Gisela Cruz, experta en galletas: "El tip de oro es no sobreamasarlas, porque el gluten se desarrolla y te quedan pochas"

Entrevistamos a Gisela Cruz, fundadora de Tartas Bastante Majas, por el lanzamiento de su libro 'Cookies sin dramas' y nos cuenta los secretos de sus galletas
La receta de cookies de chocolate a la que ni el Monstruo de las Galletas se resiste
Gisela Cruz es la fundadora de Tartas Bastante Majas, que además de ser un divertido, entretenido y delicioso perfil de Instagram con más de 225.000 seguidores, es un obrador ubicado en Sant Adrià de Besòs, Barcelona, desde el que se venden tartas y cookies a todo el que se acerca hasta su pequeña tienda y también hace envíos a toda España.
En su primer libro, 'Cookies sin dramas' (Espasa), Gisela publica más de 40 recetas explicadas paso a paso, con técnicas sencillas, sus trucos personales, soluciones prácticas a los fallos más comunes y consejos que funcionan en casa. Según ella, es el libro que le habría gustado a leer cuando empezaba en la pastelería. 'Gastro' ha tenido la oportunidad de entrevistarla para conocer su historia, conocer su universo de las galletas y cómo ha sido su experiencia como emprendedora en el mundo de la pastelería.
¿Por qué de todo el universo de la repostería dedicar un libro solo a las cookies?
Porque a pesar de ser una receta a priori sencilla, creo que hay muchas recetas por internet que están muy mal hechas y el hecho de poder comprar un libro y confiar en él para hacer galletas. Son recetas que sabes que te van a salir bien 100% porque están probadas y creo que vale la pena. No hay solo un libro de cookies, hay muchísimos ahí fuera. Hay muchas maneras de hacer cookies y además las cookies pueden ser un producto de pastelería muy diverso y muy creativo, porque puedes intercambiar rellenos, formas, incluso en la masa puedes añadir sabores, decoración por encima. Es muy versátil y da para mucho.
¿En qué momento y cómo descubriste que la repostería te hacía feliz?
Tartas Bastante Majas nació de una necesidad muy personal: la de crear algo propio y crear mi propio puesto de trabajo. Soy diseñadora gráfica y estudié en la Universidad de Barcelona. Al terminar la carrera, entré en el mercado laboral con unas expectativas que no tardaron en romperse. Me sentí muy engañada por lo que me explicaban en la carrera que serían mis salidas laborales y choqué de frente con la realidad. Me encontré con un entorno bastante precario y, sobre todo, con una realidad que no encajaba conmigo: la vida de oficina no era lo que quería para mí. Esa sensación me acabó afectando bastante y pasé por una etapa de depresión. En ese momento estaba trabajando como diseñadora en una empresa importante del sector de la automoción, pero llegó un punto en el que no pude más y decidí dejarlo.
Mi pareja llevaba tiempo diciéndome que tenía perfil emprendedor, que probara a montar algo por mi cuenta. Yo siempre respondía con miedo: no lo veía claro, no me sentía capaz. Pero insistió, y al final decidí intentarlo. Y funcionó. Con el tiempo me di cuenta de que, en realidad, ese impulso siempre había estado ahí. Siempre había tenido pequeños proyectos propios, aunque nunca los había considerado como una opción real a largo plazo, sino como algo temporal mientras encontraba “un trabajo de verdad”. Con Tartas Bastante Majas fue diferente. Por primera vez, dejé de verlo como algo provisional y empecé a construir algo real.

