Un almacén 'oculto' alberga las estatuas retiradas de las calles de Barcelona

El almacén está dentro del Centro de Mantenimiento Urbano en la Via Favència de Barcelona
El almacén está dentro del Centro de Mantenimiento Urbano en la Via Favència de Barcelona. Roger Badia
  • En el espacio, situado en la Via Favència, conviven piezas que no volverán a la vía pública con otras que se recolocarán

  • La iniciativa forma parte de Open Barri para descubrir el patrimonio alejado del centro de Barcelona

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BarcelonaEn Barcelona hay espacios ocultos donde se guarda patrimonio retirado de las calles. Uno es el almacén de Arte Público de Canyelles en el barrio de Nou Barris. Ahí conviven desde estatuas franquistas, elementos como fuentes de La Rambla que esperan volver a su lugar o esculturas que un día aparecen en la vía pública.

"Cuando entré por primera vez me impresionó abrir la puerta y ver la estatua de Franco, que ahora ya no está. Es un almacén cambiante que muestra cómo la sociedad cambia y también los referentes históricos", recuerda Elisenda Bonet, arquitecta y directora de la Asociación 48h Open House y Open Barri.

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Un espacio desconocido que ha abierto sus puertas al público en la edición de invierno de Open Barri, impulsada por la Asociación 48h Open House Barcelona, en el marco de la Capitalidad Mundial de la Arquitectura 2026.

Estatua decapitada

La estatua a la que se refiere Elisenda Bonet es una escultura ecuestre dedicada a Francisco Franco. La obra de Josep Viladomat se inauguró en 1963 en el castillo de Montjuïc, donde permaneció hasta 2008, que se retiró por la Ley de Memoria Histórica. Fue entonces cuando se trasladó al depósito municipal en Nou Barris, situado en el Centro de Mantenimiento Urbano, en la Via Favència de Barcelona. Un día de 2013 descubrieron que a la estatua de Franco le faltaba la cabeza. Una pieza que, aún hoy, no se sabe dónde está.

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La escultura fue recuperada para el espacio público en 2016 con motivo de la exposición "Franco, Victoria y República. Impunidad y espacio urbano" y se colocó en la plaza del Born en Barcelona. Su vuelta a la calle duró cuatro días. Le tiraron huevos, pintura, hasta que fue derribada y tirada al suelo. Desde entonces, la estatua reposa en otro espacio oculto, un almacén municipal en la Zona Franca de Barcelona.

El pasado franquista está muy presente. También se retiró de la vía pública el monumento a los caídos de Josep Clarà con motivo del congreso eucarístico que se celebró en 1972. La columnata, ubicada en la avenida Diagonal cerca de Pedralbes, sufrió varias agresiones, incluso con explosivos. Con la llegada de la democracia, el conjunto monumental se acabó trasladando al almacén de Canyelles.

Más recientemente, durante el mandato de la alcaldesa, Ada Colau, se bajó de un pedestal la estatua de Antonio López, primer marqués de Comillas, de la plaza que llevaba su nombre. Con la ayuda de una gran grúa, se puso fin a la presencia de su escultura por haber hecho fortuna con el tráfico de esclavos. Ahora descansa en el mismo edificio que la estatua de Franco.

La retirada de la estatua de Antonio López fue en marzo de 2018

A la espera de un destino

En el almacén subterráneo conviven piezas que no volverán a la calle pero otras sí lo harán o se les buscará un nuevo destino. Es el caso del Discóbolo, una figura creada para la Exposición Internacional de 1929 y colocada en el Estadio Olímpico Lluís Companys. Cuando se restauró para celebrar los Juegos Olímpicos de 1992, se retiraron las esculturas. Algunas de sus compañeras sí volvieron al recinto pero no él.

Igual le pasa a Minerva, que coronaba una fuente en la plaza del Teatro en La Rambla en el siglo XIX. En su lugar se puso otro elemento como es el monumento a Pitarra. Así que Minerva, de momento, tendrá que esperar como Discóbolo.

Junto a estatuas del pasado, hay otras del presente. Una destaca por su color rojo: una escultura de un niño con una capucha de un artista urbano que un día apareció en la calle Carme de Barcelona.

Entre las piezas, se encuentra una escultura roja que apareció en la calle Carme

El objetivo es almacenar todas las obras que han sido vandalizadas, están pendientes de restaurar o las que no se volverán a exponer en el exterior. Con las esculturas, se pueden descubrir elementos como mobiliario de época o elementos arquitectónicos. Así se pueden ver elementos decorativos como una fuente Wallace que espera ahí mientras se acaba la reforma de La Rambla o una de las primeras estructuras donde se vendían flores en el siglo XIX en la icónica calle de Barcelona.

"Es atractivo de ver porque hay elementos que nunca imaginarías juntos. Son materiales vivos en el pensamiento y viven o mueren dependiendo del momento histórico", reflexiona Elisenda Bonet.

La próxima edición de Open Barri será en La Marina en primavera. Los visitantes podrán ver por dónde pasaba el canal de la Infanta, alguna pedrera o parte del cementerio de Montjuïc. En verano será el turno de los barrios de Sarrià y Vallvidriera. Oportunidades para descubrir el patrimonio arquitectónico, social y urbanístico de una Barcelona menos conocida.