Cuidado con las semillas de melocotones y albaricoques: comerlas puede ser peligroso

Algunas personas se comen esta semilla pensando que es inocua, pero puede ser peligroso porque pueden ser tóxicas
La mejor manera de pelar un melocotón
El verano es época de frutas de hueso, como melocotones, albaricoques, nectarinas, paraguayos… Todas ellas se parecen mucho porque vienen a ser “primas”: pertenecen al mismo género botánico (Prunus) y, de hecho, todas ellas (salvo el albaricoque) son variedades de la misma especie.
Una de las características que tienen en común es el hueso duro que contienen en su interior. A veces, cuando comemos o cortamos alguna de estas frutas, ese hueso se abre y deja ver la semilla, que tiene aspecto de almendra. Algunas personas la comen pensando que es inocua, pero se equivocan porque es tóxica y puede causar problemas de salud. Pero el problema va más allá porque existe la creencia de que se puede curar el cáncer consumiendo esas semillas o el compuesto tóxico que contienen, aunque esto no tiene fundamento y puede poner en riesgo la salud. A continuación lo contamos con detalle.
El problema de las semillas de melocotones y albaricoques
No es casualidad que la semilla de albaricoques y melocotones se parezca tanto a una almendra. Esta última también pertenece al mismo género (Prunus) y los tres árboles producen el mismo tipo de fruto: una drupa. De hecho, los frutos del almendro son muy parecidos a un melocotón cuando aún están verdes, ya que tienen una piel externa (con pelillo, igual que el melocotón), una parte carnosa y un hueso duro que protege la semilla. La diferencia es que, en la almendra se aprovecha la semilla del interior, mientras que la parte carnosa se seca y no se consume.
Existen almendras dulces y almendras amargas. Y algo parecido ocurre con las semillas de melocotón y albaricoque. Las del melocotón suelen ser amargas, mientras que las de albaricoque pueden ser amargas o dulces, según la variedad. El problema se encuentra en las semillas amargas, sean de almendra, melocotón o albaricoque, que adquieren ese sabor porque contienen amigdalina, un compuesto tóxico. Así que no deben consumirse.

¿Qué es la amigdalina?
No es raro que las plantas contengan sustancias tóxicas. De hecho, es habitual. Sobre todo porque es su principal mecanismo de defensa. A diferencia de lo que sucede con los animales, las plantas no pueden desplazarse ni tienen dientes o garras con los que defenderse de otros organismos, así que se protegen produciendo sustancias tóxicas para evitar que los animales se las coman.
Lo que ocurre es que desde que el ser humano desarrolló la agricultura, hace unos diez mil años, ha ido seleccionando e hibridando cultivos para lograr que sean mejores, más sabrosos, resistentes, productivos… y sin cantidades significativas de compuestos tóxicos.
A pesar de ello, hay excepciones, como puede ocurrir precisamente en melocotones y albaricoques. Las semillas de muchos de ellos pueden contener amigdalina, que es un precursor del cianuro. Si comemos esas semillas y las masticamos, la amigdalina se transforma en otros compuestos, como benzaldehído, que aporta el característico sabor amargo, y ácido cianhídrico, también conocido como cianuro.
La amigdalina no solo está presente en las semillas de melocotones y albaricoques. También podemos encontrarla en las de otras frutas, como las de manzana o las de pera, aunque en cantidades mucho menores, que no suponen un problema en un consumo normal.
El problema de comer semillas de albaricoque o melocotón
Como mencionamos antes, hay albaricoques que tienen semillas dulces, lo que significa que apenas contienen amigdalina, así que son aptas para el consumo. De hecho, se venden en algunos países para elaborar recetas tradicionales, como el persipán, que es una especie de mazapán pero más barato. Eso sí, la legislación establece límites máximos para el contenido de amigdalina, de modo que así se asegure su inocuidad.
Pero en el caso de las semillas amargas, la concentración de amigdalina es importante. Tanto, que una persona adulta puede sufrir una intoxicación con el consumo de solo tres semillas pequeñas, mientras que para un niño sería suficiente el consumo de una sola semilla. Los síntomas de la intoxicación pueden ser variados, pero normalmente comprenden náuseas, mareo, dolor de cabeza y de articulaciones, insomnio o nerviosismo.
