Javier Gámez fue diagnosticado de esclerosis lateral amiotrófica el 13 de noviembre de 2018
'Marquitos, un monstruo entre nosotros' es su segunda obra literaria
GironaEl comisario de los Mossos d'Esquadra Javier Gámez se ha estrenado como escritor de novela negra. Diagnosticado el 13 de noviembre de 2018 de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), su debut literario fue con 'Cuaderno de bitácora de un gladiador con ELA', una obra autobiográfica. Un canto a la vida en la que narraba su día a día con la enfermedad neurodegenerativa en fase avanzada. Un año después, ha retomado la escritura. "Yazco postrado en una cama las 24 horas. Postrado e inmóvil, pues doña ELA se ha apropiado de mi cuerpo y solo me permite mover los ojos, con los que escribo, y algún músculo facial. Sin embargo, mi mente sigue en ebullición. Continúa siendo tan inquieta o más de lo que lo era antes y me pide actividad, a lo cual accedo. Hasta tal punto es así, que a mis días les siguen faltando horas. Escribir, en general, me sirve para alimentar a esa bestia insaciable que es mi mente y, como me gusta decir, para cabalgar a lomos de mi imaginación. Cuando escribo ya no estoy inmóvil ni atado a un respirador. No, cuando lo hago puedo caminar, correr, ir en moto, comer y, especialmente, abrazar", destaca Gámez.
Y esa imaginación le ha llevado a 'Marquitos, un monstruo entre nosotros', su primera incursión en el género negro guiado por su afán por la lectura y por su trayectoria profesional como abogado y miembro de los cuerpos de seguridad. Primero con una amplia trayectoria como investigador en la Guardia Civil y después llegó a comisario general en los Mossos d'Esquadra. "Lo he hecho también porque soy lector y, como tal, me pierdo por una buena ficción histórica o una novela negra. Si a esos antecedentes les sumamos mi vocación y experiencia policiales, así como mi formación jurídica, aparece un escritor en potencia de novela negra, mejor o peor, pero un escritor al fin y al cabo que, como en mi caso, a veces se atreve a dar el paso y poner en negro sobre blanco una de las tramas que rondan por su cabecita", señala.
La maldad
Marcos es el protagonista. Nacido en Granada, está marcado por la pérdida y la desestructuración familiar. A los 15 años comete su primer asesinato que marcará un camino de violencia premeditada. Tras salir de la cárcel, prepara su regreso al crimen y reaparece en Albacete con una doble vida. Por un lado, como un trabajador y novio, ejemplar. Y por otro, como un asesino frío y calculador. El encargado de la investigación será Dani Guerrero, un sargento de la Guardia Civil, que tendrá que reconstruir el rompecabezas de desapariciones y muertes.
Una historia en la que Gámez quiere hablar del mal en primera persona: "El libro pasa también de puntillas sobre la cruda realidad de la violencia de género, sobre las víctimas de agresiones sexuales y también sobre la homofobia. No obstante, el tema principal es la maldad, la necesidad de hacer daño a otros y de cómo el protagonista tiene que hacer convivir en equilibrio sus dos realidades: su yo social y su yo perturbado que lo lleva a matar sin que él pueda ni quiera evitarlo".
Un relato en el que ha optado por desvelar la identidad del asesino desde el principio y seguir su vida "de contradicciones y, por encima de todo, de sus pulsiones y de sus deseos más reptilianos. Quería evidenciar cómo el mal necesita muy poco para abrirse camino y que, hechos aparentemente superfluos, a los que no damos importancia, pueden ser la diferencia entre una persona con problemas mentales, pero socializada, y otra que se autoexcluye y pasa por alto los más esenciales valores y normas de convivencia".
Se mete en la vida del asesino y también del investigador, su equipo y sus relaciones personales, así como sus protocolos de investigación. Como comisario indica que "tiene que hacerse las preguntas correctas a la vista de la escena del crimen, las pruebas e indicios que debe seguir para completar el puzle. En ese sentido, no ha cambiado nada desde que yo era investigador". Lo que sí lo ha hecho son "algunos protocolos científicos y forenses y, sobre todo, en el ámbito de los medios técnicos y en el campo de las comunicaciones. Todo ha avanzado tan de prisa que podríamos decir que desde que yo me dedicaba a ello ha cambiado tanto como si le hubiésemos dado la vuelta a un calcetín. En estos aspectos he tenido que tirar de mucha lectura y de preguntar a los que hoy están a pie de calle", reconoce.
Javier deja claro que su novela es ficción: "Nunca me he encontrado con un ser tan perverso como Marquitos. Como se suele decir, cualquier parecido de mi obra con la realidad es pura coincidencia, si bien tampoco es del todo cierto, pues aunque sea en un ínfimo porcentaje, esta obra transpira parte de mis vivencias personales. En ella se respira mi Granada natal y, dentro de ella, icónicos lugares de mi infancia. En muchos he jugado, en otros incluso he vivido y, los más han sido la cuna de mi educación, la fuente de la que ha bebido mi conocimiento. Por otra parte, no me he podido resistir a la tentación de deslizar, aunque maquilladas, algunas anécdotas personales o próximas". Y añade: "Me ha permitido, además, bucear en mi memoria reviviendo unos recuerdos maravillosos de una vida pasada, una vida en la que todo pasaba demasiado deprisa y que, por razones obvias, era más completa que la actual".

