Comer 'perfecto' también puede ser un problema

Muchas personas se esfuerzan en comer de forma 'perfecta' y podríamos pensar que es lo ideal pero, aunque no lo parezca, puede suponer un problema para nuestra salud
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En unas pocas décadas nuestra alimentación ha cambiado enormemente. A diferencia de lo que ocurría hace tan solo unos cuarenta años, hoy vivimos en un entorno sedentario donde abundan los alimentos ultraprocesados: refrescos, galletas, bollería y un largo etcétera. Estos tienen cada vez más presencia en nuestra dieta y eso está repercutiendo negativamente sobre la salud: han aumentado el sobrepeso y la obesidad, y la incidencia de enfermedades como diabetes tipo 2 o enfermedades cardiovasculares, que además aparecen a edades cada vez más tempranas.
Hasta hace unos años no éramos conscientes de estas cosas. Comíamos unas galletas o un dulce y no pensábamos en el azúcar, ni en las harinas, ni en el tipo de aceite… En definitiva, no pensábamos en que eso pudiera tener repercusiones negativas para la salud. Incluso a veces lo hacíamos creyendo que era beneficioso porque aportaban energía.
Pero ahora la situación es diferente porque contamos con más conocimiento, con mucha más información y con una mayor concienciación acerca del efecto negativo que puede tener para la salud el consumo habitual o excesivo de ese tipo de productos. Por eso muchas personas intentan evitarlos.
Cuidado con las redes sociales
Si nos preocupan la alimentación y la salud, es muy probable que sigamos en las redes sociales un buen número de perfiles dedicados a estos temas. Algunos nos dirán simplemente que tratemos de evitar los alimentos ultraprocesados en la medida de lo posible, que intentemos priorizar los alimentos frescos o poco procesados y que intentemos realizar actividad física de forma regular.
Pero otros irán mucho más allá y nos transmitirán mensajes más radicales, del tipo “el azúcar es veneno” o “el aceite de girasol te va a matar”, mientras nos transmiten la idea de que nuestro cuerpo es una especie de templo que debemos cuidar a toda costa, siendo muy estrictos con la comida y con el ejercicio físico.
En principio estos últimos perfiles parecen no tener nada malo porque teóricamente fomentan el seguimiento de unos buenos hábitos. Pero la realidad es diferente.
¿Qué tiene de malo?
El bombardeo de ese tipo de mensajes centrados ciegamente en “la salud” ha llevado a muchas personas a un comportamiento obsesivo. Siguen dietas muy estrictas, donde miden todo lo que comen, controlando cada uno de los alimentos y evitando a toda costa cualquiera que no consideren adecuado. Y mantienen ese comportamiento rígido cuando se trata de realizar actividad física.
Muchas además no ven qué puede tener eso de malo porque no hacen más que seguir “buenos” hábitos: dieta saludable y actividad física. Así que se reafirman en ese comportamiento.
El problema es que ese comportamiento obsesivo va asociado a muchas cuestiones que no son deseables; por ejemplo, un cambio radical de hábitos hasta el punto de no querer salir con amigos o familiares para evitar comer alimentos que se consideran “prohibidos”, sentimientos de culpa cuando se comete el “pecado” de comer esos alimentos “prohibidos”, carencias nutricionales debido al seguimiento de dietas muy restrictivas o que excluyen ciertos alimentos, etc.
En definitiva, un trastorno que se conoce como ortorexia y que se caracteriza por la obsesión patológica por comer saludable. Este puede tener graves consecuencias para la salud. No solo desde el punto de vista físico, sino también en el plano psicológico.
¿Qué hacemos entonces?
Es cierto que conviene reducir o evitar en la medida de lo posible el consumo de alimentos ultraprocesados y de otros que no tienen interés nutricional (refrescos, bollería, etc.). Y también es cierto que el consumo habitual o excesivo de estos productos o de algunos de sus ingredientes favorece el exceso de peso y el desarrollo de ciertas enfermedades (por ejemplo, azúcar, harinas refinadas, etc.). Pero eso no significa que sean tóxicos. Es decir, lo más probable es que comer un día puntual una palmera de chocolate, en el contexto de una vida saludable, no tenga ninguna repercusión sobre nuestro peso ni sobre nuestra salud.
Lo ideal sería priorizar el consumo de alimentos frescos o poco procesados, con naturalidad y sin obsesiones, disfrutando de lo que comemos. Y si un día puntual nos apetece comer algo que se salga de esas recomendaciones, lo disfrutamos y a otra cosa. Sin remordimientos, sin culpabilizarnos y sin tratar de aplicar medidas para compensarlo, como machacarnos en el gimnasio para “quemar” las calorías del donut.
En definitiva, no se trata de comer “perfecto”, sino de construir una relación sana con la comida que también tenga en cuenta nuestro bienestar emocional y social.
