El satélite Landsat 9 de la NASA muestra la huella de los incendios en España

El satélite Landsat 9 de la NASA muestra la huella de los incendios en España. NASA
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Los incendios forestales que han golpeado España durante este verano han dejado una imagen difícil de olvidar, tanto sobre el terreno como desde el espacio. El satélite Landsat 9, perteneciente a la NASA y al Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), ha captado una instantánea que refleja con claridad el profundo cambio sufrido por una amplia zona del territorio español tras el avance de las llamas. La cicatriz dejada por el incendio puede apreciarse incluso desde cientos de kilómetros de altura, lo que convierte la imagen en uno de los testimonios más impactantes de la temporada de incendios.

Los incendios forestales son frecuentes en Europa cada verano, pero los que se desataron en España y Francia en julio de 2026 fueron de los más grandes y devastadores que ambos países han enfrentado en décadas. Algunos de los incendios más importantes surgieron a mediados de julio en el departamento de Gironda, en el suroeste de Francia, y en las provincias españolas de Ávila y Madrid, donde las llamas obligaron a cientos de miles de personas a evacuar y destruyeron cientos de viviendas.

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El incendio de Ávila ha arrasado unas 50.000 hectáreas es el mayor registrado hasta la fecha, superando el que azotó Larouco, Quiroga y Oencia en 2025. Los satélites de la NASA detectaron por primera vez indicios del incendio de Ávila cerca de Burgohondo los días 22 y 23 de julio. Para el 24 de julio, se había fusionado con incendios en provincias vecinas, elevando la superficie total quemada a 77.000 hectáreas, un área similar a la de la ciudad de Nueva York.

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Las llamas arrasaron viviendas, restaurantes, campamentos, puertos deportivos y otras infraestructuras que rodeaban los embalses.

Según un análisis realizado por investigadores del Proyecto Estado de los Incendios Forestales, las condiciones ambientales meses antes de que se iniciaran los incendios hicieron que el paisaje tanto de España como de Francia fuera particularmente susceptible a la combustión. Un invierno inusualmente húmedo favoreció el crecimiento de la vegetación en pastizales, matorrales y sotobosques, y posteriormente, una serie de intensas olas de calor y un período de sequía resecaron la vegetación, preparándola para arder.

Los investigadores descubrieron que varios días de fuertes vientos, que en ocasiones alcanzaron los 65 kilómetros por hora (40 millas por hora), actuaron como detonante final, avivando las llamas y propiciando su rápida propagación.