¿Cómo pasó de eso a ser un medio de vida?
Pues fue un medio de vida en el momento en el que yo necesité salir adelante y se me acababa el paro y dije me lanzo sí o sí. Empecé a compartir mi proceso porque no tenía mucho dinero y compartí la reforma del local y esos vídeos empezaron a llegar a muchísima gente. Poco a poco la cosa se fue haciendo grande hasta que en la inauguración tuve 250 personas que vinieron a hacer cola a mi local. Era un local de 30 metros cuadrados. Y ahí es cuando vi que eso podía tener futuro.
¿Qué papel tienen las redes sociales en tu negocio?
Cuando empecé la marca no tenía ni idea de lo importante que iba a ser Instagram ni de cómo iba a cambiar las reglas del juego en la supervivencia y el crecimiento de mi marca. Es impresionante. Cuando emprendes, nadie te ayuda. De hecho, es bastante complicado, más a nivel de barrera mental que incluso a nivel económico, que también lo es, evidentemente. Yo empecé a crear contenido por el simple hecho de que tenía ganas de que la gente me conociera; necesitaba que me conociera, porque de eso dependía mi supervivencia y la de mi negocio. Era una necesidad. Creía que esa era la manera más fácil y rápida de salir adelante y la verdad es que acerté porque hacer contenido ha hecho que llegue a muchísima gente que antes no me conocía y que, seguramente, si hubiera tenido que apoyarme en medios tradicionales o en otros creadores o lo que sea, no me hubieran conocido jamás.
He visto marcas que funcionan muy bien y no tienen redes, eso es una realidad. Pero cuando empiezas en un sector que no conoces, lo haces desde cero y la gente no te conoce… tienes que estar ahí. Hoy en día nos movemos mucho por recomendaciones de influencers, por lo que vemos en redes sociales, y al final es the 'place to be'. Para mí, lo más imprescindible es que la persona que va a llevar el negocio cree contenido. Ya no que sea instagramable a nivel estético, porque si te fijas, mi marca no es tan instagramable en el sentido de que todo sea perfecto, súper pulido y súper bonito. De hecho, yo publico muchos procesos, publico cosas imperfectas, me publico estando sucia, manchada, haciendo procesos, incluso cuando salen mal. Es entonces cuando más visitas tengo. La gente está conectando con mi historia y, en ese sentido, eso da muchísimos puntos. Una empresa grande tiene muchos recursos económicos para hacer contenido de mucha calidad, impresionar o contratar a un famoso para que lo haga. Pero nosotros, como personas emprendedoras, no tenemos esos recursos, no tenemos nada más que nuestra cara y nuestras manos. Y hay que usarlo. Hacer contenido es algo fácil que puedes hacer con cualquier teléfono móvil. No necesitas grandes aparatos ni grandes maquinarias ni nada de eso. Simplemente necesitas ponerte y hacerlo.
¿Y en el mundo de las cookies en concreto?
Considero que las cookies son algo bastante instagrameable y estético a nivel visual y eso se nota en las redes porque los contenidos de galletas suelen tener bastante éxito. La gente no se cansa de las galletas en este momento. Llevan en tendencia varios años y no parece que la cosa se vaya a acabar, al menos de momento.
Eres ejemplo de que se puede aprender repostería, y muy bien, de forma autodidacta. ¿Cómo ha sido tu proceso y quiénes han sido tus referentes?
Hay una chica en Australia que se llama Brooki. Yo la vi haciendo tantas cookies allí, vendiéndolas y viralizándose, dije: 'Guau'. Admiración pura. Y quise comprar su libro, pero no estaba en español, así que me tuve que conformar con buscar otras recetas por internet e intentando sacarlas. No me quedaban igual al principio y decidí hacer algunos cursos de pastelería para aprender mejor cómo hacer galletas. Y la verdad es que el resto lo he ido aprendiendo de libros, preguntando mucho y teniendo mucha curiosidad, sobre todo.

¿Qué es ese "postureo pastelero" del que huyes con tu forma de trabajar?
Intento mostrar mi proceso de manera supernatural y tal y como va surgiendo. Una vez me encontré un mueble en la basura, lo recogí y grabé cómo lo restauraba y lo incorporé a mi pastelería, por ejemplo. Un poco enseñar mi día a día sin tanto postureo y sin explicar sólo los aciertos y ocultar los errores. Al revés. Yo considero que los errores ayudan mucho a aprender y hay que enseñarlos, hay que explicarlos al mundo. Porque en las redes sociales últimamente parece que solo enseñamos los resultados y lo perfecto que es todo y la vida real no es así, para nada. Esto también me ha costado muchos 'haters' pero bueno, es el precio a pagar.
¿Cuáles son los fallos más comunes que cometemos al hacer cookies en casa?
Yo considero que el fallo más grande está en la receta. Muchas pasteleras no estarán de acuerdo conmigo, porque creo que siempre se repiten los mismos consejos hasta la saciedad, que hay que congelar las galletas antes de hornearlas, que hay que hacer bolas.... Evidentemente hay que hacerlo, pero cuando tú congelas tu galleta y aun así te sale mal, significa que la receta está mal. Seguramente demasiada mantequilla. Depende del objetivo que tú tengas al hacer la galleta. Hay personas que quieren galletas muy planas, evidentemente esas galletas van a ser diferentes a las mías, que quiero que sean muy altas y muy gruesitas y busco otro tipo de fórmula. Busca una buena receta y síguela para tener éxito.
¿Y tus tips para acertar con la masa, la mezcla, el horneado?
Un tip de oro es intentar no sobreamasar las galletas, porque al final el gluten se desarrolla y entonces te quedan bastante pochas. Luego, el tema de congelar la galleta sí que es muy importante, pero si no te ha dado tiempo a congelar la galleta 24 horas, que sería lo suyo, pues la puedes congelar tres o cuatro horas y luego hornear un pelín más alto de lo normal. Ir jugando con la temperatura. Y sobre todo, no frustrarse, porque el horno de casa no es lo mismo que un horno profesional, y eso me di cuenta cuando emprendí. En casa te pueden quedar las cookies súper ricas, pero tienes que conocer a tu horno. Eso es otro consejo, porque si no conoces bien a tu horno, no te va a quedar bien la galleta. En mi libro explico más cómo hacerlo.
Además de las tuyas, ¿dónde comiste y cómo era la cookie que más te ha gustado?
Cuando estuve en Japón el año pasado me comí una cookie de matcha que todavía sueño con ella. Estaba súper rica. Además, los japoneses tienen como una manera distinta de hacer las cosas. Usan menos azúcar y estaba realmente deliciosa.

