“No puedo subir unas escaleras, pero me obligan a volver al trabajo”: el calvario de un trabajador almeriense
Miguel Cerdán, de 61 años, denuncia que el sistema le da el alta médica pese a sufrir graves lesiones que le impiden realizar trabajos físicos
La demora para ser atendido por un especialista y el silencio administrativo del INSS le dejan sin respuestas y al borde de acudir a los tribunales
A sus 61 años y después de llevar toda la vida trabajando, Miguel Cerdán García, acumula décadas como operario de mantenimiento, un oficio exigente en el que la fuerza física, la movilidad y el equilibrio forman parte del día a día. Hoy, sin embargo, apenas puede caminar sin ayuda de dos muletas.
Las manos de este almeriense siguen reflejando años de esfuerzo, pero su cuerpo ya no responde igual. Lo que comenzó como una lesión grave en una rodilla terminó convirtiéndose, con el paso del tiempo, en una situación límite marcada por el dolor, las operaciones y una sensación constante de abandono administrativo.
Lesiones que cambian una vida
El primer gran golpe llegó tras una importante lesión de rodilla que redujo de forma permanente su movilidad. Pese a ello, el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) consideró que sus secuelas no eran suficientes para reconocer una incapacidad permanente y resolvió el caso como una lesión permanente no invalidante, concediéndole el alta médica.
Tiempo después, un nuevo accidente agravó todavía más su situación. Miguel sufrió una fractura abierta en el codo izquierdo que requirió intervención quirúrgica, placas metálicas y un largo proceso de rehabilitación. Aun así, una vez agotados los plazos de incapacidad temporal, volvió a recibir el alta.
El problema, denuncia, es que nunca se valoró conjuntamente el deterioro físico acumulado: una rodilla prácticamente inutilizada y un brazo con movilidad reducida en una persona cuyo trabajo depende completamente del esfuerzo físico.
Una consulto que no llegará hasta octubre
Actualmente, su estado físico le impide desarrollar tareas básicas de su profesión. Según explica al diario Ideal de Almería, el desgaste de su rodilla derecha es total, hasta el punto de sufrir un roce constante de “hueso con hueso” debido a la pérdida completa de cartílago.
Subir escaleras, permanecer mucho tiempo de pie o cargar peso se han convertido en acciones casi imposibles. Ante esta situación, su médico de atención primaria decidió tramitar una nueva baja laboral mientras esperaba una valoración especializada en Traumatología.
Sin embargo, la consulta con el especialista no llegará hasta octubre debido a las listas de espera del sistema sanitario público.
El laberinto administrativo
La demora ha terminado generando una situación que Miguel considera incomprensible. A la espera de una valoración definitiva y condicionado por los límites que marca la normativa, su médico se ha visto obligado a emitirle el alta médica pese a que su estado físico no ha mejorado.
La consecuencia es una paradoja difícil de asumir: mientras el sistema sanitario retrasa durante meses la atención especializada, el trabajador pierde la cobertura de la baja y queda empujado a reincorporarse a un empleo que físicamente ya no puede desempeñar.
Miguel asegura sentirse atrapado entre dos administraciones que funcionan a distinta velocidad pero cuyas consecuencias recaen sobre él. “No puedo hacer mi trabajo como antes, pero el sistema actúa como si no pasara nada”, lamenta.
Una espera de años
Desesperado por la situación, el pasado mes de enero presentó una reclamación previa ante el INSS para solicitar el reconocimiento de una incapacidad permanente acorde a su estado de salud.
Hasta el momento no ha recibido respuesta. La única alternativa que le queda es acudir a los juzgados de lo Social, aunque los tiempos tampoco juegan a su favor: los procedimientos pueden demorarse más de dos años en la provincia.
Ese horizonte judicial supone, en la práctica, prolongar durante meses la incertidumbre de una persona que apenas puede caminar y que, aun así, continúa oficialmente apta para realizar trabajos de mantenimiento, electricidad o carga de materiales.
Las listas de espera
Miguel ha decidido contar públicamente su caso porque asegura que no se trata de una situación aislada. Cree que muchos trabajadores terminan sintiéndose invisibles cuando la salud les obliga a frenar después de toda una vida cotizando.
Su historia pone el foco sobre una realidad cada vez más denunciada por pacientes y profesionales: el impacto de las listas de espera, la rigidez administrativa y los retrasos judiciales sobre personas que viven pendientes de una resolución mientras conviven con el dolor y la incertidumbre.
“Detrás de cada expediente hay una vida”, resume. Una vida marcada, en su caso, por el miedo a quedarse sin protección precisamente cuando más la necesita.