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Neil Young también cancela sus conciertos en Europa: ¿es el fin de las grandes giras de los veteranos del rock?

Neil Young
Neil Young suspende sus conciertos europeos de 2026. Getty Images
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A sus 80 años, Neil Young acaba de cancelar todas las fechas europeas de su tour 2026 con un mensaje breve y directo en su web: “He decidido tomarme un descanso y no voy a hacer la gira por Europa esta vez. Gracias a todos los que compraron entradas. Siento decepcionaros, pero no es el momento adecuado". Un gesto humilde que a la vez se siente como otra palada de tierra sobre modelo de gira que han protagonizado los veteranos del rock en los últimos 30 años. Porque lo de Young no es algo coyuntural, sino un patrón que últimamente viene repitiéndose más de lo que nos gustaría.

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Un fenómeno inevitable

Parte de este fenómeno es inevitable. Los huesos se quiebran, las gargantas se resienten, el cuerpo pide tregua. Los Rolling Stones, que década tras década parecían inmunes al paso del tiempo, también han descartado una gira europea de estadios prevista para este año. La razón oficial fue la salud de Keith Richards -82 años, artritis- y la constatación de que un tour de cuatro meses bajo presión física ya no entra en los planes de la banda.

Otro ejemplo reciente: Twisted Sister, la banda de glam metal que triunfó en los 80, ha cancelado su gira mundial de 50º aniversario tras anunciar que su líder, Dee Snider, se retira por motivos de salud y que la banda no podía seguir con el nivel de exigencia que ellos mismos se marcaron. Si vamos un poco más atrás podemos recordar a Aerosmith suspendiendo su gira de despedida por una lesión vocal de Steven Tyler, o a Morrissey anulando conciertos día sí día también por "motivos de agotamiento extremo del artista". Incluso en nuestro país está el ejemplo de Rapahel, teniendo que interrumpir su gira Raphaelísimo por motivos médicos.

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Podría pensarse que todo es una simple cuestión de edad, pero el contexto sugiere algo más sistémico. El modelo de gira que dominó la segunda mitad del siglo XX y la primera década del XXI cada vez es menos viable en términos logísticos, económicos y humanos. La travesía de meses seguidos en autobús y aviones, la presión de cumplir con sponsors, productores, redes sociales y expectativas del público ha desgastado a una generación que una vez encarnó el sueño del rock’n’roll all nite.

Redimensionamiento forzoso

El agotamiento de los veteranos llega en un mercado saturado por las experiencias en vivo, plagado de macro y microeventos. La atención está más fragmentada que nunca, porque el deseo de ver a los clásicos compite con la urgencia por descubrir nuevos géneros y talentos. Y la necesidad de estar permanentemente en la carretera en una época en la que los discos ya no son la principal fuente de ingresos -o ni siquiera una fuente- obliga a artistas que sobrepasan los 70 y los 80 años a un sobresfuerzo que puede terminar pasando factura.

Lo cierto es que el ciclo de giras de rock clásicas —la aspiración de miles de fans de ver a sus viejos héroes una y otra vez— está entrando en una fase de redimensionamiento forzoso. Por ejemplo, desde que se recuperó de la reacción que le provocaba el glicol en sus presentaciones en directo, Bunbury decidió que ya no haría más giras interminables y se concentraría en unas cuantas fechas cuidadosamente seleccionadas. Por su parte, veteranos como Paul McCartney (83 años) o Bruce Springsteen (76) sigue haciendo giras pero con un calendario meticulosamente planificado, a menudo tocando shows largos pero con descansos significativos entre ellos. El rock debe reinventarse y, por extraño que suene, eso también significa dejar atrás la ilusión de que los viejos titanes pueden seguir girando hasta el infinito.