Benito Rabal recuerda a su padre en su centenario: "Paco era un niño de pueblo y cada trabajo le parecía el primero"
El documental '200 vidas, Paco Rabal' rinde homenaje a uno de los grandes actores del cine español
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MadridLa propia voz, grave e inconfundible, de Paco Rabal guía a los espectadores de Paco Rabal, 200 vidas el documental dirigido por Vanessa Benítez que acaba de estrenarse. Es el actor, del que este año se cumple su centenario, el que cuenta su vida, desde su infancia en Águilas (Murcia) hasta los papeles que lo convirtieron en uno de los intérpretes más conocidos del cine español.
La cinta, que se estrena coincidiendo con el centenario del actor, nacido en 1926, es un retrato certero tanto de la vida profesional como personal de Rabal, que trabajó a las órdenes de cineastas como Luis Buñuel, William Friedkin, Michelangelo Antonioni, Carlos Saura o Mario Camus. Un personaje único, sin el que el cine español no se entendería, y que recordamos en una emocionante charla con su hijo, Benito Rabal, cineasta y que trabajó numerosas veces con su padre.
Uno de los grandes hallazgos del documental es el uso de la voz de tu padre a partir de grabaciones. ¿De dónde salen?
Proceden del libro Si yo te contara, que mi padre escribió con la ayuda de Agustín Cerezales Laforet. Agustín, que era muy profesional, grabó todas las conversaciones en cintas de casete. Además, en la película también aparece un montón de grabaciones de entrevistas, vídeos casos... Mi madre (la actriz Asunción Balaguer) era una hormiguita y lo iba guardando todo. Creo que sabía que algún día ese material tendría importancia.

Los vídeos de Super-8 que aparecen en el documental son grabaciones de tu propio padre...
Sí, hay grabaciones caseras, pero también películas que se inventaba él, que escribía y dirigía con nosotros, sus hijos, como actores. Era su manera de transmitirnos una serie de valores, porque todas tenían su moraleja, y también de compartir con nosotros la vocación que tenían mis padres.
Al final, os metió el mundo del espectáculo en la sangre, porque tanto tú como tu hermana Teresa habéis seguido ese camino.
Sí, pero nunca fue una obligación. Nuestro padre nunca nos dijo que tuviéramos que dedicarnos a esto, sino que nos lo pasábamos muy bien haciéndolo y nos acabó gustando tanto que nos terminamos por dedicar al cine.
Además de esas películas caseras, en el documental aparece mucho material que tu padre grababa cuando estaba trabajando...
Mi padre siempre llevaba encima una cámara.Tenía la fortuna de salir fuera, conocer a muchísima gente y vivir experiencias que quería compartir con quienes nos quedábamos en casa.
Era una manera de trasladaros todo lo que estaba viviendo.
Exactamente. Muchas veces, además, nos llevaba a los rodajes, de viaje… Pero no solo a nosotros, sino también al resto de la familia e incluso los amigos.
Al final, tú te criaste entre bambalinas y 'sets' de rodaje...
Guardo en la memoria muchos rodajes y también muchos ensayos de teatro. Hacía los deberes allí porque, si mi padre o mi madre estaban trabajando, no había manera de verlos en casa. Me pasaba tardes enteras jugando con espadas en el Teatro Español, cuando mi padre trabajaba allí, con el hijo del acomodador.

¿Cómo recuerdas a tu padre en la intimidad? ¿Era parecido a la imagen que tenemos de él como actor?
No tenía muchas aristas. Era igual que la imagen que la gente tiene de él como actor: una persona afable, abierta y divertida.
He visto una entrevista que os hicieron hace años en la que tu padre decía que eras su mejor amigo. ¿Con el tiempo vuestra relación fue más allá de la de padre e hijo y se convirtió también en una relación de amistad y complicidad?
Claro. Trabajamos juntos en 21 o 22 películas. Cuando trabajas en el cine, llega un momento en que pasas tanto tiempo con tus compañeros y compartes tantas cosas que pueden llegar a conocerte mejor que tu pareja o tu familia. Con mi padre pasó eso. Al final nos convertimos en grandes amigos y compañeros. Puede sonar poco habitual, pero es la verdad.
¿Qué faceta de tu padre crees que conoce menos el gran público?
Es complicado, porque era una persona muy abierta y no tenía secretos. Todo el mundo conoce su generosidad y sabe que estaba muy ligado a sus raíces y a su conciencia de clase. Quizá se conoce menos lo estudioso que era y su afán por aprender. Tenía auténtica devoción porque cualquiera le enseñara algo, ya fuera un escritor o un campesino.
Hay un momento muy bonito en el documental en el que cuentas que tus padres os decían que teníais que saludar y ser educados con las personas que iban a trabajar a casa. Os recordaban que teníais el privilegio de estar allí, pero que debíais tratar bien a todo el mundo. Esa conciencia de clase estaba muy presente en tu padre.
Sí, sí. No teníamos conciencia de ser privilegiados. Quizá hoy sería diferente, con todo el asunto de las redes sociales, pero entonces todo era bastante más normal y casero. Éramos hijos de obreros de la cultura.
Esa es una expresión muy bonita.
Y es verdad. Porque, aunque vivíamos estupendamente, cuando mi padre no tenía trabajo no entraba ni un duro en casa.
En el documental se cuenta que hubo unos años en los que, por una depresión y otras circunstancias, trabajó menos. Aun así, tuvo una carrera larguísima y pasó por prácticamente todos los géneros. ¡Hay una imagen en la que aparece incluso caracterizado como Hulk!
Esa foto la llevo siempre conmigo (risas). Sí, mi padre atravesó una época complicada después de la Transición. Apareció una nueva generación de cineastas y de repente, a mi padre dejaron de llamarlo. Y cuando lo llamaban, a veces era para ofrecerle papeles que no le apetecían. Fue una época dura.

