Cuatro jóvenes rescatan un quiosco en L'Eixample,, Barcelona, con los periódicos de siempre, cromos al salir del cole y café de especialidad para llevar
De punto de intercambio de cromos para los más pequeños a la creación de un "Run Club", el espacio busca romper la dinámica de las tiendas turísticas
Innovación sin perder la tradición, Fred reabre la persiana con café a precios de siempre, los habituales periódicos en papel y las revistas del corazón
En una Barcelona donde las tiendas de souvenirs ganan cada vez más terreno, ver cómo un quiosco del barrio vuelve a levantar la persiana antes que cerrarla, es prácticamanente un hito, un acto de resistencia o de nostalgia romántica. Eso fue lo que impulsó a Oskarys, Eddie, Jessica y Fran a aventurarse en Fred, un proyecto naciente en pleno Eixample que rescata la esencia del clásico quiosco de barrio. Entre el bullicio matutino, el olor a prensa recién impresa se mezcla con el aroma del café para llevar, demostrando que para modernizarse, no hace falta eliminar lo que siempre ha funcionado.
Prensa, café y barrio
La idea arrancó de una charla entre amigos y parejas que ya contaban con otros negocios -entre ellos Eddie, al frente de la famosa hamburguesería que encandiló a Rosalía-. Contar con otros negocios en marcha les dio el respaldo necesario para asumir el riesgo económico de un quiosco tradicional. "Nos quedamos gratamente sorprendidos al ver la acogida que tuvo", explica Fran sobre los primeros días tras la apertura. Las conversaciones con los vecinos más mayores terminaron de darles la razón: "Los abuelos nos contaban que veían cómo cerraban estos negocios y tenían que ir tres calles más allá para conseguir su periódico diario". Aunque las nuevas generaciones consumen la información en formato digital, "a los más mayores no les puedes quitar esa tradición diaria", remarca el cofundador.
"Postureo" pero con esencia
A diferencia de otros conceptos modernos que transforman el espacio por completo eliminando su función original, en Fred han querido ser prácticos. "Justo delante tengo los pasatiempos de Telecinco, revistas del corazón y todo el abanico de periódicos nacionales, internacionales y deportivos", señala Fran.
"Con el café no lo hemos acabado de convertir en una cafetería para sentarse porque, aunque en la teoría la idea suena muy moderna, tienes que conocer tu mercado; un quiosco debe ser práctico". La clave también pasa por cuidar el bolsillo local: "Mantenemos los precios del café para llevar muy baratos".
Un imán para pequeños y grandes
El ir y venir en la marquesina ve pasar a todas las generaciones. Al terminar la jornada escolar, los niños se agolpan frente al mostrador para comprar e intercambiar sus colecciones. "Cuando salen del cole se quedan hablando, intercambiando cromos... En el mundial también lo hacían mucho y te recuerda a cuando eras pequeño", explica. Tras algunos debates en redes sociales sobre la transformación de estos puestos, el equipo lo tiene claro: buscan integrar a todos. "En definitiva, queremos crear comunidad", aseguran. Por eso, el proyecto ya prepara nuevas actividades como la puesta en marcha de su propio "Run Club", para que el quiosco no solo como un sitio de paso, sino una también una excusa para hacer barrio.