Ayudas y subvenciones públicas

Vuelve la ayuda estatal para cambiar electrodomésticos por modelos eficientes

Electrodomésticos a la venta. Telecinco.es
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Un electrodoméstico que lleva más de quince años enchufado puede consumir hasta cuatro veces más electricidad que uno moderno con buena calificación energética. De esta forma, para quien tiene un frigorífico de los años noventa zumbando en la cocina o una lavadora que ha sobrevivido a dos reformas, ese diferencial de consumo se traduce en decenas de euros de más en cada factura, lo que multiplicado por doce meses y por los años que el aparato siga funcionando da como resultado un buen agujero en el bolsillo.

Para reducir ese coste existen los planes de renovación, conocidos popularmente como Plan Renove. No son un programa estatal con una única ventanilla, sino un conjunto de ayudas directas gestionadas por cada comunidad autónoma, financiadas en gran medida con los fondos europeos Next Generation, con fechas, importes y condiciones que varían según el territorio donde se viva.

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Cómo funciona el sistema

La mecánica básica es siempre la misma. El ciudadano solicita la ayuda a través de la sede electrónica del organismo correspondiente en cada comunidad, recibe un bono energético personal e intransferible y lo canjea en alguno de los comercios físicos adheridos al plan. El descuento se aplica en el momento de la compra.

A cambio, hay una condición que la Unión Europea establece como requisito para que estas ayudas sean compatibles con la normativa de mercado interior: el usuario debe entregar el electrodoméstico antiguo para su reciclaje. La tienda asume el coste de recogida y gestión del aparato viejo, y entrega al comprador un certificado de reciclaje que acredita que el aparato ha llegado a un gestor de residuos autorizado. Sin ese certificado, la ayuda no puede tramitarse. El intercambio, además, debe ser equivalente: lavadora por lavadora, frigorífico por frigorífico.

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El importe máximo que puede subvencionar una administración pública está regulado por la normativa europea: el artículo 38 del Reglamento UE 651/2014 fija el techo en el 25% del precio final del aparato, sin IVA.

Qué aparatos están cubiertos

Los electrodomésticos elegibles y los niveles de eficiencia energética exigidos tienen una lógica basada en la nueva etiqueta energética que la Unión Europea implantó en 2021, con su escala de la A a la G. En líneas generales, así quedan los requisitos según el tipo de aparato:

  • Lavadoras y lavavajillas deben ser de clase A o B. Las de clase C rara vez entran en estos programas por su alto consumo de agua y electricidad. 
  • Frigoríficos, congeladores y vinotecas aceptan clases A, B o C, aunque algunas comunidades ya han empezado a exigir A o B. 
  • Los hornos necesitan como mínimo etiqueta A+. 
  • Las placas de cocina tienen un tratamiento especial: únicamente se subvencionan las de inducción, independientemente de su clasificación, porque la tecnología en sí ya es eficiente. 
  • Las secadoras deben ser clase A o B y funcionar obligatoriamente con tecnología de bomba de calor; las de condensación clásicas y las de tubo quedan fuera.

En algunos territorios también entran en estos planes las campanas extractoras, los termos eléctricos con funciones inteligentes y los sistemas de aire acondicionado, siempre que la instalación la realice una empresa adherida al programa.

Hay una novedad importante para 2026: las calderas de gas dejan de ser elegibles para estas subvenciones. Solo se mantiene la cobertura para los sistemas híbridos, que combinan gas con una bomba de calor aerotérmica o con paneles solares térmicos.

Cómo saber si hay convocatoria abierta en tu comunidad

La gestión descentralizada tiene una consecuencia práctica: las fechas y condiciones varían mucho entre comunidades. La forma más fiable de saber si hay una convocatoria activa en tu territorio es consultar directamente la sede electrónica de la consejería de energía o medioambiente de tu comunidad autónoma, o acceder al catálogo de ayudas del IDAE en su portal oficial. Conviene hacerlo a principios de año o al inicio del otoño, que son los momentos más habituales de apertura de nuevas convocatorias.

Los fondos son limitados y las convocatorias suelen cerrarse antes de la fecha oficial por agotamiento del presupuesto. El consejo práctico de todos los gestores de estos programas es siempre el mismo: solicitar el bono en cuanto se abra la convocatoria, sin esperar.