Langostino café, la especie invasora del Ebro y que puede acabar en tu plato: cómo reconocerlo

Este crustáceo ha proliferado en los últimos años y cada vez se está capturando más
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Puede parecer un langostino común, aunque a diferencia del ‘tradicional’ tenga un tono algo más apagado o pardo. Quizá por eso a simple vista cuesta identificarlo. Pero la realidad es que, aunque cada vez hay más en el Mediterráneo -y está convirtiendo el Delta del Ebro en su hábitat- no es una especie de la zona, sino invasora que, a priori, parece que ha venido para quedarse. Se trata del llamado langostino café (Penaeus aztecus) y ya está tan asentado en España que su captura cada vez es mayor… y sí, como es comestible puede llegar hasta los mercados o restaurantes y casi sin que lo sepas.
Lo primero que hay que dejar claro es que es un crustáceo con un color algo más marrón que el langostino común (de ahí que le añadan a su nombre lo de “café). Y aunque es oriundo de la zona de la costa este de Estados Unidos y del Golfo de México, la primera vez que apareció en aguas del Mediterráneo lo hizo hace ya 17 años. Fue concretamente en Turquía y no por ‘voluntad propia’. Y es que según varios estudios, aunque no haya nada confirmado al 100%, habría sido el factor humano el que habría propiciado que este crustáceo saltase el charco y comenzase a asentarse en aguas del Mediterráneo. ¿Cómo? A través de grandes buques y embarcaciones que, eso sí, lo habrían transportado de forma involuntaria.
De cruzar el charco al Ebro
El caso es que con el paso de los años, desde ese primer ejemplar en aguas turcas en 2009, la proliferación ha ido aumentándose. Tanto, que de encontrar un par de ejemplares por jornada en cada embarcación, en la actualidad la cifra ha llegado a alcanzar los 40 kilos en un solo día, un síntoma de que no solo sobrevive, sino que ha hecho también de esta zona su hábitat hasta el punto de haberse extendido hasta el Delta del Ebro. Porque sí, en este caso, investigadores (y pescadores) han logrado certificar que el langostino café se reproduce y completa su ciclo vital en esta zona, algo que a nivel medioambiental también puede tener su impacto.
Y es que aquí hay que dejar claro que el Delta del Ebro está considerado como un ecosistema vulnerable, cuyas especies podrían verse alteradas por tener un nuevo competidor. Algo que puede modificar la cadena trófica -qué especie se come a cuál- o el control del langostino, ya que cuando cualquier especie invasora se instala, erradicarla sin que se vea afectado el resto del ecosistema es bastante complejo.
Del Ebro, al plato
Si ya hemos mencionado las consecuencias o repercusiones ecológicas que puede provocar, no podemos olvidarnos en este caso de las gastronómicas. Porque sí, la realidad es que la carne del langostino café es comestible y una nueva oportunidad para el sector pesquero, ese que ha tenido que ir adaptándose a las modificaciones por el cambio climático y las distintas variables del mercado mediterráneo.
La cuestión es que a día de hoy no hay ningún tipo de prohibición específica sobre la captura de este crustáceo invasor, por lo tanto es posible que pueda llegar a los mercados, pescaderías o restaurantes y además sin que tampoco se destaque su origen como tal. Por tanto, no es descartable que, visto como una nueva oportunidad de explotación, cada vez se estén dando más pescas de este crustáceo conocido como langostino café y que estas estén llegando a los expositores de los mercados y, por ende, también a tu paladar sin que, al menos hasta ahora que quizá ya sí lo puedas identificar, lo hubieras sabido.
