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El monumental enfado de Fito Páez en un concierto: "No quiero volver a sentir los 70 otra vez en mi país"

Fito Páez
Fito Páez, en un concierto en México en 2025. Getty Images
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Hay ocasiones en las que un concierto toma una deriva muy distinta a la que el artista tenía pensado inicialmente. Un público apagado, fallos técnicos, problemas de acústica o una petición inesperada puede cambiar lo que sucede sobre las tablas. Fito Páez tuvo que lidiar con una de esas situaciones extraordinarias durante su actuación en el Polideportivo Islas Malvinas de Mar del Plata. El cantante argentino detuvo el recital y descargó toda su furia contra el personal de seguridad después de observar cómo algunos espectadores que se habían levantado para cantar y bailar eran obligados a volver a sus asientos.

Ocurrió durante su concierto del sábado 3 de octubre, dentro de su gira Sale el Sol Tour 2026. El público estaba acompañando las canciones de pie cuando Páez advirtió la intervención de los trabajadores de seguridad. El músico detuvo el espectáculo y cuestionó su actitud cuando, según su percepción, nadie estaba provocando problemas: "Nadie está interrumpiendo nada. Déjenme de joder. No quiero volver a sentir los 70 otra vez en mi país. Esté quien esté, la co... de su madre. A cantar y a bailar”.

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La alusión a los años de la última dictadura argentina elevó inmediatamente el tono y generó una respuesta inmediata entre los espectadores, que lo acompañaron con aplausos y gritos. Páez siguió y les pidió a los asistentes que no se dejaran avasallar. "No se dejen tocar ustedes. Si alguien los toca, frénenlo. No son policías, son seguridad de acá y nadie está haciendo nada malo. Por favor, la represión que se la metan en el or...", espetó. En plena descarga de furia llegó a arrojar el micrófono sobre el escenario antes de apartarse durante unos minutos y retomar después el concierto.

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"No me arrepiento de una sola palabra"

Horas después del bolo, Páez publicó en sus redes sociales un extenso mensaje. Allí explicó que la seguridad no había sido contratada por sus representantes y que había visto directamente cómo algunos trabajadores sentaban a personas que se habían levantado para cantar y bailar desde sus propias ubicaciones. “Las maneras que vi me retrotrajeron a un pasado horripilante e indeseado. Y no tan pasado tampoco, las represiones en las marchas de jubilados y en manifestaciones populares con derechos constitucionales funcionan en gran escala con víctimas de todo tipo", explicaba.

Su reflexión fue mucho más allá del concierto. En esencia, planteó que aceptar como normal que alguien con una posición de poder pueda imponer su voluntad sobre otra persona termina afectando a la libertad de todos. "Algo en nuestra sociedad se está instalando, naturalizando. Alguien con un arma o un poder supuesto, impone su voluntad sobre los demás”.

"Exploté y no me arrepiento de una sola palabra que dije con la adrenalina en sangre. Tu libertad es muy importante para la mía. ¡La música curó todo! El baile, el canto y el abrazo de todo el estadio encendido de amor. ¡Viva la música! ¡Gracias Mar del Plata!. I’m a warrior I’m never surrender", concluía el músico.

La versión de la organización

Por su parte, la organización del concierto negó que existiera una política destinada a mantener sentado al público, pero admitió que hubo actuaciones concretas que no se ajustaron a las instrucciones. Según recoge 'La Nación', el recinto tenía localidades numeradas y distintos sectores, con entradas de precios diferentes. La consigna para la seguridad era impedir que quienes habían comprado una localidad más alejada avanzaran hasta las primeras filas y ocuparan lugares que correspondían a otros espectadores, pero algunos trabajadores pudieron interpretar mal la instrucción y pedir a determinadas personas que volvieran a sentarse.

Mientras, el Sindicato Único de Trabajadores de Control de Admisión y Permanencia, Sutcapra, salió públicamente en defensa de los trabajadores y cuestionó la manera en la que Páez se refirió a ellos. La organización sostuvo que ningún trabajador debería ser insultado, humillado o deshumanizado por cumplir con su tarea.