¿Vale la pena tener un segundo empleo 'freelance'? Pros, contras y lo que debes saber sobre Hacienda

Una opción viable, pero que complica las gestiones y situación de los interesados
Cómo ganar dinero extra sin renunciar a tu trabajo actual
Cuando muchas personas piensan en complementar un salario fijo con trabajos freelance, lo hacen atraídas por la promesa de disponer de ingresos extra y una mayor libertad profesional. Pero la realidad no es tan simple, ya que ganar más puede implicar una serie de obligaciones fiscales añadidas, costes adicionales, riesgos administrativos e incluso tener impacto en las prestaciones sociales. Por todo ello, vale la pena sopesar lo que se gana frente a lo que se complica.
Desde el punto de vista práctico, actuar como freelance mientras mantienes un empleo asalariado te permite diversificar tus ingresos. Si tu contrato principal ofrece estabilidad, el trabajo por cuenta propia puede permitir explotar habilidades que no se reflejan normalmente en tu empleo habitual. Además, existe un régimen legal español que admite la compatibilidad de ambas modalidades: pluriempleo (trabajo asalariado en dos empresas) y pluriactividad (ser asalariado y autónomo a la vez). En este último caso, cotizas simultáneamente en el Régimen General y en el RETA. Esto es posible legalmente, pero con implicaciones.
Una de las primeras sorpresas llega cuando miras tus obligaciones fiscales. Como freelance estás obligado a darte de alta en Hacienda y Seguridad Social, facturar, declarar IVA trimestral (modelo 303), y declarar el rendimiento neto de tu actividad en el IRPF usando modelos 130 o 131, salvo que tus facturas estén mucho más pre‑retenidas (más de un 70%). Las cuotas de autónomo en 2025 también han cambiado: se ha instaurado un sistema de cotización progresiva basado en ingresos reales, con una cuota mínima fijada desde unos 200 €/mes, lo que implica que incluso alguien que solo genere ingresos modestos debe prever este gasto. A esto hay que añadir que la cuota subirá en 2026 para todos los tramos de ingresos.
Aunque podrías pensar que pagarás “demasiados impuestos” si sumas esfuerzos, la clave está en cómo se estructuran las deducciones y el neto real. No siempre significa que tributes porcentualmente más: Hacienda suma todos tus ingresos (asalariados y freelance) al imponer el tipo marginal de IRPF. Aún así, tendrás que presentar una única declaración de la renta donde confluyan rendimientos del trabajo y de actividades económicas.
Sin embargo, el principal freno emocional no es fiscal, sino el esfuerzo administrativo y el desgaste de compatibilizar horarios y obligaciones. El trabajo freelance no es un “sueldo extra” sin más papeleos, sino que implica una serie de responsabilidades de facturación, contabilidad, posibles retrasos en pagos y la carga mental de tener clientes, plazos y entregables. Es un cambio de rol también tributario y profesional.
Otro aspecto a tener en cuenta es el tema de cotizaciones dobles. Si ya tributas como asalariado, actuar además como autónomo te exige contribuir en el RETA. No obstante, la Seguridad Social prevé en algunos casos devoluciones automáticas si has cotizado por contingencias comunes en ambos regímenes por el mismo concepto. Algunos expertos destacan que el 50% de lo cotizado en excedente puede devolverse si se supera cierto umbral.
Finalmente, el equilibrio emocional y el riesgo de quemarse no es menor. Tener dos fuentes de ingreso significa dedicar más horas, asumir más presión y gestionar tareas que van desde la promoción hasta la gestión administrativa, muchas veces sin compensación clara de tiempo. El segundo empleo freelance debe ser lo suficientemente rentable (es decir, que tus ingresos extra superen tus costes) para que valga la pena.
