Vinos

Barcelona Wine Week o cuando el vino español atrae la atención internacional

Visitantes a la Barcelona Wine Week 2026. Barcelona Wine Week
Manuel Villanueva
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“Esto es el principio de 'Casablanca', pero con más copas y menos drama”. Podría haberlo dicho Humphrey Bogart, perfectamente, al ver el pabellón 8 de Fira de Barcelona a reventar. La Barcelona Wine Week (BWW) ha cerrado su sexta edición no solo superando expectativas, sino rompiendo las costuras del recinto ferial. Con casi 26.000 visitantes profesionales, un 20% internacionales. 11.000 solo el lunes. 962 compradores internacionales invitados. Un ambiente que rozaba el fervor religioso, que ha consagrado a la feria como el epicentro donde el negocio y la pasión se dan la mano.

Hubo momentos de tensión, claro. El éxito tiene un precio: el aforo se completó tan rápido el lunes y el martes que hubo que cerrar accesos a media mañana por aforo completo. Vamos, que ni en un concierto de Springsteen. Como reconocía su directora, Céline Pérez, “no podemos arriesgar por cuestiones de seguridad”. Traducido: había más sed que copas. Al fin y al cabo, el vino es para disfrutarlo, no para padecerlo en una melé.

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Y es que esta sexta edición ha confirmado algo que ya se intuía: Barcelona Wine Week ya no es una feria prometedora, es una feria consolidada. Mucho negocio. Mucho vino. Y mucha internacionalidad. Según Pérez, “un gran salto”. Según Javier Pagés, presidente de BWW y de la DO Cava, “la satisfacción no es ficticia”. Y es que, en un mundo de filtros y apariencias, la BWW ha sido pura verdad. Desde las joyas de Jerez hasta la "revolución Monastrell" de Jumilla, Bullas y Yecla. El cava jugó en casa con un maridaje de altura, dirigido por Robert Tetas junto a Camila Ferraro. Montsant arrancó su 25 aniversario. Corpinnat volvió a demostrar que el Penedès habla espumoso con acento propio. Rioja recordó que es más grande que Austria. El evento ha servido para recordar que España es un continente vinícola en sí mismo.

Incluso Jancis Robinson, la gran dama del Financial Times y "leyenda", se rindió ante nuestra garnacha. Con esa elegancia británica que recuerda a las crónicas de Evelyn Waugh, Robinson reivindicó el orgullo de escribir para el consumidor y aplaudió la frescura de los proyectos emergentes. "Estamos orgullosos de explorar", afirmó, dejando claro que el vino español sigue siendo el secreto mejor guardado (y a mejor precio) de Europa. Y que cada año hay zonas emergentes en España con vinos enormemente competitivos. O lo que es lo mismo: el futuro no solo es bueno, es bebible.

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Pequeños tesoros y la memoria del corcho

En muchas ocasiones el tiempo nos enseña a escribir las mejores historias. Quedó patente con la presentación de 'The Wine Library Collection' de Jean Leon, donde Mireia Torres rescató añadas que son auténticos unicornios (apenas 80 botellas en algunos casos). Son, como ella dijo, "pequeños tesoros" que demuestran que el vino catalán sabe envejecer con la dignidad de una estrella de la época dorada de Hollywood.

Pero no todo fue mirar al pasado. La sostenibilidad y la viticultura regenerativa marcaron el pulso de las ponencias. La iniciativa de la IWCA dejó claro que el viñedo ya no es solo paisaje, es un sumidero de carbono fundamental para nuestra supervivencia. Y hablando de huellas, la Fundació Institut Català del Suro nos recordó que el corcho no es un tapón, es el guardián que transforma el aroma y la textura mientras nosotros no miramos. Dieciséis proyectos, doce bodegas, todos midiendo, todos intentando dejar el suelo mejor que como lo encontraron.

Y el ministro Luis Planas recordó, en la jornada inaugural, que el vino español tiene una oportunidad enorme con los acuerdos internacionales de la UE: Mercosur, India, Indonesia. Spain Food Nation. Mucha geopolítica, sí, pero al final todo se resume en lo mismo: abrir mercados para abrir botellas.

El factor humano: Amigos y legados

El momento más emotivo, sin duda, tuvo nombre propio: Meritxell Falgueras y el 130 aniversario del Celler de Gelida. Con su habitual frescura (o como ella dice, ese estilo "catalanish morrissette"), nos recordó que el vino es, ante todo, una recomendación entre amigos. Entre homenajes a la añorada Victòria Ibáñez y a su padre, Toni Falgueras, la feria recuperó su alma más humana.

Como decía la escritora Isak Dinesen: “El vino es la prueba de que Dios nos ama y quiere que seamos felices". A tenor de lo visto en Barcelona, parece que el sector no solo es feliz, sino que goza de una salud de hierro para afrontar los retos que vienen.

Barcelona Wine Week 2026 (porque ya juega en esa liga) ha sido una celebración colectiva, emocionante, con pasado, presente y futuro. Una feria que ya no se pregunta si funciona, sino cómo seguir creciendo sin perder alma.

Como dijo María Naranjo, directora de ICEX: “el reto es no acomodarnos”. Porque si algo ha quedado claro esta semana es que el vino español no está cómodo: está inquieto, creativo, diverso y, sobre todo, vivo.

Y eso, en tiempos de tanto ruido, es casi un milagro embotellado.