La Tasca del Langui en la que han colaborado Dabiz Muñoz o Berasategui: “Me decían, buah qué guay”

El rapero y actor despertó su gusanillo de la hostelería gracias a un papel y ahora regenta una taberna en Málaga
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El Langui es alguien que hace ya tiempo que no pasa desapercibido. Rapero, actor, director de teatro, deportista, presentador… Su currículum, ya sea bajo el nombre de Juan Manuel Montilla -como se llama en realidad- o bajo el nombre artístico de El Langui, es extenso y le ha hecho acaparar los focos en muchas ocasiones, pero si hay algo que ha desvelado hace poco y que ha impulsado de forma tangible es más que su pasión por la gastronomía… la que tiene por la hostelería. “A mí lo que me molan son las tascas y lo que me gusta es el picoteo”, ha llegado a reconocer él mismo. Y por eso, que haya montado una taberna en Málaga, bajo el nombre de La Tasca del Langui, cuya carta es un viaje por lo tradicional de la típica tasca, pero adaptándolo a los nuevos tiempos, no resulta extraño conociéndole. Como tampoco que haya tirado de agenda y de los chefs más conocidos del panorama nacional para pedirles consejo.
“A mí lo que me molan son las tascas y a mí lo que me gusta es el picoteo. Y a mí lo que me mola es: ponme un refrigerio, o un vinito, y ponme una gilda; ponme un poquito de… una tajaíta de bacalao, ponme una media ración de oreja, ponme un bocadito de calamares…Y yo empecé así y dije: eso es lo que me gusta a mí, tío. Al final me voy a embarcar en algo tocho, que no sé por dónde va a ir y esto mola mucho. Y esa fue la idea inicial y al final derivó en La Tasca del Langui”, reconoció El Langui en una entrevista en el espacio Gastro de la Cadena Ser.
Un sitio 'tradicional' en Málaga
La realidad es que su apuesta, ubicada en la Calle Tomás Echeverría 6, en la Carretera de Cádiz de Málaga capital y a escasos metros a pie de la Playa de Huelin, es un espacio en el que uno puede hacer ese recorrido gastronómico de lo más típico de la tasca andaluza… y madrileña, como son sus orígenes. Por eso, tomarse una gilda de ‘calité’ por 2,90 euros, unas albóndigas de choco por ocho euros y medio, un pepito de ternera tuneado por once o lo que se ha convertido en un clásico: el croquetón, que se sirve en un plato icónico, diseñado por El Taller de Piñero -mítico dentro de la alta cocina y los restaurantes gourmets del panorama nacional- que son literalmente las piernas de El Langui, una idea que conquistó desde el inicio a chefs de la talla de Dabiz Muñoz.
Y es que si algo tenía claro El Langui era lo que quería hacer y cómo hacerlo. Para eso había tenido la experiencia en el programa Donde comen dos, secuela inclusiva de ‘Un país para comérselo’, que hizo junto al actor Pablo Pineda y que le permitió ampliar su agenda de contactos dentro del mundo de la gastronomía para luego tirar de ellos cuando le ha hecho falta.
Los consejos de los chefs más top
“Yo iba escribiendo de buena manera a gente que había ido conociendo, amigos chef, o si no me hablaba con Juan y Pablo de ‘Umiko’, escribía a Dani García o Dabiz Muñoz, con ‘¿tío qué te parece por aquí?’. O a Berasategui: ‘¿qué tal, Martín?’. Entonces yo les pedía humildemente y ellos me daban. ‘No te líes la manta a la cabeza, no te vuelvas loco, sin pretensiones, algo que puedas, que esta profesión tal, esto, lo otro…’ O de repente tenía una idea: hostia, ya sé cómo quiero hacer las mesas, con la forma de mis piernas, que es el logotipo del Langui. Les decía: ‘¿cómo lo ves?’ Yo tenía algo de diseños, se lo mandaba a Dabiz, lo veía. ‘Buah, eso es muy marca Langui, qué guay’”, reconoce El Langui en la citada entrevista. Y así ha sido cómo ha conseguido que su tasca acabe teniendo su sello más personal… y el beneplácito de los referentes del mundo de la cocina española.
