Bienestar

Dos alimentos que están “destrozando tu salud”, según un cardiólogo

Una mesa de platos griegos
Imagen de harina.. Pexels
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Hay alimentos que consumimos prácticamente a diario y que, a simple vista, no generan ninguna alarma. De hecho, para nosotros son tan habituales en nuestra rutina alimenticia (están en el desayuno, en la comida o en la cena) que hasta forman parte de lo que entendemos como una dieta “normal”. Sin embargo, según advierte el cardiólogo Aurelio Rojas, dos de esos ingredientes habituales podrían estar detrás de muchos de los problemas de salud actuales.

Eso sí, lo primero que hay que dejar claro es que su advertencia no pasa por prohibirlos de forma radical, sino por entender qué ocurre en el organismo cuando se consumen con frecuencia. Porque, como él mismo resume, “no es que no puedas comerlos nunca”, pero sí conviene saber qué papel juegan en la dieta. Es decir, la clave está en el equilibrio.

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En el punto de mira

El especialista señala directamente a dos grandes protagonistas de la alimentación moderna: el azúcar añadido y las harinas refinadas. Ambos están presentes en una enorme cantidad de productos cotidianos, desde el pan blanco hasta la bollería industrial, pasando por refrescos, salsas o platos preparados.

El problema, según explica, es que estos ingredientes provocan subidas rápidas de glucosa en sangre. Esto es algo que obliga al organismo a responder liberando grandes cantidades de insulina, una hormona clave para regular el azúcar. A corto plazo puede no notarse, pero cuando se repite en el tiempo... genera un desequilibrio metabólico.

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Qué ocurre y por qué

La clave está en la resistencia a la insulina. Es decir, llega un punto en el que el cuerpo deja de responder correctamente a esta hormona, lo que obliga a producir aún más para compensar. Según explica Aurelio Rojas, este proceso no solo afecta al peso o a la energía diaria, sino que tiene implicaciones más profundas. Está relacionado con la inflamación crónica y con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2. Además, este deterioro metabólico es progresivo y muchas veces pasa desapercibido durante años, lo que dificulta detectarlo a tiempo.

Una de las razones por las que estos alimentos están tan presentes es su facilidad de consumo y su capacidad para resultar atractivos. El azúcar y las harinas refinadas forman parte de productos diseñados para ser rápidos, baratos y agradables a la hora de degustarlos. Esto hace que aparezcan incluso en alimentos que no identificamos como poco saludables. Desde el pan diario hasta productos “light”, donde muchas veces el azúcar añadido compensa la falta de sabor.

Además, generan picos de energía rápidos seguidos de bajadas, lo que favorece volver a consumirlos. Ese patrón crea un círculo en el que el cuerpo pide más sin llegar a sentirse saciado.

¿Hay que eliminarlos por completo?

El propio Aurelio Rojas insiste en que no se trata de demonizar alimentos. El problema no está en un consumo puntual, sino en la repetición constante. Es decir, no pasa nada por comerlos de forma ocasional, pero cuando se convierten en la base de la dieta, el riesgo aumenta. Por eso, la recomendación pasa por reducir su presencia y ser consciente de su consumo.

Más allá de señalar alimentos concretos, el mensaje es claro: lo importante es el conjunto de la dieta. Reducir el azúcar añadido y las harinas refinadas no implica renunciar al placer de comer, sino cambiar hábitos. Apostar por alimentos frescos y menos procesados ayuda a estabilizar la energía y a mejorar la salud a largo plazo. En definitiva, no se trata de eliminar, sino de entender. Porque, como advierte el especialista, el problema no es lo que comes un día, sino lo que repites todos los días.