Cómo sobrevivir a la muerte de un hijo: el duelo que los padres de Julen deberán superar

Dejar salir el dolor es duro, pero necesario. En las lágrimas del ser humano hay componentes comunes con el lexatín, sí, por eso, cuando ponemos fin a una gran llorera nos quedamos como vacíos, pero relajados. En cambio, cuando interrumpimos el llanto notamos un malestar que se prolonga, el cuerpo sufre. El ser humano es una máquina diseñada con perfección. Y sí. Está hecha para superar el dolor, aunque sea el de la muerte de un hijo. Para ello es vital enfrentarse a él y dejarle salir, hablar de él. La culpa, la misma que pueden sentir en algunos momentos los padres de Julen, preguntándose por qué y cómo, está al servicio de la negación y será una de las barreras a superar. Porque los accidentes ocurren y un padre no puede salvar la vida de un hijo. Esa es la realidad. La culpa anula y esa será una batalla para los padres de Julen. Así lo cree Sara Losantos que lleva una década mirando cara a cara a estas tragedias, con padres que finalmente superaron el duelo y retomaron sus vidas.
El duelo es la etapa del dolor intenso que sucede a la muerte de un ser querido. "La pérdida de un hijo no es un evento finito, es una pérdida continua que se desarrolla minuto a minuto a lo largo de la vida. Todos los cumpleaños, días festivos, hitos perdidos son años escolares y graduaciones de regreso a la escuela; bodas que nunca serán; nietos que deberían haber sido, pero que nunca nacerán, una generación entera de personas alterada para siempre. Por eso el dolor dura para siempre. (...) El sangrado nunca se detiene." (Angela Miller, escritora estadounidense, define así su duelo en un libro en el que contó cómo sobrevivió a la pérdida de su hijo). La clave es que sobrevivió. Y sí, escribió para contarlo.
Sara Losantos pone a diario cara a cara al sufrimiento, tratando a los padres, viviendo con ellos su duelo y enfrentándose a él. Por eso sus palabras provocan shock, impresionan, se alejan de los clichés y las frases hechas. "El duelo es un proceso normal, porque ante la pérdida, el dolor lo es. Cada uno lo vive a su manera". No cree esta especialista que la pérdida de un hijo, en contra de la opinión social generalizada, sea diferente a la de otro ser querido. "De todas las circunstancias que rodean cada caso el parentesco no es la más determinante, es más importante los recursos personales y sociales que tenga la persona que se enfrenta al duelo".
"El mensaje de que la muerte de un hijo no se supera nunca es tremendamente descorazonador. En el 90% de los casos las personas que sufren esta tragedia los superan sin tratamiento, y un 10% necesita esa ayuda", señala la experta en la materia. "Hay padres que dan conferencias para ayudar a otros padres que deben pasar o han pasado por lo mismo", recuerda. "Me duele en el alma cuando se dice que no se puede superar, aunque haya casos para todo", defiende.
José Manuel Garrido, psicólogo también experto en duelo, cree que la pérdida de un hijo suele ser imborrable, para toda la vida, "porque un hijo se visualiza siempre creciendo, con los cumpleaños, el colegio, la universidad... y todas esas etapas se convierten en un recuerdo constante. En el caso de Julen no hay hermanos, pero si los hubiera, también sufrirían ese duelo", señala.
La primera ayuda, muy básica
¿Cómo se puede ayudar a los padres de Julen que han visto cómo han perdido a sus dos hijos, uno de forma repentina y otro en un accidente?. El pueblo de Totalán y la sociedad española se han volcado y eso ayuda, aunque parezca que de nada sirve. Pero Julen dejará de ser portada, la gente volverá a su rutina y entonces llegará lo peor. ¿Qué hacer en ese caso? Losantos, en su experiencia, cree que hay cosas básicas que ayudan, aunque parezcan anecdóticas. "Hacer que coman, que duerman sus horas, hacerles la compra, ayudarles con las cosas burocráticas ayuda. Yo tuve un paciente que medía el nivel de cariño de la persona por el número de bizcochos que le regalaban", señala Losantos.
Garrido, especialista al que se puede consultar en psicosoma.es considera que en este caso "se junta el duelo con el sentimiento de culpa y con el shock que han sufrido los padres, porque ahora llega el silencio, que ya está en un pueblo que estaba repleto y se quedará vacío, como ellos". señala. Les queda un período de adaptación también en este sentido. De hecho, los vecinos de Totalán decían que se sentían vacíos tras el rescate y es verdad. "Lo primero que tienen que hacer es asumir la pérdida, pero hay padres que entran en un estado patológico, que crean altares, ponen velas a diario, y así es complicado. Por eso hay que tener un tacto enorme", señala Garrido.
