La Malvar, el renacer de una variedad. Una joya oculta en el corazón de La Mancha
El mejor vino tinto de España cuesta menos de 15 euros
En el dinámico mapa del vino español, pocas noticias son tan gratificantes como el reconocimiento de la autenticidad frente a la globalización. El pasado mes de enero, en la prestigiosa gala celebrada en Tomelloso, "La Malvar de Más Que Vinos 2024" se alzó con el diploma al Mejor Vino Blanco de las Añadas 2025 y 2024 dentro de la selección de los 100 Vinos Imprescindibles de Castilla-La Mancha.
Este premio, avalado por figuras de la talla de Joaquín Parra López y la experta internacional Beth Willard, no es solo un trofeo en una vitrina; es la consagración de una filosofía que apuesta por la tierra, la historia y la biodiversidad. Como bien escribió Neruda : “El vino mueve la primavera, crece como una planta de alegría, caen muros, peñascos, se cierran los abismos, nace el canto”. En este caso, el canto nace de una cepa olvidada que hoy vuelve a brillar.

Malvar: La uva que volvió del olvido.
Durante décadas, la Malvar fue una uva arrinconad en favor de variedades más productivas o de perfil internacional. Y a menudo confundida o diluida en mezclas genéricas. En un mundo dominado por sauvignons clónicos y chardonnays de laboratorio, la Malvar aporta algo mucho más valioso: una enorme personalidad. Y en manos expertas, esta uva autóctona de la meseta sur ha demostrado ser una "atleta" del terruño.
Es una uva discreta, de piel fina, poco aromática en apariencia… pero con una virtud esencial: una capacidad extraordinaria para expresar territorio, frescura y elegancia sin artificios. De ciclo corto que, bajo el sol de Toledo, ofrece una estructura sorprendente. Lo que hace especial a "La Malvar" de esta bodega es su espíritu de tinto en cuerpo de blanco: una combinación de frescura cítrica, notas minerales y una untuosidad casi masticable. Un vino que no solo se bebe, sino que cuenta la historia de un paisaje estepario y resiliente.

Sobre esta recuperación, el maestro Custodio López Zamarra, referente absoluto de la sumillería española, ha señalado en diversas ocasiones la importancia de mirar hacia nuestras raíces: "Vinos como este demuestran que la honestidad y el respeto por el patrimonio varietal son el único camino hacia la excelencia. La Malvar, en su pureza, nos regala una tipicidad que emociona por su elegancia y su verdad".
Más Que Vinos: Arquitectos del patrimonio líquido.
Detrás de este éxito se encuentra la encomiable labor de Bodegas Más Que Vinos, ubicada en Cabañas de Yepes (Toledo). Fundada por tres enólogos —Margarita Madrigal, Alexandra Schmedes y Gonzalo Rodríguez—, la bodega nació en 1999 con un propósito claro: rescatar el legado de los antepasados para proyectarlo al futuro. Haciendo algo poco habitual: trabajar desde la convicción, no desde la moda. Viticultura ecológica, respeto por las variedades locales, mínima intervención y una idea muy clara de lo que debe ser un vino: bebible, honesto y con alma.
Su trabajo con la Malvar es un ejercicio de arqueología vitivinícola. Cultivada de forma ecológica en la finca familiar El Horcajo, a 750 metros de altitud, la uva recibe un trato de "hija única": Vendimia manual en pequeñas cajas para preservar la integridad del fruto. Fermentación en tinajas de barro, recuperando la tradición de la zona. Crianza sobre lías, aportando esa elegancia y persistencia que ha cautivado al panel de cata. Toda una declaración de principios: tradición reinterpretada con precisión técnica.
Un vino que no busca impresionar, sino emocionar con sutileza: fruta blanca, hierbas de campo, un fondo mineral seco y una textura que recuerda más a un vino de mesa francés que a un blanco manchego convencional.
Un triunfo para la región.
Que un vino de Malvar sea coronado como "Imprescindible" en 2026 envía un mensaje potente al mercado global: Castilla La Mancha ya no es solo "la bodega y el viñedo del mundo" por volumen, sino por la excelencia de sus variedades locales y, cuando quiere, puede jugar en la primera división del vino blanco europeo.
Más Que Vinos ha demostrado que, con respeto por la planta y valentía en la bodega, es posible crear vinos de clase mundial que no renuncian a su DNI manchego.
El diploma recibido en Tomelloso no premia únicamente una añada brillante. Premia una filosofía: la de quienes creen que el verdadero lujo del vino está en rescatar lo propio, en dignificar lo que parecía menor, en convertir una uva humilde en un blanco de categoría.
La Malvar no es una variedad de fuegos artificiales. No grita. No perfuma la copa de forma exuberante. Pero, como los grandes vinos, se queda en la memoria.
Y eso, al final, es lo único que importa.
Como escribió Antonio Machado: “Lo esencial es invisible a los ojos.” Descorcho la botella para brindar con la Malvar, por la tradición de la tinaja y por una bodega que, fiel a su nombre, nos ofrece mucho más que vino: nos ofrece identidad.

