Julia Navarro: "Antes no se podían decir las cosas a las claras a los padres o a los abuelos y ahora sí, y esto es positivo”

La escritora publica 'Una familia moderna', un retrato coral que le sirve para reflexionar sobre la soledad, las relaciones o la inmigración
"Mi marido no tiene amigos": por qué muchos hombres más allá de los 50 van dejando de lado su vida social
Un rato con Julia Navarro da para mucho: la escritora se da el relevo con la periodista que también es en un diálogo sobre su obra, pero también sobre la actualidad. Eso sí, el centro de la conversación gira en torno a la familia. Más concretamente, Una familia moderna (Plaza & Janés), el libro en el que la autora vuelve la mirada hacia la institución más antigua y, al mismo tiempo, más cambiante de nuestra sociedad.
A través de sus personajes, la escritora aborda el envejecimiento, las relaciones entre generaciones, la educación, la soledad, la inmigración y una paradoja de nuestro tiempo: nunca habíamos tenido tantas herramientas para comunicarnos y, sin embargo, cada vez parece más difícil escucharnos.
Navarro reivindica el valor de la conversación, del pensamiento crítico y hasta del aburrimiento frente a una sociedad marcada por la gratificación inmediata y el exceso de estímulos. También cuestiona la evolución del sistema educativo español y alerta sobre una sociedad cada vez más infantilizada y menos tolerante con la discrepancia.
¿Qué significa para ti una familia moderna?
Yo creo que moderno es todo lo actual. Vivimos en una sociedad en la que hay muchas familias y todas son modernas. El hoy, aquí y ahora, es lo moderno.

¿Cómo surge la idea de escribir este libro?
Este libro nace porque Pilar Cernuda me regaló No me gusta mi cuello, de Nora Ephron. Al leerlo, me impacta que una intelectual como ella escriba de repente un libro cuya preocupación real es que no le gusta su cuello porque tiene arrugas. Eso despertó en mí una reflexión sobre lo que significa el paso del tiempo y, sobre todo, sobre lo que significa en la sociedad actual. Creo que no es lo mismo que sucedía antes, cuando se aceptaba mejor lo que era el declinar de la vida. Detrás de todo ese auge por mantenerse joven creo que hay algo más profundo: la angustia vital de sentir que se te escapa la vida. Parece que si te mantienes aparentemente joven estás retrasando esa última etapa, ese final. Estás ganándole tiempo al tiempo.
En el fondo, la preocupación de Nora Ephron por su cuello sería una de las grandes preocupaciones universales del ser humano: el envejecimiento y la cercanía de la muerte.
Yo creo que el envejecimiento es algo a lo que todos nos enfrentamos en un momento determinado. Envejecer es una putada. No hay manera de dulcificarlo. Hay un momento en la vida en que eres consciente de que pasan los años y que estás en tiempo de descuento.
¿Y cuándo aparece en nosotros esa conciencia de que el tiempo se acaba?
No sería capaz de fijarlo en un momento preciso. Simplemente, un día te miras al espejo y dices: "Bueno, pues confieso que he vivido. Ha pasado la vida por mí". Yo soy muy consciente de la edad que tengo y de que me tengo que morir. ¿Me gusta? No. Reitero: me parece una de las mayores putadas que me han hecho en la vida.
El libro también habla de las diferencias entre generaciones. ¿Ha aumentado la brecha entre padres, hijos y abuelos?
Ahora las relaciones entre padres, hijos y familiares han cambiado completamente. Seguramente tú a tu abuelo no habrías sido capaz de decirle lo que, a lo mejor, un día tu nieto te dirá a ti. Ahora las conversaciones son más sinceras. Hemos perdido un poco esa verticalidad que había antes.
¿Y crees que perder esa verticalidad ha sido positivo?
Creo que sí. Se ha producido un cambio en la manera de relacionarnos unos con otros. Antes las relaciones familiares estaban mucho más pautadas. Con los padres no se hablaba de determinadas cosas, a los abuelos no se les daba una mala contestación... Había otras normas de comportamiento y de relación. Eso ha cambiado y ya no existe. A lo mejor antes uno estaba mirando a su abuelo y pensaba "pero qué tonto es", pero no se lo decía. Y ahora la nieta se lo dice a la abuela.
En el libro la familia se lleva bastante mal. Pero, como suele decirse, de las familias felices nadie escribe porque no hay conflicto.
Claro. Y además sería mentira. En todas las relaciones humanas hay momentos buenos, momentos malos, momentos de encuentro y momentos de desencuentro. Otra cosa es cómo se gestiona todo eso. ¿Qué le pasa a mi familia del libro? Que no se escuchan los unos a los otros. Y yo creo que ese es uno de los grandes problemas de la sociedad en la que vivimos: que nadie se escucha.

