La fotografía como terapia, una tendencia cada vez mayor: "Busca un poco lo extraordinario en lo ordinario"

Cada vez más personas recurren a la fotografía como vía de escape y para aprender a ver la realidad con otra mirada
La imagen viral tomada desde el balcón de una casa que muestra 548 galaxias
La fotografía no solo es el arte y el conocimiento de saber cómo cazar gestos o capturar imágenes que parezcan una pura casualidad, sino que es una técnica que cada vez gana más adeptos y con el paso de los años se va poniendo más de moda.
Y los profesionales pueden decir que disfrutan haciendo su oficio, pero hay gente que lo tiene por hobby y que encuentra la paz en la instantánea del momento. Hay imágenes que sorprenden por lo normal que parecen y el sentimiento que despiertan que incluso son capaces de que la mirada de mantenga durante largos minutos.
Esa habilidad la tiene desde hace 40 años Isabel Azkarate, que durante décadas ha capturado rostros, poses, miradas, personas más comunes o personalidades que ha sido incapaz de olvidar porque representan sus ilustraciones más conocidas.
Porque para la artista un simple paseo por su ciudad, San Sebastián, significa una búsqueda de inspiración y la escena más normal como una persona distraída sentada en un banco, dice mucho para ella y también para todo el que tiene la suerte de poder contemplar sus fotografías.
La evolución de la fotografía y la importancia de saber ver
Al principio salía con su cámara analógica como lo hace hoy con su propio móvil, a la caza de ese momento que para ella significa mucho más de la propia realidad. Pero como ella existen más personas que entienden ese concepto de realidad, como el grupo de amantes de la fotografía cuyo punto de encuentro es Malasaña y que se lanzan a las calles de Madrid para buscar sus musas.
No son profesionales que se dediquen a la fotografía como oficio, sino más bien como terapia, tal y como confiesa uno de ellos al equipo de Informativos Telecinco: "Yo cuando estoy hasta arriba del trabajo me escapo, es que vuelvo con la sonrisa puesta".
Porque tiene sentido: saber apreciar lo bonito de lo que aparentemente podría pasar desapercibido genera otra percepción más romántica en la mente: "Busca un poco lo extraordinario en lo ordinario, eso es lo que se entrena, aprender a mirar y a ver cosas que otras personas no ven", explica Nacho Varela.