Sin embargo, a principios de los 80 Fernando Trueba lo recuperó para Sal gorda, donde hace un papel divertidísimo
Sí, estoy muy agradecido a Trueba, a Resines y a todo aquel grupo. En aquella época mi padre estaba pasando una depresión muy fuerte porque no le llamaban para trabajar. Lo que le ofrecían eran películas de destape y cosas por el estilo. Era muy doloroso ver a una persona que amaba tanto su profesión en aquella situación. Así que aquel gesto de Trueba de contar con él fue muy importante.
Al final los 80 fueron también una época estupenda para él
Creo que aquella mala racha comenzó a acabarse cuando Camus le dio un papel pequeño en Fortunata y Jacinta. Era un papel breve, pero muy agradecido. A partir de ahí su carrera volvió a despegar y después llegaron otros proyectos importantes, como Los santos inocentes, con Mario Camus. Como decía Pepe Mújica, "triunfar en la vida no es ganar, triunfar en la vida es levantarse y volver a empezar cada vez que uno cae".
No sé si tu padre se arrepintió alguna vez de haberle dicho a William Friedkin que no quería hacer The French Connection y recomendarle a Fernando Rey.
¡Yo estaba delante aquel día!. Mi padre estaba entonces en otra etapa profesional, trabajando con gente de la Nouvelle Vague, en otro universo cinematográfico. Además, no quería trabajar en inglés porque no dominaba el idioma. El francés y el italiano se le daban mejor, pero el inglés se le resistía. Cogió el teléfono y dijo que él no podía hacer ese proyecto, pero que había un actor español buenísimo que sí hablaba el idioma: Fernando Rey.
Después tu padre se pudo quitar esa espina participando en Carga maldita, una película maravillosa de Friedkin que quizá no tuvo el reconocimiento de otras obras suyas
Es una pena que no funcionara tan bien como otras, porque es una película extraordinaria. Yo estuve allí durante el rodaje, que fue en República Dominicana. Fue una producción descomunal, hasta el punto de que durante un tiempo estuvo entre las películas más caras que se habían hecho.
En el documental tu padre habla muchas veces de los sueños: dice que soñaba con sus padres, con Buñuel… ¿Tú sueñas con él de vez en cuando?
Claro, anoche mismo por ejemplo. Suelo soñar con los dos, con mi padre y con mi madre. ¡A veces sueño con que me regañan! ¿Sabes? Lo maravilloso de haber tenido unos padres actores es que, además de soñar con ellos, siguen estando presentes a través de sus películas.
¿Cuál es la película de tu padre que más te gusta? Con una filmografía de más de 200 películas, imagino que es difícil elegir solo una.
Nazarín, porque me parece una joya, más allá de la película en sí. Hay un momento al final, cuando se lo llevan preso y una mujer le ofrece una piña, en el que el personaje parece dudar de todo aquello en lo que ha creído, de la caridad y de sus convicciones. La expresión de mi padre en ese instante me parece algo maravilloso.Y, por supuesto, el Azarías de Los santos inocentes.
En Los santos inocentes también estuviste tú, como ayudante de dirección. Es increíble la anécdota que cuenta el documental sobre que la ropa que utiliza tu padre en la película se la dio un campesino...
Antes de hacer la película, organizamos un viaje por Extremadura. Mi padre quería inspirarse para prepararse el papel. La película la rodamos en Alburquerque, en Badajoz. Había un hombre que se llamaba El Barrunta y fue quien le dio la ropa a mi padre. Fue uno de esos momentos únicos, en los que la obra de ficción cobra protagonismo y se convierte en un ser vivo.
Con la película, tu padre ganó el premio de interpretación en el Festival de Cannes. Imagino que, entre todos los galardones que recibió, le tendría un cariño especial
Sí, pero en realidad a mi padre le hacía una ilusión enorme cada premio. Era un niño de pueblo y cada trabajo que hacía le parecía el primero. No era falsa humildad, carecía absolutamente de vanidad.
¿Dirías que tu padre siguió aprendiendo prácticamente hasta el último día.
Por supuesto. A veces me preguntan cómo era trabajar con mi padre y la respuesta es muy sencilla: era una persona disciplinada, muy buen actor y tremendamente respetuoso. Trabajar con él era muy fácil.
¿Nunca se metía en tu trabajo como director para decirte cómo tenías que hacer las cosas?
Solo recuerdo una ocasión. En una película, me dijo que me faltaba un plano, un primer plano de un personaje. Yo le respondí que estaba bien así y no le hice caso. Y tenía toda la razón.

