La cocina de la chef es funcional y está pensada para el uso y disfrute como un espacio abierto
La cocina abierta de Tamara Falcó: con encimera antibacteriana y referencia "al evangelio"
En el universo de la cocina, pocos nombres evocan tanto carácter, elegancia y pasión culinaria como el de Samantha Vallejo-Nágera. Más allá de los platós de televisión, existe un espacio íntimo donde su esencia cobra aún más sentido y desde nos hace participes a todos de sus extraordinarias recetas: su cocina. Un lugar que no solo sirve para cocinar, sino que actúa como escenario de vida, creatividad y encuentro.
La cocina de Samantha no es un espacio cualquiera. Es un reflejo de su manera de entender la gastronomía, cercana, generosa, sofisticada sin perder la calidez. Aquí, cada rincón tiene una función, pero también una historia. Desde la elección de los materiales hasta la distribución, todo responde a una filosofía muy clara, cocinar es compartir.
La importancia de la cocina en la vida de la chef va mucho más allá de lo profesional. Es el lugar donde la familia se reúne, donde surgen conversaciones espontáneas, donde los amigos se convierten en comensales y cómplices. Amplia, luminosa y cuidadosamente diseñada, la cocina de Samantha Vallejo Nágera, combina funcionalidad y estética con una naturalidad sorprendente. No busca impresionar desde la ostentación, sino desde el detalle bien pensado. Es una cocina vivida, utilizada, disfrutada. Y eso se nota.
Reformada en 2017
En 2017, Samantha decidió dar un paso más y transformar su cocina en un espacio aún más alineado con su estilo de vida. Para ello, confió en el saber hacer de Deulonder Arquitectura Domèstica, el prestigioso estudio fundado por Lluïsa Deulonder y Chone de la Sotilla en 1980.Especializadas en el diseño de cocinas y espacios funcionales del hogar, su enfoque encajaba perfectamente con lo que Samantha buscaba. Su lema, “cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa”, no solo resonaba con la chef, sino que parecía hecho a medida para su forma de entender el orden y la practicidad en la cocina.
El resultado fue una reforma que va mucho más allá de lo estético. Se trata de un proyecto completamente personalizado, donde cada elemento ha sido diseñado a medida. La clave fue lograr un equilibrio perfecto entre eficiencia, comodidad y belleza.El espacio se articula en torno a una estética campestre y señorial, donde los materiales naturales cobran protagonismo. Los suelos de madera aportan calidez y continuidad visual, mientras que las paredes blancas multiplican la luz y crean una sensación de amplitud serena y elegante.
La luminosidad es, sin duda, uno de los grandes aciertos de la reforma. La cocina se abre al resto de la casa, eliminando barreras físicas y visuales. La luz fluye, los espacios se conectan y la sensación es la de estar en un lugar vivo, dinámico y acogedor.
La despensa abierta
Uno de los elementos más distintivos de esta cocina es, sin duda, su despensa abierta. Lejos de ocultar los productos, Samantha apuesta por mostrarlos, convirtiéndolos en parte de la decoración.“Soy una apasionada de los productos gourmet, Lluïsa ideó una despensa abierta, acristalada, que permite lucir el etiquetaje de las diferentes marcas”. Así lo explicaba la propia Samantha en su blog, poniendo en valor una idea que combina estética y funcionalidad de manera brillante.
Esta despensa no es solo un lugar de almacenamiento. Es un escaparate cuidadosamente organizado donde cada producto tiene su lugar. Tarros, botellas, cajas… todo está dispuesto de forma que resulte práctico, pero también visualmente atractivo. Es, en cierto modo, una extensión de su personalidad culinaria. La transparencia del cristal permite ver el interior sin romper la armonía del conjunto.
Pero la innovación no se queda ahí. Samantha también necesitaba un espacio donde tener a mano todos sus pequeños electrodomésticos. La solución fue crear una encimera específica donde están perfectamente alineados, conectados y listos para usar en cualquier momento. Curiosamente, este espacio también se ha convertido en uno de los favoritos de Samantha para compartir contenido. La isla central, con los estantes de fondo, es el lugar elegido para muchas de sus fotografías. Un escenario perfecto donde estética y funcionalidad se encuentran.
El lugar donde todo sucede
En casa de Samantha, la cocina es el auténtico centro neurálgico. Es el espacio donde todo empieza y todo termina. Donde se cocina, sí, pero también donde se vive. La idea de una cocina abierta responde precisamente a ese deseo de compartir. Aquí no hay separación entre quien cocina y quien disfruta. Todos forman parte del proceso. Los invitados pueden participar, observar, conversar… sentirse parte de la experiencia.
Para reforzar esta idea, se diseñó una gran mesa adosada a la isla de trabajo. Un elemento clave que invita a sentarse, a quedarse, a disfrutar sin prisas. Los taburetes, cuidadosamente elegidos, aportan un toque informal pero elegante, perfecto para este tipo de espacio. Las paredes, por su parte, cuentan otra historia. Están decoradas con cuadros que Samantha ya tenía y que forman parte de su vida. No son piezas elegidas al azar, sino recuerdos, fragmentos de historia personal que aportan carácter y autenticidad.
Y luego está un detalle que no pasa desapercibido: las dos neveras. Una solución práctica para gestionar el volumen de alimentos que requiere una familia numerosa, pero que también habla de una cocina pensada para el uso real, no solo para la estética.

