clases de baile, subir por las escaleras en lugar de utilizar el ascensor, montar en bici o practicar deportes que nos gusten.

Sin dietas, pero con nuevos propósitos

En definitiva, no se trata de plantearnos una nueva dieta “milagrosa” para comenzar el año. Lo ideal sería intentar construir nuevos hábitos que nos permitan sentirnos mejor. Esto no significa que mejorar la composición corporal o perder peso por motivos de salud sea algo negativo, sino que el enfoque y los medios son clave.

Lo importante no es que nos salga perfecto, sino que podamos llevarlo a cabo. Así, poco a poco, podremos ir ganando salud y bienestar, tanto en el plano físico, como en el psicológico. Conviene tener en cuenta además, que quizá necesitemos ayuda profesional para lograrlo. En ese caso, podemos acudir a un dietista-nutricionista, que es el profesional de referencia para estos casos.