Protocolo en la mesa con Inés Ortega: "Es muy divertido sentar juntos a artistas y CEOs”

La heredera de Simone Ortega, que ha publicado más de 40 libros en los últimos 40 años, acaba de publicar ‘Protocolo en la mesa’ (Alianza, 2026), donde, además de infinidad de recomendaciones para recibir, se incluyen 160 recetas imperdibles
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Siempre es buen momento para sentarse a la mesa con Inés Ortega, porque siempre se aprende algo nuevo de ella, pero apetece aún más cuando uno acaba de devorar el flamante ‘Protocolo en la mesa’. En su nuevo libro, la madrileña se ha propuesto resolver esas dudas que le han planteado sus conocidos o amistades en multitud de ocasiones y que tienen que ver con el noble arte de recibir: dónde ubicar a los invitados en una mesa, cómo colocar los cubiertos, qué hacer para crear un ambiente acogedor… Es decir, esas normas básicas que empiezan en el momento de la invitación y que culminan con esa despedida que muchas veces viene seguida de un enorme suspiro.
Ojalá no sea su último libro, aunque la hija de Simone Ortega Klein y José Ortega Spottorno parece tener bastante claro que ya ha llegado el momento de disfrutar de un más que merecido descanso. Después de más de 40 años enseñando a cocinar a españoles de todas las edades, y más de 40 libros después de su debut, la nieta de Ortega y Gasset se despide de sus lectores con una obra –también se incluyen 160 recetas para recibir con elegancia– que reivindica la cortesía, cada vez más en desuso.
¿Por qué un libro centrado en el protocolo?
He elegido esta temática porque muchísima gente me pregunta. Cuando van a recibir a alguien en casa no saben cómo tienen que poner la mesa, dónde colocar los vasos… Hay gente que todavía no sabe lo que tiene que hacer si invita a su jefe o si tiene una comida familiar importante. A lo largo de estos años me han hecho muchas preguntas y así fue como surgió la idea de escribir este libro. Me di cuenta de que la gente necesitaba aclararse con estos temas.

Temas que tú aprendiste en su momento porque es lo que viste en casa desde muy pequeña.
Exactamente. Yo no he ido a ninguna escuela de protocolo ni nada parecido. He terminado haciendo lo que he visto en casa, lo que hacía mi madre, viendo cómo organizaba ella las cosas. Lo aprendí todo de ella, que recibía mucho porque mi padre fue el presidente de los editores de España, y esto implicaba que viniera a casa mucha gente extranjera. Gracias a eso también aprendí las diferentes costumbres de otros países. Por ejemplo, en algunos hay que llegar muy puntual, porque si no se ofenden muchísimo. Y en otros, al revés, si llegas muy puntual, eres un maleducado porque te esperan diez minutos más tarde. A todo esto le dedico un capítulo en el libro.
¿Y cuál es la pregunta que más veces se repite en torno al tema del protocolo?
Generalmente, lo que más confusión provoca es dónde ubicar a los invitados, y también cómo colocar los cubiertos en la mesa. Es importante que la gente entienda que todo tiene un sentido y una explicación, no son normas que haya que seguir porque sí. Sin embargo, en estos tiempos modernos, son muchos, a excepción de los que reciben bien, los que han decidido prescindir de cubiertos que para mí son esenciales. Por ejemplo, la pala de pescado, ya es muy raro que te la pongan, ni siquiera en un buen restaurante. Son cosas que yo no entiendo.
¿Y qué más no entiendes de la vida moderna? Esto me interesa mucho.
Pues, mira, el otro día fui con un amigo de mi quinta a un restaurante. Y no termino de ver que el camarero les diga a dos personas de setenta y tantos años: “Bueno, chicos, que lo paséis bien”. Son cosas que a mí me siguen chocando un poco. Comprendo que lo hacen con toda su buena intención y que, a lo mejor, quieren que te sientas joven, pero es que a mí eso no me hace sentirme más joven. Yo estoy encantada con mi edad y me parece estupendo, porque ya he vivido lo que tenía que vivir. Y lo que me queda, espero vivirlo bien (risas).
Más allá de lo meramente visual, hay otras muchas cosas a tener en cuenta en toda buena recepción. ¿Hay temas de conversación que no deberían sacarse jamás en una mesa?
Yo creo que depende de los invitados que tengas... Pero, en general, hay temas, como por ejemplo, la política, que es mejor evitar. Sobre todo en estos tiempos tan tensos. Y si lo haces, porque no te queda otra, lo suyo es que sea de una forma ligera, que no cree una tensión entre unos invitados y otros que puedan ser de diferente forma de pensar. Luego hay temas a tener en cuenta dependiendo del país de origen de los comensales. Por ejemplo, en Inglaterra está muy mal visto que se traten en la mesa asuntos personales. Yo recuerdo que una vez, cuando mi hermano Andrés estaba de corresponsal allí, ocurrió que un profesor suyo llevó a su novia a una cena en la que había buenos vinos de nuestro país, que, por cierto, muchos no tienen nada que envidiar a otros franceses o de otras partes. Y resultó que esta mujer bebió un poco más de la cuenta, hasta el punto que llegué a ver cómo daba con la cabeza en el plato. Pensé que le había pasado algo, que se encontraba mal, incluso que se había desmayado… Y al ver que nadie alrededor se movía, que todo el mundo seguía hablando como si nada, le comenté a mi hermano que igual teníamos que llamar a un médico o algo. Acto seguido, el novio se levantó, pidió un taxi y se fueron corriendo. Y recuerdo que me echaron todos la bronca. Me decían que eso no se podía hacer, que hay que seguir como si nada porque es de muy mala educación. La verdad es que fue una anécdota que me chocó tanto que también decidí incluirla en el libro.

