David Summers recuerda el boom de los Hombres G en los 80: "Nosotros decíamos que sí a todo"
El cantante rememora cómo lidiaron con una popularidad abrumadora cuando apenas habían superado la veintena
Hombres G: “Para un tío de 50 ir a un concierto de un grupo de su juventud con su hijo es la leche"
Hubo un momento en la segunda mitad de los años 80 en el que parecía imposible caminar por cualquier ciudad de España o de Latinoamérica sin escuchar una canción de Hombres G. Aquel fenómeno, protagonizado por cuatro jóvenes que apenas habían superado la veintena, desató una histeria colectiva inédita en el pop español. Lo admirable es que, cuando el éxito parecía capaz de engullirlo todo, ellos siguieron comportándose como cuatro amigos que disfrutaban haciendo música.
Cuatro décadas después, David Summers, Rafa Gutiérrez, Dani Mezquita y Javi Molina siguen llenando recintos y reuniendo bajo un mismo escenario a padres, hijos e incluso nietos. De cómo lidiaron con la fama más abrumadora habla el cantante del grupo en una reciente entrevista en 'Esquire'.
Cuando publicaron 'Devuélveme a mi chica' en 1985, ninguno de los integrantes estaba preparado para la magnitud del fenómeno que estaba a punto de desencadenarse. Tenían poco más de veinte años y pasaron, prácticamente de la noche a la mañana, de tocar en pequeños locales madrileños a vender millones de discos y protagonizar películas.
"A nosotros nos pasó todo esto, que podría haber dañado nuestra salud mental, cuando éramos unos niños con 19 y 20 años. Yo creo que para poder gestionar una cosa así tienen que pasar dos cosas: o bien que seas muy maduro para tu edad, o bien que seas un inconsciente absoluto. Y a nosotros nos pasaban las dos cosas. Por un lado, éramos lo suficientemente maduros como para tener la capacidad de saber qué puerta no abrir y qué camino seguir. Tuvimos esa sapiencia con 20 años, que es algo increíble. Porque yo veo a mis hijos ahora, que tienen 26, y no les creo capaces de tomar esas decisiones", explica David Summers en dicha entrevista.
"Al mismo tiempo, éramos unos inconscientes. La inconsciencia y la valentía se confunden bastante. Nosotros decíamos que sí a todo porque no sabíamos a lo que nos enfrentábamos, solo sabíamos que nos divertía. Y lo que más nos ayudó, sin duda alguna, fue el sentido del humor. Nosotros nos reíamos de todo lo que nos pasaba", reflexiona.
La presión mediática, las giras interminables y el fenómeno fan podrían haber desestabilizado a cualquiera. Sin embargo, Summers ha explicado en numerosas ocasiones que no tomarse demasiado en serio a sí mismos fue una herramienta fundamental para mantener los pies en el suelo.
El consejo que cambió la forma de vivir el éxito
Si hay una figura decisiva para entender por qué David Summers nunca perdió el contacto con la realidad, esa fue la de su padre, el cineasta Manuel Summers. En otra extensa conversación con 'Jot Down', el cantante recordaba los consejos que recibió justo cuando empezaba a convertirse en una estrella.
"Mi padre siempre me decía: 'Ten los pies en el suelo, trata a todo el mundo con amabilidad siempre... a los periodistas, a los fans, sé amable con todo el mundo'. Creo que no se me ha ido mucho la olla con todo esto", contaba.
Cuatro amigos antes que una banda
Mientras otras formaciones acababan fracturadas por los egos o las luchas internas, Hombres G siempre defendió que la amistad estaba por encima del negocio. "Esto es un grupo de amigos que se juntó para hacer música y no un grupo de músicos que se juntaron para hacer música y después se hicieron amigos", apunta Javi Molina en otro momento de la charla con 'Esquire'.
Esa relación explica también que, tras la separación de los años 90, decidieran reencontrarse en 2002 sin necesidad de reinventarse. El público seguía esperando a aquellos cuatro amigos que parecían disfrutar igual sobre el escenario que cuando empezaron ensayando en Madrid.
Lo que en los 80 era una explosión de adolescentes hoy se ha convertido en un fenómeno familiar. En muchos conciertos coinciden quienes descubrieron 'Venezia' cuando eran jóvenes con sus hijos e incluso con sus nietos.
"Hemos cambiado mucho, pero yo creo que a mejor. Lo único bueno de hacerse viejo es que te das cuenta de lo tonto que eras e intentas siempre mejorar la versión de ti mismo, ser un poquito mejor, más consciente, más maduro, más amable", concluye David.
