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Entrevista con Luis Rojas Marcos, reconocido psiquiatra: “La vejez puede ser una de las etapas más satisfactorias de la vida”

Luis Rojas Marcos, psiquiatra español afincado en Nueva York
Luis Rojas Marcos, psiquiatra español afincado en Nueva York. Maria Ivanova
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A sus más de ocho décadas, Luis Rojas Marcos (Sevilla, 1943) mantiene intacta la curiosidad y la vocación pedagógica que lo han convertido en una de las voces más respetadas del mundo en el ámbito de la salud mental. Sevillano de nacimiento y neoyorquino de adopción desde finales de los años sesenta, su trayectoria como profesor en la Universidad de Nueva York y como responsable de los servicios psiquiátricos de la ciudad ha estado siempre acompañada de una reflexión constante sobre cómo vivimos, sentimos y afrontamos el paso del tiempo.

En su nuevo libro, ‘El regalo de los años: Claves para envejecer felices', Rojas Marcos pone el foco en una etapa de la vida a menudo relegada a los márgenes: la vejez. Lejos de asumirla como un tiempo de pérdida, el psiquiatra la reivindica como una oportunidad para el bienestar, el sentido y la plenitud, apoyándose tanto en la evidencia científica como en su propia experiencia vital. 

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En esta entrevista con la web de 'Informativos Telecinco', el autor desentraña los prejuicios que aún pesan sobre el envejecimiento —desde el edadismo hasta la idealización de la juventud—, poniendo el foco clave en las relaciones afectivas, del humor y de la preparación emocional para una longevidad cada vez más extensa.

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Y es que, ahora que vivimos más años que nunca, Rojas Marcos invita a replantear el relato colectivo sobre la vejez y a asumir, con responsabilidad y optimismo, el reto de aprender a envejecer bien.

Pregunta: En ‘El regalo de los años' planteas que la vejez puede ser una de las etapas más satisfactorias de la vida. ¿Qué te llevó a escribir este libro ahora?

Respuesta: Un día de agosto, hace unos años, de repente, tuve un momento "¡ajá!" al caer en la cuenta de que, inmerso día y noche durante décadas en el día a día del trabajo, las relaciones y las aventuras de emigrante en la ciudad de Nueva York, nunca había reflexionado sobre las vicisitudes de mi propia longevidad.

P.: En el libro hablas de la longevidad como una oportunidad. ¿En qué momento histórico crees que empezamos a ver la vejez como un problema más que como una etapa valiosa?

R.: Los prejuicios que marcan a la vejez se han hecho progresivamente más evidentes en el mundo a medida que ha aumentado la esperanza de vida. Hoy vivimos el doble de años que hace un siglo. Este alargamiento de la vida ha ido acompañado de un aumento en los estereotipos negativos que tienden a ocultar el hecho de que la mayoría de la población longeva disfruta del día a día. Hoy el estigma de la edad (edadismo) institucional se refleja en normas que restringen injustamente las oportunidades a las personas longevas y las excluyen sin considerar su competencia ni deseos.

Los sinónimos de envejecimiento: decrepitud, declive, decadencia… reflejan los valores negativos de la sociedad

Maria Ivanova

P.: En nuestras sociedades persiste la idea de que envejecer equivale a deterioro y tristeza. ¿Por qué crees que ese prejuicio sigue tan arraigado? 

R.: Los prejuicios de la vejez se manifiestan en el día a día, y reflejan los valores negativos de la sociedad y las instituciones. No tenemos más que ir al diccionario. Sinónimos de envejecimiento: decrepitud, declive, decadencia, agotamiento… Pienso que estas creencias se mantienen apoyadas por los incentivos económicos y socioculturales que conllevan la idealización y promoción de la apariencia joven y los mitos de inmortalidad y de eterna juventud.

Los medios de comunicación a menudo añaden salsa a ese estigma retratando a personas longevas en caricaturas o descripciones despectivas. Estos prejuicios ayudan a perpetuar una perspectiva pesimista y miope de la capacidad para participar, contribuir y disfrutar de los mayores. Incluso entre aquellos veteranos que expresan altos niveles de satisfacción con la vida, no faltan quienes mantienen la creencia de que a la mayoría de sus contemporáneos no les va bien.

Confieso que entre los profesionales de la sanidad tampoco faltan quienes tienden a creer en la inevitabilidad de la infelicidad en la vejez, lo que los distrae a la hora de proveer una asistencia centrada en el bienestar integral —físico, mental y social— del paciente.

El temor a ser marcado por la tara de la ancianidad puede convertirse en un peligro silencioso que afecta a la autoestima

Maria Ivanova

P.: ¿Qué consecuencias psicológicas tiene para las personas mayores interiorizar esa visión negativa?

R.: La visión negativa de la tercera etapa se cuece incluso en las mismas personas mayores que albergan prejuicios que dañan su autoestima y las empujan al retiro y aislamiento. El temor a ser marcado por la tara de la ancianidad o al qué dirán puede convertirse en un peligro silencioso, especialmente cuando afecta seriamente la autoestima e impide buscar atención médica o psicológica. 

Esta resistencia a pedir ayuda —por miedo a parecer frágiles, dependientes o quejicas— no solo retrasa diagnósticos y tratamientos necesarios, sino que además refuerza los prejuicios que asocian la vejez exclusivamente con el deterioro.

P.: ¿Crees que las nuevas generaciones están cambiando la forma de entender la vejez?