Hablando de educación: ¿crees que la generación que ahora somos padres nos hemos equivocado en la manera de educar a nuestros hijos?
No sé si nos hemos equivocado. Yo no haría una enmienda a la totalidad diciendo que nos hemos equivocado en todo. Como en todo en la vida, a veces se acierta en unas cosas y se falla en otras. En lo que sí que creo que hemos fracasado es en el sistema educativo.Hemos vaciado de contenido los currículos escolares, quitando a los niños herramientas importantes para ser ciudadanos críticos.
¿Qué contenidos se han perdido?
Un sistema educativo en el que desaparece la filosofía, la historia.... Hemos ido sacando contenidos del sistema educativo y no sé muy bien con qué objetivo. Los niños, afortunadamente, siempre tienen curiosidad. Eso les viene de fábrica.
¿Y qué papel juegan las nuevas tecnologías en esa pérdida de capacidad crítica?
Las nuevas tecnologías forman parte del presente. Están ahí, así que utilicémoslas si nos facilitan la vida. Eso sí, creo que tener siempre a mano una pantalla en la que pulsas y te lo da todo hecho puede acortar la imaginación. Eso no significa que no haya que tener ordenadores o móviles. Significa que hay que gestionarlos de otra manera y utilizarlos como un elemento complementario de la educación. Cuando mi hijo, que ya tiene 33 años, venía del colegio y me decía que tenía que hacer un trabajo, yo siempre le contestaba: "Vamos a buscar en los libros. Nos sentamos los dos, buscamos y yo te cuento lo que sé". Siempre le decía: "A Internet hay que ir sabido".
Y ahora tenemos además la inteligencia artificial, que puede hacer directamente parte de ese trabajo por nosotros.
La inteligencia artificial es un gran negocio con el que se van a forrar unos cuantos listos. Y yo creo que debería tener algún tipo de control por parte de la sociedad a través de los gobiernos. No se puede dejar en manos de empresas privadas.
Antes hablábamos de que ahora las conversaciones son más directas, pero ¿significa eso realmente que dialogamos más?
Ese es el problema: aparentemente estamos hipercomunicados, pero al final no nos comunicamos. Las personas pueden decirse las cosas de una manera más clara, pero eso no significa que exista diálogo. Hay algo que me aterra. Vas, por ejemplo, un domingo en Madrid a un restaurante y en la mesa de al lado ves una familia: la madre con el móvil, el padre con el móvil y los niños con el móvil. A mí muchas veces me dan ganas de levantarme y decirles: "Perdonen ustedes, ¿para qué han salido juntos?".
¿Tiene que ver eso con una sociedad que busca constantemente la gratificación inmediata?
Por supuesto. Vivimos en una sociedad cada vez más infantil, que tiene muy poca capacidad para las contrariedades y para afrontar los problemas.
Otro de los temas que aparecen en la novela es la inmigración, a través del personaje de Lucía, la empleada del hogar. ¿Cómo estamos gestionando esta realidad?
La estamos gestionando fatal. Quiero decir una cosa: si yo tuviese 20 años y fuera marroquí y no perteneciera a la élite, que son los que se reparten la riqueza del país, cogería la mochila, empezaría a andar e intentaría llegar a Europa, a cualquier país donde pudiera tener un futuro y una vida mejor. Entiendo a la gente que se marcha buscando una vida mejor. Yo lo haría.
Por otro lado, la historia de la humanidad es una historia de inmigraciones. ¿Qué ocurre? Que ahora hay cada vez más gente en el mundo y, además, los medios de comunicación nos dan noticias casi al minuto de lo que sucede. Y hay muchos países donde la miseria y la falta de oportunidades son insoportables. La gente tiene acceso a ver otras cosas que hace 30 o 40 años no podían ver. Las ven y piensan: "Yo también quiero eso". Y están en su derecho.