El tema de las presidencias me ha gustado mucho cómo lo explicas, y las ilustraciones son geniales.
Sí, es algo que también varía en función de los países. Y hemos incluido esos dibujos para que la gente se aclare en función de a quien vaya a recibir. En España utilizamos más la presidencia francesa, es la más habitual. Si tienes invitados ingleses, o de donde sea, lo más probable es que quieras utilizar otro tipo de presidencia. Por eso he explicado cómo los tienes que sentar.
También me ha llamado mucho la atención la portada, que se desmarca bastante del resto de los que has venido publicando todo este tiempo.
La verdad es que para este libro me ofrecieron varias opciones de portadas. Y en función de eso, yo dije más o menos lo que me gustaba, y creo que acertamos. Y sí, es muy diferente a las de los otros libros, y eso que son todas de un diseñador que ganó muchos premios. Pero siempre me parecieron portadas un poco frías, y es algo que siempre discutía con Alianza (risas). Me apetecía hacer algo más cálido, en la línea de lo que hemos hecho con la reedición del ‘1080 recetas de cocina’, en esta ocasión ilustrada por Pablo Sobish. Creo que es, como dicen ahora, más cuqui (risas). Además, hemos incluido un código QR en la contraportada para el que quiera ver una película sobre mi madre en la que hablan de ella Arzak y otros grandes chefs.
¿Cómo has elegido las 160 recetas para recibir que se incluyen en este nuevo libro?
Pues para esto también me he basado un poco en esas preguntas que me suelen hacer mis amigas, ya que muchas me suelen decir que no saben qué poner, cómo prepararlo, etc. Pero, claro, la editorial tampoco querían algo súper voluminoso, así que tampoco podía extenderme muchísimo. Por eso lo que he hecho es seleccionar diferentes tipos de recetas en función del tipo de invitado que vayas a recibir. Tanto para las comidas como para las cenas, tendrás recetas más formales y otras más informales. Al final no dejan de ser ideas que tú luego puedes adaptar a tus necesidades. Lo que no puedes hacer, por ejemplo, es poner dos platos a base de carne o de pescado. Aunque estén preparados de diferente manera.
¿Hay algún momento del año donde suelas recibir más invitados de lo normal? ¿En Navidad quizás?
No, yo recibo principalmente a amigos y en otras épocas del año. Y lo que procuro hacer desde hace un tiempo es mezclar a gente porque he descubierto que es muy divertido. Por ejemplo, yo conozco muchos a artistas, sobre todo pintores o escultores, y me he dado cuenta de que se divierten muchísimo cuando les presentas, por ejemplo, a CEOs de grandes empresas. Porque se mezclan temas de conversación y esto es algo que enriquece a unos y a otros. Y lo que suelo hacer en estas comidas, a las que también suelen venir muchos escritores, es proponer más un plan de picar, porque ahora además vivo en una casa más pequeña, y no me apetece tanto esa propuesta más protocolaria. Lo que no quita que todo esté bien iluminado, con sus flores, buenas bebidas, etc. Siempre lo pasamos muy bien.
¿Hay algo sobre lo que te hubiera gustado escribir y no lo hayas hecho nunca?
Pues me hubiera encantado escribir un libro de cuentos. Porque, aunque he escrito algunos cuentos y algunos se publicaron hace muchos años en una revista, nunca he lanzado un libro como tal. Lo que sí hago es escribirlos para mis nietos. Escribo sobre cosas que hacen y eso me divierte mucho. Pero no quiero competir con gente que escribe bien porque ya hay cuentos maravillosos. Por ejemplo, Alicia Ríos recopiló unos que se llamaban 'Cuentos rellenos', que eran de cosas de cocina y me parecieron muy entretenidos. Pero yo ya escribo para mí, y también hago poemas. Por ejemplo, cuando me aburro escribiendo una receta, pues escribo la receta en formato poesía. Lo hago por diversión y se lo mando a mis amigos, pero no los publicaría nunca porque son tonterías (risas).
¿Hay algo de lo que no hayamos hablado y te apetezca que comentemos?
Pues me gustaría insistir en la buena educación. Por ejemplo, lo de tener el móvil encima de la mesa, pues no lo veo. La verdad es que me parece súper maleducado. Creo que se están perdiendo muchas conversaciones entre padres e hijos. Yo, por ejemplo, cuando viene mi hijo con los niños, he prohibido terminantemente el móvil en la mesa. Todo se puede resolver un poquito más tarde, no hace falta estar preguntando constantemente a la IA todo lo que se nos pasa por la cabeza. Mucho mejor dedicarse a charlar, a preguntar cómo está la familia… Y otra cosa que no me gusta: abusar de los anglicismos. Conozco perfectamente el significado de términos como brunch o sitting, pero prefiero utilizar el vocabulario riquísimo y maravilloso que tenemos en el castellano, el euskera o el idioma de referencia de cada uno. Si te fijas, la gente joven está todo el rato en redes sociales usando frases o conceptos en inglés.