R.: Poco a poco. La vejez continúa siendo la etapa más descuidada del ciclo de la vida. Los estereotipos y las costumbres tienden a ocultar no solo el aumento de la esperanza de vida, sino el hecho de que el estigma restringe injustamente las oportunidades a las personas longevas sin considerar su competencia ni sus deseos. También me sorprende la tendencia colectiva a ignorar e incluso enterrar la evidencia científica que demuestra que son mayoría las personas longevas que se consideran eficaces y dichosas.

P.: ¿Cuáles son los factores que más influyen en un envejecimiento feliz?

R.: Trabajando en el mundo de la salud, he podido comprobar la base emocional positiva que conservamos en la tercera etapa. Este espíritu se manifiesta en emociones que van desde la paz cuando nos sentimos en armonía con nosotros mismos, a la alegría de actividades amistosas compartidas que nos cautivan. A menudo damos prioridad a las experiencias placenteras a corto plazo a través de los cinco sentidos. 

Por otra parte, un impulso natural en la tercera etapa es crear el guion de nuestra vida enfocando los recuerdos de manera constructiva. El humor también nos ayuda a distanciarnos emocionalmente de las incongruencias y percibir la comicidad en nosotros mismos y en las circunstancias.

No solemos prepararnos para la tercera etapa y a muchos nos pilla desprevenidos

Maria Ivanova

P.: ¿Cómo de importante resulta prepararse para una vejez saludable?

R.: Llama la atención que, mientras que en la primera etapa de la carrera de la vida nos entrenamos metódicamente para abordar los retos de la segunda, en los años de adultez no solemos prepararnos para la tercera y a muchos nos pilla desprevenidos y nos desorientamos.

La soledad no deseada es una señal de alarma que requiere atención inmediata

Maria Ivanova

P.: En el libro insistes mucho en la importancia de las relaciones sociales. ¿Hasta qué punto la soledad puede afectar a la salud mental y física en la vejez? ¿Por qué las personas más sociables parecen vivir más?

R.: Si nos paramos a pensar sobre cuáles son las parcelas primordiales de nuestra dicha, la gran mayoría de hombres y mujeres en la tercera etapa apuntan a las relaciones afectivas, bien sean de pareja, de familia, de amistad o con personas con quienes comparten aficiones, intereses y valores.

La soledad no deseada es una señal de alarma que requiere atención inmediata. La soledad es una experiencia subjetiva que va acompañada de emociones negativas como tristeza, nostalgia, irritación y vergüenza. Con el tiempo altera la mente y el cuerpo, daña la salud y predispone a sufrir enfermedades cardiacas, ansiedad, comportamientos autodestructivos y depresión.

En 2022, salió a la luz el primer informe oficial sobre los efectos dañinos de la soledad en la salud y concluía que, si no tomábamos medidas urgentes, nos retiraríamos a nuestros rincones enojados, solos y enfermos. La soledad está, además, estigmatizada. Nos avergüenza admitirla y tardamos en buscar ayuda.

Cada día más países reconocen la soledad como un problema de salud pública y crean ministerios dedicados a combatirla, promoviendo actividades comunitarias, caminatas, viajes, talleres y celebraciones tradicionales que fomentan la vida compartida. Aunque las redes y robots sociales y el uso de la inteligencia artificial pueden ofrecer algunas opciones de conexión, su uso excesivo aumenta el aislamiento, al limitar la convivencia en persona.

Estoy convencido de que, en gran medida, las mujeres viven más porque hablan más

Maria Ivanova

P.: Según estadísticas, las mujeres suelen vivir más que los hombres. ¿Qué papel juegan las relaciones y la expresión emocional en esa diferencia?

R.: La esperanza de vida de los españoles se encuentra entre las ocho más dilatadas del planeta, en particular para las mujeres. Ellas viven 86,5 años de promedio, mientras que ellos viven 81,3 años. Por cierto, en general, las mujeres son más extrovertidas que los hombres. La mayoría de los estudios comparativos revelan que ellas articulan al día hasta diez mil palabras más que ellos. Al mismo tiempo, la esperanza de vida de las mujeres en el mundo es de promedio cinco años más larga que la de los hombres. Estoy convencido de que, en gran medida, viven más porque hablan más.

P.: Mirando tu propia vida, ¿hay alguna lección sobre el paso del tiempo que te hubiera gustado saber cuando eras joven?

R.: Creo que pueden ser de utilidad para quienes, en lugar de poner su esperanza en poderes ajenos, como en el destino, en la suerte o en el "que sea lo que Dios quiera", prefieran ocupar el centro de control, tomar el timón y prepararse con ilusión y confianza para disfrutar a fondo el largo recorrido de la tercera etapa hasta cruzar la meta.

La conciencia de finitud se transforma en un manantial de energía y creatividad

Maria Ivanova

P.: ¿Y cómo puede una persona redescubrir motivaciones cuando siente que su etapa más productiva ya ha pasado?

R.: El presagio de transitoriedad o de tener que salir un día de este mundo sin retorno, aunque lo escondamos o disfracemos, forma parte del argumento de nuestra carrera. Sin embargo, la conciencia de finitud a menudo se transforma en un manantial de energía, creatividad y en un poderoso aliciente para vivir.

P.: Con el aumento de la esperanza de vida, ¿cómo crees que cambiará la forma de entender la vejez en las próximas décadas?

R.: Una longevidad larga, saludable, productiva y dichosa ya no es el privilegio de unos pocos, sino el destino de la mayoría. El desafío que se abre ante nosotros es el de aprender a envejecer y a disfrutar la tercera etapa de la carrera vital.