Tres señales de que no debes comer ese tupper que te has llevado a la playa o la piscina

Es importante ser conscientes de que aunque un alimento presente buen aspecto, olor y sabor no está necesariamente en buen estado
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El verano es la época del año en la que se registran más casos de intoxicaciones alimentarias. Esto se explica porque las altas temperaturas favorecen el desarrollo de bacterias patógenas. Así que debemos tener especial cuidado con la comida, sobre todo cuando nos encontramos en lugares donde hace mucho calor, como la playa o la piscina.
Por suerte, podemos adoptar una serie de sencillas medidas que nos ayudarán a prevenir esas intoxicaciones.
Nuestros sentidos pueden darnos una pista
Lo primero que solemos hacer para comprobar si un alimento está en buen estado es utilizar nuestros sentidos, sobre todo, la vista, el olfato y el gusto. Primero lo miramos, para ver si tiene buen aspecto; después lo olemos, para comprobar que no huele mal y, por último, lo probamos para asegurarnos de que no tiene un sabor extraño.
Si todo está en orden, y consideramos que el alimento se encuentra en buenas condiciones, lo podemos comer sin problema. Pero es muy importante tener en cuenta que esta comprobación no es infalible.
Es cierto que algunas bacterias pueden alterar el aspecto, el olor o el sabor de los alimentos y que eso puede servirnos como pista para saber que está estropeado y no deberíamos comerlo. Pero que un alimento presente buen aspecto, olor y sabor no demuestra necesariamente que esté en buen estado. Y es que las bacterias patógenas más importantes y que son responsables de la mayoría de las intoxicaciones alimentarias, como Salmonella, Campylobacter, Listeria o Escherichia coli, no provocan alteraciones perceptibles en el alimento: no alteran su aspecto, su olor ni su sabor. Es decir, podríamos comernos, por ejemplo, una tortilla contaminada con Salmonella sin enterarnos.
Así que, como nuestros sentidos no son infalibles y las características organolépticas del alimento (aspecto, olor, sabor, textura, etc.) no siempre reflejan si es apto para el consumo o no, lo más prudente es tomar otras medidas.

Cuidado con la temperatura
Las bacterias patógenas se multiplican con facilidad cuando los alimentos permanecen entre 5 ºC y 60 ºC. Por eso este rango se conoce como “zona de peligro”. Por ello, es fundamental que la comida pase el menor tiempo posible entre esas temperaturas. Para eso no basta con dejar la comida a la sombra. Durante los meses de verano pueden alcanzarse fácilmente temperaturas de más de 25ºC o incluso más de 30ºC, a las que las bacterias pueden multiplicarse muy rápidamente.
Lo más recomendable es utilizar algún sistema para mantener la comida entre 0ºC y 4ºC; por ejemplo, una nevera eléctrica portátil o un depósito isotérmico con placas acumuladoras de frío.
Cuidado con el tiempo
Sobre la seguridad de los alimentos que llevamos a la playa o a la piscina no solo influye la temperatura. También es importante el tiempo que transcurre desde que preparamos la comida en casa o la sacamos del frigorífico, hasta que la comemos, sobre todo si la mantenemos en esa zona de peligro entre 5ºC y 60ºC.
Para hacernos una idea, una bacteria como Salmonella puede duplicar su número cada 15 minutos si las condiciones son favorables. Por ejemplo, imaginemos que en un primer momento hay 100 bacterias de Salmonella en el alimento. Esa cantidad quizá no sea suficiente para enfermarnos. Pero si dejamos la comida a la sombra, a una temperatura de 30ºC, al cabo de tan solo tres horas podría haber más de 400.000 bacterias, que es un número más que suficiente para causarnos una enfermedad.
¿En qué debemos fijarnos?
Considerando todo lo que acabamos de mencionar, las tres señales que pueden darnos una pista para saber si podemos comer el tupper o no son las siguientes:
- Características organolépticas: si el alimento tiene un aspecto, un olor o un sabor anómalos, lo mejor es no comerlo. Pero recordemos que no es una prueba infalible. Podría encontrarse en mal estado y presentar buenas características organolépticas, así que no existe ninguna característica visible que garantice que el alimento sea seguro. Lo mejor es prevenir. Esto nos lleva a las otras dos señales.
- Temperatura: deberíamos procurar que el alimento se encuentre siempre a temperaturas iguales o inferiores a 4ºC. Si ha perdido el frío y ha pasado mucho tiempo así, mejor no consumir.
- Tiempo: la comida debe permanecer el menor tiempo posible a temperaturas de entre 5ºC y 60ºC. Para hacernos una idea, se recomienda que no pase más de dos horas a temperatura ambiente o no más de una hora si la temperatura ambiental es de 30ºC o más. Así que si la comida ha pasado mucho tiempo fuera de refrigeración, lo más prudente es no consumirla.
Por último, también es importante procurar que los alimentos que llevamos a la playa o a la piscina no sean muy delicados, sobre todo si no podemos garantizar la cadena de frío. Por ejemplo, conviene evitar las preparaciones con huevo poco hecho, el salmón ahumado, el guacamole, el hummus, etc.
