Impiden volar a una viajera en silla de ruedas y envían su cargador a Panamá por error: "He estado una semana encerrada en casa"

Kathi Maier en su silla de ruedas y sus maletas. Redes Sociales
  • La joven Kathi Maier, vecina de Málaga, denuncia una cadena de errores aeroportuarios que la dejó sin batería y le obligó a cancelar su viaje

  • Tras siete días sin poder salir de su domicilio, la maleta con el cargador esencial ha llegado finalmente a la capital malagueña tras viajar por error a Centroamérica

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MálagaLos caprichos del destino han querido que Kathi Maier, una mujer que dedica gran parte de su tiempo a demostrar en redes sociales que viajar en silla de ruedas es posible, haya terminado encerrada en su propia casa por el mismo motivo. Esta ciudadana alemana de 35 años, que reside gran parte del año en Málaga por su buena accesibilidad, ha pasado de ser una prescriptora de la libertad de movimiento a quedar "secuestrada" en su salón. El pasado 4 de marzo, una serie de errores en la coordinación aeroportuaria la dejó en tierra en Madrid mientras su maleta, con el cargador de su silla dentro, volaba sola hacia Panamá.

Kathi, que sufre una distrofia muscular, tenía previsto este viaje precisamente para colaborar en un proyecto de turismo inclusivo en Centroamérica. Sin embargo, un retraso en su conexión desde la capital malagueña y la falta de comunicación entre las aerolíneas provocaron que perdiera su enlace. La gravedad del fallo reside en que, al separarla de su equipaje facturado, la empresa la privó de su principal ayuda técnica. "Un error como la pérdida de equipaje para mí no es solo un retraso, es perder la posibilidad de moverme", explica la joven, que vio cómo la batería de su silla se agotaba sin que nadie le ofreciera una solución efectiva durante dos días de espera en el aeropuerto.

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A la pérdida del cargador se sumó la rigidez de los protocolos de seguridad. A pesar de haber comunicado previamente las especificaciones de su batería de litio, la compañía con la que fue reubicada le denegó el embarque por un fallo en la transferencia de datos entre empresas. El agotamiento físico tras 48 horas de incertidumbre y la deshidratación voluntaria —Kathi evita beber agua antes de volar porque los aviones no tienen baños adaptados— la obligaron a cancelar definitivamente el viaje y regresar a Málaga. En el trayecto de vuelta, la debilidad acumulada le provocó una caída que le ha causado lesiones en un muslo.

Una semana de encierro forzoso en Málaga

La cancelación del viaje no puso fin a su problema, sino que trasladó la falta de movilidad al interior de su domicilio en la Costa del Sol. Al no recibir su maleta de vuelta de forma inmediata, Kathi ha permanecido una semana sin poder salir a la calle al no tener cómo cargar su silla de ruedas eléctrica. Es la mayor contradicción de su historia, la mujer que motiva a otros a romper barreras se ha visto privada de su autonomía por una negligencia ajena. "Desde que tengo la silla tengo una vida que antes no tenía, porque puedo moverme a donde quiero", relata la joven sobre lo que ha sentido estos días de encierro.

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Esta falta de autonomía le ha generado cuadros de ansiedad y una sensación de vulnerabilidad que todavía intenta superar. Durante siete días, Kathi se ha sentido atrapada en su propio hogar, ya que ni un cargador enviado de urgencia por su familia desde Alemania llegó a tiempo para solucionar el bloqueo. "Básicamente no pude hacer vida durante una semana; solo pude salir un rato con la poca batería que me quedaba", confiesa, subrayando que su silla de ruedas es el motor que le permite su integración diaria en la ciudad malagueña.

Tras una semana de gestiones, la maleta con el cargador esencial fue entregada finalmente en su casa de Málaga este martes. Kathi Maier, que recibió su diagnóstico hace diez años y decidió desde entonces viajar con intensidad para adelantarse a su enfermedad degenerativa, espera ahora que su denuncia pública fuerce una revisión de los protocolos aeroportuarios. La joven insiste en que no se trata de un error puntual, sino de una barrera estructural que impide que las personas con discapacidad viajen con las mismas garantías que el resto de pasajeros.

La falta de sensibilidad en los protocolos de aviación

Durante su periplo en el aeropuerto, Kathi tuvo que enfrentarse a normativas rígidas sobre la asignación de asientos que ignoraban sus necesidades físicas, lo que añadió un estrés innecesario a una situación que ya era crítica. Para una persona que depende de una silla eléctrica, la separación de su cargador no es un incidente menor, sino una emergencia personal que el sistema no supo gestionar.

A pesar de las lesiones sufridas y del cansancio acumulado, Kathi mantiene su compromiso con la visibilidad del colectivo. Su objetivo sigue siendo demostrar que viajar con discapacidad es posible, aunque reconoce que lo vivido esta semana evidencia que la aviación comercial todavía tiene mucho que mejorar. Ahora, mientras recupera la movilidad en su casa de Málaga, ya planea su próximo destino, convencida de que su voz es fundamental para que ninguna otra persona se vea privada de su libertad por un fallo logístico.