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Eros Ramazzotti, de gira tras convertirse en abuelo: “El amor es la base de todo”

Eros Ramazzotti: "El amor sigue siendo fundamental; es la base de todo"
El italiano lleva 40 años sobre los escenarios. (Instagram)
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Hubo un tiempo —larguísimo además— en que Eros Ramazzotti sonaba absolutamente en todas partes. En los coches familiares atravesando la costa mediterránea camino de Benidorm, en los radiocasetes de cocina, en las peluquerías de barrio donde las señoras comentaban divorcios ajenos mientras barrían mechones del suelo y, sobre todo, en ese territorio sentimental donde media Europa todavía utilizaba canciones para recordar a alguien. Luego llegaron el autotune, las playlists fabricadas por algoritmos y los chavales cantando como si acabaran de despertarse dentro de una lavadora industrial. Pero Eros siguió ahí. Y eso tiene bastante más mérito del que parece.

Hay artistas que envejecen mal porque dependían demasiado de parecer modernos. Ramazzotti, en cambio, siempre fue exactamente Eros Ramazzotti: esa voz rota y nasal, esos dramas sentimentales cantados con intensidad de italiano lloroso bajo la lluvia después de una discusión amorosa y esa capacidad casi milagrosa para convertir cualquier ruptura en un asunto de importancia continental.

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Ahora vuelve con Una historia importante World Tour, gira internacional que acaba de pasar por España y que le mantendrá ocupado hasta (¡ojo!) mayo de 2027. El nombre funciona casi como autobiografía involuntaria. “Una historia importante” fue uno de los temas que lo dispararon en los años ochenta, cuando aquel chico nacido en Cinecittà —barrio obrero del sur de Roma, hijo de un cantante frustrado y una ama de casa— empezó a colarse en medio planeta gracias a una mezcla de pop, melodrama y vulnerabilidad masculina sin demasiadas defensas.

“Después de más de cuarenta años —dice—, cada concierto sigue sorprendiéndome, pero el momento más especial sigue siendo siempre el que se crea en el escenario durante cada actuación en directo y el contacto con el público”.

Y añade: “La preparación va más allá de lo que se ve sobre el escenario; detrás de cada actuación hay horas de ensayos, trabajo técnico y una gran coordinación con todo el equipo, entre el sonido, la iluminación y los detalles que hay que pulir. Es un proceso minucioso, a veces casi invisible, que sirve para que luego todo fluya con naturalidad y para que el público pueda disfrutar del espectáculo sin distracciones”.

Quizá la parte más curiosa del viaje sea precisamente el paso del tiempo. Porque resulta raro —y un poco enternecedor— pensar que aquel icono romántico de los noventa sea hoy abuelo. Su nieto Cesare nació en 2023. La vida pasa así de rápido: un día llenas carpetas adolescentes y al siguiente enseñas vídeos del niño en el móvil mientras preparas una gira mundial de año y medio. Pero también hay algo bonito en eso. Ramazzotti nunca ha intentado disfrazarse de veinteañero urbano ni fingir que el tiempo no existe. Simplemente ha madurado delante del público. Que seguramente sea una de las pocas formas dignas de hacerse mayor en el pop.

Puede que ahí resida una de las claves de su supervivencia. Eros Ramazzotti nunca fue un artista preocupado por parecer sofisticado. Lo suyo eran canciones enormes sobre emociones enormes. Y además pertenecía a una generación de músicos italianos —Laura Pausini, Zucchero, Andrea Bocelli, Nek— que entendieron antes que nadie que no hacía falta sonar anglosajón para conquistar el mercado internacional. Al contrario: cuanto más italianos parecían, mejor funcionaban. El acento, la intensidad sentimental, el dramatismo mediterráneo, todo aquello que podía parecer excesivo terminó convirtiéndose en marca mundial.

Entre España y Eros siempre hubo algo bastante natural. Quizá porque aquí también existe cierta tradición del exceso emocional bien entendido. Siempre se entendió como un gesto natural que Eros grabase la mayoría de sus canciones en español. Durante décadas, además, Ramazzotti ayudó a construir un puente muy particular entre el pop europeo y el mercado internacional. Ahí quedaron duetos con Tina Turner, Cher, Anastacia, Ricky Martin o Alejandro Sanz, artistas distintos unidos muchas veces por una misma idea: la canción sentimental como idioma universal.

Un año y medio lejos de su familia

La actual gira le tendrá más de año y medio fuera de casa, una vida itinerante que a los veinte puede parecer romántica y a ciertas edades empieza a exigir cierta ingeniería emocional doméstica. “Se aprende a encontrar el equilibrio”, dice. “No siempre es fácil estar lejos de casa, pero con el tiempo encuentras tu manera de gestionar los ritmos y mantener cerca a tus seres queridos, incluso a distancia”.

Hay algo casi antropológico en contemplar hoy a Eros Ramazzotti: el hombre que pasó media vida cantando al deseo, a las rupturas y a los amores imposibles convertido ahora en abuelo mediterráneo con gira mundial, y esa calma un poco cansada de quien ya no necesita demostrar demasiado. Aunque luego suba al escenario y siga cantando como si acabaran de romperle el corazón en una Vespa aparcada frente al Coliseo.

Sigue escribiendo además la mayor parte de sus canciones, algo que para él continúa ligado directamente a la experiencia personal. Y, claro, el amor sigue apareciendo constantemente en sus letras. Pero habla de él ya desde un lugar más amplio y menos adolescente. “El amor sigue siendo fundamental porque es la base de todo”, asegura. “No es solo el amor romántico, sino también el amor por la familia, por los amigos, por la vida misma. Es algo en lo que todos siguen reconociéndose”.

Así es el Eros actual: menos galán atormentado y más patriarca sentimental italiano que ha sobrevivido a divorcios, cambios de época y cuarenta años de exposición pública sin perder del todo cierta vulnerabilidad. Porque Ramazzotti pertenece a una generación de hombres que todavía podían cantar el drama amoroso sin miedo a parecer intensitos. De hecho, cuanto más intensitos, mejor. Aquello era prácticamente un deporte nacional.

Cuando se le pregunta si hoy haría otro tipo de música, responde con bastante lógica: “Probablemente no, porque al fin y al cabo la música que haces siempre está ligada a lo que eres. Quizá cambiarían los sonidos, los estilos o el contexto, pero el enfoque seguiría siendo el mismo: sincero y personal”.

Y quizá esa sinceridad sentimental —a veces excesiva, a veces casi ingenua, siempre reconocible— explique por qué sigue llenando recintos cuarenta años después. Porque en medio de tanta música diseñada para durar exactamente lo mismo que una story de Instagram, Eros Ramazzotti continúa representando algo bastante raro hoy: el tiempo largo de las emociones. Esa vieja idea de que una canción puede acompañarte durante décadas, sobrevivir a divorcios, mudanzas, hijos, nietos y cambios de moda sin perder del todo su sitio en la vida de alguien.