Alimentación

¿Los alimentos 'para niños' son peores que el resto?

Qué hay tras los alimentos 'para niños'. Getty Images
  • En principio podríamos pensar que los alimentos “para niños” tienen una mejor composición nutricional que el resto, dado que están dirigidos específicamente a la población infantil

  • ¿Niños y adultos deben comer igual?

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Si nos damos una vuelta por cualquier supermercado podremos ver un montón de alimentos que están dirigidos específicamente a niños. Se distinguen bien porque suelen tener envases con reclamos llamativos: colores vistosos, personajes infantiles, imágenes de niños, promociones y mensajes como “formulado para los más pequeños” y otros relacionados con la salud, como “rico en calcio” o “huesos más fuertes”.  

Muchas personas los compran para sus hijos o sus nietos, pensando que son mejores o que son necesarios en su dieta, pero la realidad suele ser diferente.  

No suelen ser mejores, sino peores

Lo primero que hay que tener en cuenta es que no existe una regulación general que exija que los productos “para niños” tengan una composición nutricional mejor que el resto y adaptada a ese grupo de población.  

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Algunas empresas sí lo hacen con sus productos, pero por iniciativa propia y de forma voluntaria. Por ejemplo, algunos helados para niños contienen menos cantidad de grasas, azúcar y calorías que los destinados a adultos, y además su tamaño también suele ser más pequeño.  

Pero no siempre sucede eso. De hecho, no es lo habitual. Muchos productos destinados a niños se caracterizan precisamente por tener un elevado contenido de azúcar. Así las empresas consiguen que sus productos gusten más. Además, los niños se habitúan a esos sabores intensamente dulces, lo que influye en sus elecciones, de manera que prefieren seguir consumiendo esos productos en lugar de elegir otros con menos intensidad de sabor dulce, como una lechuga o un repollo.

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No son necesarios

Muchas personas también compran estos productos para sus hijos porque piensan que son necesarios en su dieta. La idea que transmiten es que están especialmente diseñados para cubrir las necesidades de nutrientes en esa etapa de la vida, como calcio, vitamina D o hierro. 

Pero lo cierto es que los niños no necesitan alimentos especiales. De hecho, se recomienda que su dieta esté constituida por alimentos normales y corrientes, con un perfil nutricional interesante. Es decir, los mismos que deben formar parte también de la dieta de una persona adulta: frutas, verduras, hortalizas, legumbres, huevos, pescado, etc. En definitiva, alimentos frescos o poco procesados, principalmente de origen vegetal.  

Una cuestión de marketing

En la gran mayoría de los casos, esos productos destinados a niños utilizan diferentes estrategias de mercadotecnia para transmitirnos esas ideas: que son necesarios para ellos y que tienen una mejor composición.  

Una de ellas consiste en añadir determinados nutrientes para poder incluir mensajes relacionados con la nutrición o con la salud. Por ejemplo, si se añaden cantidades significativas de vitamina D o hierro a unas galletas, se pueden incluir mensajes como “ayuda al buen funcionamiento del sistema inmunitario” o “contiene el 50% de hierro de la ingesta diaria de referencia”. Ahora bien, eso no va a hacer que esas galletas sean saludables porque están compuestas por ingredientes con escaso interés nutricional: harina refinada, azúcar y grasas.  

Así, lo recomendable es obtener esos nutrientes interesantes, como la vitamina D o el hierro, a partir de alimentos saludables, que deberían formar parte de la dieta habitual; por ejemplo, leche, huevos, legumbres, etc.  

Avales científicos

Otra estrategia muy extendida hace años, aunque ahora un poco en desuso, consiste en establecer acuerdos con organismos relacionados con la salud, como asociaciones de nutrición o de pediatría, para así incluir sus logotipos en los envases de los productos. De ese modo se da a entender que esos alimentos son saludables, que tienen una composición nutricional adaptada a los niños y que son necesarios para este grupo de población.  

En definitiva… 

Los alimentos “para niños” no son necesariamente peores por definición, pero en muchos casos presentan un perfil nutricional menos saludable que alternativas sencillas y poco procesadas. 

La mejor estrategia no pasa por buscar productos con etiquetas infantiles, sino por ofrecer una alimentación basada en alimentos frescos o mínimamente procesados. Los niños no necesitan versiones especiales de los alimentos, sino simplemente adaptar la dieta a sus gustos y necesidades.