Una sommelier de carne analiza cómo Iñigo Onieva hizo su chuletón Tomahawk en la barbacoa: ¿lo ha abrasado?

Analizamos con Elisabeth G. Iborra, sommelier de carnes, la forma en que Iñigo Onieva cocinó su chuletón de Tomahawk en la barbacoa de casa
¿Es saludable la carne a la parrilla?
Iñigo Onieva y Tamara Falcó disfrutaron hace muy poco de una barbacoa familiar en la que el empresario casado con la hija de Isabel Preysler ejerció de parrillero y presumió en sus redes sociales del chuletón de Tomahawk, de unos 100 euros, que preparó él mismo para su mujer y sus cuñados.
Agarraba el hueso con la mano y lo pasaba por el fuego, disfrutando de cada segundo de la experiencia solo apta para los carnívoros y amantes de las tendencias gastronómicas. Porque sí, el Tomahawk está de moda y ya no falta en los menús de los restaurantes especializados como una de los preferidos para compartir, pero también se ha colado en las barbacoas de los amantes de las carnes premium.
Para acercarnos a él y saborearlo como merece, Gastro ha entrevistado a Elisabeth G. Iborra, sommelier de carnes y periodista especializada en vinos. “Es una pieza que impone, la mires por donde la mires. El peso suele rondar el kilo o 1,600, aunque puede superar eso dependiendo del animal”, nos cuenta.
Iñigo Onieva, como la propia Tamara, es todo un 'foodie' que habitualmente comparte imágenes de los platos que prueba en los mejores restaurantes del mundo. Y sí, a menudo son fotos de deliciosas y exclusivas carnes. Pero ahora él se ha puesto el delantal para preparar un Tomahawk de ensueño y en la comodidad del hogar.
Qué es y de dónde viene
¿Cuál es su origen y cómo se ha ido popularizando tanto en nuestro país? “Es un corte inventado por los norteamericanos, nacido del marketing más que de la tradición carnicera, de hecho. Si te compras el cowboy steak, es exactamente lo mismo, sin el hueso, pero pagas la mitad porque no está de moda. En España se popularizó a través de las redes sociales: es el corte perfecto para Instagram, si no lo abrasas, claro”, asegura la sommelier.

El Tomahawk, tal y como nos explica, se trata de un ribeye que proviene del lomo alto de la res, entre las costillas 6ª y 12ª del animal. Lo que distingue al Tomahawk de un chuletón convencional es puramente estético y lo más llamativo: su hueso. “Aquí se deja intacto en toda su longitud —entre 25 y 30 centímetros— mediante la técnica del 'frenching', que consiste en limpiar el hueso de carne y grasa para que luzca como el mango de un hacha. De ahí el nombre [hacha indígena norteamericana]”.
Onieva, que es uno de los socios del restaurante Casa Salesas y de Vega Members Club, en opinión de la experta, no estaba cocinando bien su Tomahawk. “No sé si por desconocimiento o por influencias estadounidenses, en vez de hacer la costra de la reacción de Maillard, está abrasando la superficie, pero apuesto a que se quedó frío el interior. El calor viaja desde la superficie hacia el núcleo y necesita tiempo y temperatura controlada para hacerlo bien. Además, el hueso de 25 cm hace que la pieza sea asimétrica: si no gestionas el calor indirecto primero, el mango del hacha que tanto luce en las fotos actúa como disipador térmico y te descuadra toda la cocción”, apunta Elisabeth.

Si quieres hacer bien el Tomahawk
Paso a paso para cocinar el Tomahawk correctamente según la Asociación Española de Asadores y Parrilleros, de la que Elisabeth es consejera internacional.
- Atemperar. Sácalo de la nevera al menos 1 hora antes. “Una pieza fría directa al fuego es garantía de shock térmico”.
- Sazonar justo antes. “Sal gorda generosa por ambos lados 10 minutos antes. Sin marinadas, sin adobos. El Tomahawk de alimentación a pasto tiene carácter propio y no necesita disfraces”.
- Sellado a fuego vivo a brasas fuertes bien candentes. “7 minutos por cada cara para construir esa costra caramelizada. Es aquí donde se generan las pirazinas tostadas que luego van a determinar el maridaje”, apunta.
- Reposo obligatorio. Es importante respetar los 2 minutos antes de trinchar. “Sin taparlo, porque el vapor ablanda la corteza. El punto se sigue haciendo solo durante el reposo. Retíralo siempre unos grados antes de tu objetivo. Se recomienda en torno a 54ºC”.
La brasa con carbón de calidad o leña es el hábitat natural del Tomahawk. “Los hornos de brasa tipo Josper, que alcanzan hasta 500 °C aunque la temperatura recomendada de braseado ronda los 300-350 °C, también son una opción excelente. Y funciona muy bien en kamado, por sus toques ahumados, pero jamás meterlo a llama viva porque se carboniza”, añade. No queda igual cualquier carbón. Si quieres disfrutar bien del Tomahawk, utiliza carbón de encina en trozos grandes, no descompuestos, para que el poder calorífico sea más mantenido.
Vino y acompañamientos
Si hay que elegir un vino para maridar con el Tomahawk… “Las pirazinas son las responsables del aroma tostado y ahumado característico de la parrilla. Estas mismas moléculas están presentes en vinos con crianza en roble, donde el tostado de la barrica aporta vainilla, café, chocolate negro y notas ahumadas que dialogan directamente con las de la carne”, nos cuenta Elisabeth.
Y nos recuerda la regla de François Chartier, que considera “inapelable” al indicar que cuanto más potente la carne, más potente el vino. “Un Tomahawk a la brasa pide músculo enológico, nada de vinos ligeritos”, añade.
Ya tenemos el vino elegido; ahora, ¿con qué acompañaremos esa deliciosa carne? La experta nos dice que nada de patatas fritas. “La carne la acompaño con aguacate y con tomate. Pero con unos piquillos bien caramelizados, al modo vasco, es fantástico. Básicamente, acompañar la carne con vegetales es el truco perfecto para que la digestión no sea un calvario y para no pasarte de la raya con las calorías”, nos dice.

¿Para todos los bolsillos?
Iñigo Onieva mostró la pieza con el envoltorio y descubrimos dónde compra el Tomahawk y su precio, que ronda los 97€. 2 kilos de lomo alto de vaca madurada de selección europea, presentado con hueso y envasado al vacío.
¿Merece la pena esa cantidad? “Si la carne es buena, de pasto y madurada seguramente, y teniendo en cuenta el peso, 97 euros no me parece nada caro. Tenemos que valorar el trabajo que hay en toda la cadena para poder llevarnos eso a la boca”.
