Una bailarina con ELA vuelve a 'actuar' en el escenario con sus ondas cerebrales gracias a un avatar digital en Amsterdam

Breanna Olson, madre de tres hijos con ELA controló una coreografía con su mente
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Breanna Olson, madre de tres hijos, descubrió hace dos años y medio que padecía ELA. Su pasión, no obstante, seguía siendo bailar y quería tener de nuevo esa sensación. A través de sensores para medir la actividad eléctrica transmitida desde su cerebro, sus señales motoras podrían convertirse en un avatar digital. Y no lo dudó. Quería volver a tener la sensación de bailar encima de un escenario.
La representación, que tuvo lugar en el Teatro OBA de Ámsterdam en diciembre. Es la primera de este tipo que se hace y para Breanna Olson fue uno de los momentos más emocionantes e inolvidables de su vida.
Breanna utilizó unos auriculares de electroencefalograma (o EEG), desarrollados por la empresa tecnológica japonesa Dentsu Lab en colaboración con la empresa NTT Human Informatics Laboratories, la división de investigación enfocada en interfaces avanzadas entre humanos y máquinas, para registrar su actividad cerebral y las señales motoras específicas asociadas con la imaginación de ciertos movimientos de baile. Una interfaz de ondas cerebrales que traducía estas señales en instrucciones informáticas le permitió entonces transmitir cuáles de estos movimientos quería que su avatar de realidad mixta bailara en tiempo real. "Jamás imaginé que volvería a bailar sobre un escenario", confesó emocionada y cumpliendo un sueño que creía imposible, según informan la BBC y FHM.
En términos prácticos, se trata de una herramienta de comunicación asistida que amplía las posibilidades para personas con ELA. En el terreno del marketing y la publicidad, este tipo de desarrollos suele quedarse en el ámbito del laboratorio o en piezas técnicas dirigidas a audiencias especializadas. Sin embargo, en este caso, la tecnología se transformó en el eje narrativo de una campaña publicitaria con proyección internacional.
El movimiento en escena no era ejecutado físicamente por ella, sino por intérpretes que respondían a las señales generadas por su cerebro. De esta manera, la coreografía se convirtió en una extensión directa de su voluntad.