Las cookies, y lo demuestras con la receta con jamón, tienen opciones más allá del dulce y la fruta... Cuéntanos como mezclar dulce y salado con éxito.
Un poquito de sal en las galletas equilibra el dulzor y una cookie salada que tenga un toque dulce también mejora mucho la sensación. Al final, cuando hablamos de una cookie salada, hablamos de una mezcla perfecta entre algo dulce y algo salado, algo a medio camino. Es como comer melón con jamón. Es una combinación que hace que las papilas gustativas bailen de gusto. Los sabores se complementan y en este caso el dulce con el salado, pues hacen un baile perfecto. Y por eso las cookies que son saladas triunfan tanto, porque tienen ese toque dulce también de la masa, pero luego el relleno es exquisito.
¿Cuál es tu maridaje ideal de cookie?
Un tazón de leche fresquita, mojar las cookies es lo mejor.
Se dice que para vender mejor las casas, se hornean galletas antes de que vayan los posibles compradores porque ese olor nos transporta al hogar…
Y eso precisamente es lo que me gusta de hacer galletas. Cuando los clientes entran a mi obrador y estamos horneando, que es casi todo el día, siempre me dicen lo bien que huele, lo que les gusta. Creo que es algo muy intrínseco del ser humano, que al final la comida también se huele y usamos todos los sentidos. Y un olor a galletas o a bizcocho recién horneado es un olor que nos transporta a nuestra infancia y es súper bonito.

¿Cómo afectan las tendencias gastro internacionales a la repostería? ¿Te gusta sumarte a ellas?
Vivimos en un mundo muy globalizado y eso también se traslada a los pequeños negocios como el mío, tenemos que estar atentas a todas las tendencias que van saliendo para no quedarnos atrás. Suena un poco feo, pero es así. Ahora mismo, por ejemplo, la tendencia es la cookie de Pringles. Se ha puesto de moda poner chocolate en un bote de Pringles y comerlo, entonces yo lo he llevado más allá y he creado una cookie con ese sabor de Pringles y crujiente. Y la verdad es que está teniendo un tirón espectacular. A la gente le está gustando muchísimo, pero en parte creo que es porque nos dejamos llevar como sociedad por lo que está de moda y esa es la realidad. No juzgo si es bueno o malo eso, simplemente bailo al son del juego, que es estar vigente en las tendencias mundiales.
¿Cómo se puede equilibrar la pasión por las cookies con un estilo de vida saludable?
Creo que la combinación es bastante más fácil de lo que nos pensamos. Al final se trata de comer un poco equilibrado, comer la mayoría del tiempo cosas saludables y que nos nutren, pero también hay que nutrir la mente. Y las cookies, por ejemplo, o cualquier otro dulce del mundo son productos que sí, que quizás no son tan nutricionalmente adecuados, pero eso no significa que no debamos comerlos. Hay que comerlos con moderación y evidentemente priorizar ciertos alimentos más saludables, pero no hay que obsesionarse tampoco con no no comer absolutamente nada, porque las obsesiones no son buenas. Están muy vigentes los trastornos de la conducta alimentaria por temas como este, esa obsesión de no debo comer nada y luego atracones... Hay que comer con moderación y hay que disfrutar de la comida porque también nos vamos a morir igual.
