"Sin techo no hay segunda oportunidad": el problema de la vivienda también afecta a la reinserción en la sociedad

Muchos de los expresidiarios son jóvenes con un trabajo estable que duermen en las calles por la imposibilidad de un alquiler
"La vivienda no es solo un objetivo final, sino la necesidad básica sobre la que sostener la dignidad y la autonomía"
La reinserción en la sociedad no empieza en el momento en que las puertas de el centro penitenciario se abren, sino mucho antes con el trabajo de los educadores y trabajadores sociales. Sin embargo, para muchas personas que vuelven a la libertad o empiezan a disfrutar de sus primeros permisos, la calle no se presenta como el mayor escenario de oportunidades, sino como un abismo al que es muy fácil caer.
"La vivienda es la base que nos permite trabajar todo el proceso de mejora; sin eso, te centras en sobrevivir, en protegerte y ya está", advierte Betlem Román, trabajadora social de la Fundación Obra Mercedaria. Desde las entidades del tercer sector y los colegios profesionales recuerdan que es imposible exigir a una persona que busque empleo, cuide de su salud o retome sus vínculos familiares si no cuenta con un lugar seguro donde dormir. La vivienda no es solo un techo, sino que es la condición de "posibilidad de la propia dignidad humana".

Un mercado hostil
En este contexto de crisis habitacional, encontrar un piso se ha convertido en una odisea, pero para quienes salen de prisión las barreras se multiplican aún más. Muchos son jóvenes sin delitos graves, que cuentan con un trabajo estable pero que se encuentran en una situación de vulnerabilidad por la falta de familiares y el racismo a la hora de buscar un alquiler.
Eva Giralt, secretaria de la Junta de Gobierno del Colegio de Trabajo Social de Cataluña, subraya el carácter estructural del problema: "La vulnerabilidad va por capas. La vivienda ha dejado de contemplarse como una necesidad básica igual a la alimentación o la salud y es un negocio que excluye a los más frágiles".

En busca de la autonomía
Para salvar esta brecha durante el cumplimiento de la condena, entidades como Obra Mercedaria gestionan plazas residenciales mediante convenios con las administraciones públicas. Estos recursos permiten que personas sin domicilio ni red de acogida puedan disfrutar de permisos y realizar una transición acompañada hacia la vida en comunidad.
El verdadero problema llega cuando esos programas de acompañamiento concluyen. "La pregunta a la que nos enfrentamos siempre es: "Y cuando nosotros acabamos, ¿qué?"", reflexiona Román. Al finalizar el periodo de apoyo, la ausencia de vivienda vuelve a empujar a muchas personas a la precariedad o al sinhogarismo, elevando de el riesgo de reincidencia.

Una responsabilidad compartida
Olga Giner, presidenta del Colegio de Educadoras y Educadores Sociales de Cataluña, insiste en que el retorno a la sociedad no puede descansar únicamente sobre los hombros del individuo. Desde la educación social defienden proyectos que preparen la salida mucho antes de la excarcelación, coordinando los servicios penitenciarios, la atención social y la sociedad. Romper el círculo de la exclusión exige entender que ofrecer segundas oportunidades no solo restaura los derechos de cada individuo, sino que ayuda a construir una sociedad justa, cohesionada y segura para todos.

