Ikigai o cómo ganar dinero con lo que te hace feliz: “Lo importante es saber qué nivel de riesgo puedes asumir”

Héctor García y Francesc Miralles dibujan la receta para encontrar el trabajo que te motiva y la forma de monetizarlo
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Hay gente que no odia su trabajo, pero tampoco lo elegiría otra vez. Gente que cumple, que paga facturas, que llega a fin de mes sin hacer demasiado ruido. Y luego está ese momento, normalmente un lunes cualquiera, en el que piensas: “vale, esto funciona… pero ¿esto es todo?”. El instante en el que buscas tu ikigai. O lo que es lo mismo, tu razón de ser.
Ahí es donde entran Héctor García y Francesc Miralles con su libro, ‘El ikigai del dinero’, que no viene a salvarte la vida, pero sí a hacer que nos planteemos si lo que hacemos cada día tiene sentido más allá de la nómina. Porque la tesis es sencilla: el dinero está bien, pero no puede ser lo único. Y sin embargo, lo es para muchísima gente. No porque quiera, sino porque es lo que hay. Porque hay que pagar el alquiler, llenar la nevera y, si se puede, salir a cenar un viernes sin mirar la cuenta.
“El dinero es algo que nos quita el sueño desde hace miles de años”, contesta Héctor García desde Japón. “De hecho, el ser humano inventó la escritura para contar las deudas entre las personas. Hay un montón de cosas de la psicología del dinero que es imposible controlar, pero es bueno aprender sobre ello. Y de esto también hablamos en el libro y tocamos muchas falacias mentales del dinero”.
El problema es que, cuando el dinero se convierte en el único criterio, todo lo demás empieza a hacer aguas. Te puedes encontrar ganando más que nunca y, al mismo tiempo, con menos ganas de levantarte por la mañana. Y ahí es donde el concepto de ikigai empieza a tener sentido.
“El dinero es algo que te permite pagar el alquiler sin sudar frío el día 28”, resume Miralles. Pero añade inmediatamente el matiz clave de ese ikigai: “Es algo que viene en consecuencia de estar haciendo lo que realmente quieres hacer, se te da bien, te gusta y al mismo tiempo estás generando dinero”. Es decir, no se trata de eliminar el beneficio de la ecuación, sino de recolocarlo.
Aprender a poner cada cosa en su lugar y a valorar la satisfacción personal al menos a la misma altura que el sueldo. Una lección que nunca es tarde para poner en práctica. Héctor García tiene claro que no hay límites para encontrar ese ikigai, esa razón de ser que te hace levantarte cada mañana. Incluso pasados los 50 años. De hecho, “es incluso más importante cuando te acercas a la jubilación”.
“Cuando estás entre los 40 y los 50 es una buena edad para reflexionar sobre lo que has hecho hasta ese momento. Es entonces cuando empiezas a tener claro lo que te gusta y lo que no. Y ahí es cuando de verdad puedes encontrar tu verdadero motivo. Tu ikigai”, señala Héctor, que recuerda que nunca es tarde para reinventarse si el motivo merece la pena. “El tema es mirar tu margen de riesgo. Tienes que también conocerte a ti mismo y cuál es tu nivel de riesgo, pero una reinvención no es algo inmediato. Es de forma intencional y puede durar entre cinco y 10 años”.
Cambiar de vida, una decisión clave
Tomar la decisión de cambiar de vida a esa edad entraña unos riesgos y la puedes liar si decides cambiar el rumbo de tu vida a otra en la que estás más realizado y cobras menos. ¿O no? “Tenemos una obsesión siempre de querer más y más dinero, pero yo creo que llega un momento en el que hay que saber decir cuándo es suficiente. Es difícil. Saber poner un stop es importante”.
El reto es complicado a cualquier edad. ¿Cómo gano dinero con algo que no me dé ganas de huir un lunes por la mañana? Y no existe una única respuesta a esa pregunta. Por eso los dos autores señalan el camino por el que puedes acabar encontrando esa motivación que te haga cambiar de vida “y que el lunes vayas al trabajo motivado y feliz”.
No siempre ganar mucho es sinónimo de mejor vida. “Si de repente estás haciendo algo que cobra un nuevo sentido, el dinero que ganas con ello será mucho más satisfactorio. Por eso hablamos del dinero con ikigai y el dinero sin ikigai. Si tú estás ganando dinero con algo que te da cero satisfacción, es como un dinero sucio que no quieres, que es un concepto muy asiático. A veces el dinero que mejor sienta es el dinero que rechazas. A veces puedes decir ‘no acepto este proyecto y me voy de vacaciones’. Y sienta mejor que el dinero que hayas ganado con otra cosa que sufriste mucho”.
Aprender a escapar
Por eso el enfoque del libro es más de quitar que de añadir. Quitar ideas preconcebidas. Quitar culpa. Quitar ruido. Y, a partir de ahí, construir algo que tenga sentido para ti. “A lo mejor tienes un trabajo que te amarga un 90% del tiempo, pero un 10% resulta que te gusta. Tienes que analizar ese 10%, viendo lo que te va gustando y lo que te sienta bien”, señala García. “Yo creo que hay que llevarlo siempre al terreno positivo y pensar que incluso lo que te puede estar amargando, te curte y también tiene un lado positivo más allá del dinero”.
Todo tiene dos caras. Dos lentes con las que mirar el mismo objetivo. García y Miralles proponen combinarlas para terminar de completarnos: “Muchas veces nos sentimos atrapados y no sabemos cómo escapar. O pensamos que la única escapatoria es tirarlo todo por la borda. Hoy en día, hay muchas alternativas de empezar a hacer un segundo trabajo, una segunda pasión y, de repente, tu trabajo empieza a ser tu vida y tu vida, tu trabajo. No se trata de escapar, sino de ir combinando”.
Ahí está la clave. En definir tu propio suficiente. No el de los demás. El tuyo. Porque si no lo haces tú, lo hará el mercado, tu jefe o el algoritmo de turno. Y entonces sí: trabajarás mucho, cobrarás más… y seguirás sin tener muy claro para qué.
