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Congelar, reutilizar o donar: la Ley de Desperdicio Alimentario activa una serie de recomendaciones para ahorrar en casa

Recomendaciones para reducir el desperdicio alimentario en el hogar. Telecinco.es
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El punto de partida de la Ley 1/2025 es una paradoja incómoda: los hogares continúan siendo el principal escenario del desperdicio alimentario en España, con el 97,5% del volumen total, 1.097 millones de kilos o litros en 2024. Y al mismo tiempo, la norma no multa a los particulares. Lo que sí hace es obligar a las administraciones públicas a lanzar campañas, ofrecer formación y activar recomendaciones concretas dirigidas a los consumidores. El objetivo es llegar allí donde las sanciones no pueden: al interior de cada hogar, antes de que la bolsa de espinacas llegue al cubo de la basura. 

Lo que la ley encomienda directamente a las administraciones

Los consumidores tienen derecho a recibir información de las administraciones públicas y las empresas de la cadena alimentaria sobre las medidas para reducir el desperdicio alimentario en hogares y restaurantes. Las administraciones tienen la obligación específica de formar y sensibilizar a los consumidores sobre mejores hábitos de compra y planificación de menús, el aprovechamiento creativo de las sobras, las buenas prácticas de almacenamiento, la correcta interpretación de las etiquetas de fecha y el reciclaje.

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El propio texto del BOE va más allá y propone algo tan concreto como incitar a los hogares mediante la promoción de un día semanal dedicado a aprovechar las sobras. Una medida de coste cero que, aplicada con regularidad, puede transformar cómo se organiza la cocina familiar.

1º Entender lo que dice la etiqueta

Uno de los vectores de desperdicio más documentados y más evitables es la confusión entre dos fechas que aparecen en el envase pero que no significan lo mismo. La Comisión Europea calcula que hasta el 10% de los 88 millones de toneladas de residuos alimentarios generados anualmente en la UE están vinculados a una interpretación errónea del concepto de "fecha de consumo preferente".

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La distinción es clara y verificada por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, con la fecha de consumo preferente indicando el momento hasta el cual el alimento conserva la calidad prevista. Una vez pasada la fecha indicada, el alimento sigue siendo seguro para el consumo pero puede empezar a perder sabor y textura. La fecha de caducidad, en cambio, indica el momento hasta el cual el alimento puede consumirse de forma segura. Tirar pasta, arroz, conservas, aceite o legumbres porque han pasado su "fecha de consumo preferente" es, en la mayoría de los casos, un error evitable y costoso. 

2º Planificar la compra

Lo más importante es hacer una buena planificación de la compra en función de las previsiones de consumo, sin dejarse llevar por ofertas que hacen comprar cantidades que no se necesitan, especialmente cuando el producto es muy perecedero. Revisar la nevera y la despensa antes de ir a comprar, y ceñirse a la lista una vez allí, es fundamental para llevarse únicamente lo imprescindible. 

El Ministerio de Agricultura confirma que este cambio ya está ocurriendo. Entre los factores que han contribuido a la reducción del desperdicio se encuentran la mayor percepción del valor de los alimentos, el impulso del teletrabajo (que favorece el uso del táper y la comida casera fuera del hogar), una creciente conciencia ambiental y una mejor planificación de las compras y de las raciones. 

3º Congelar antes de que sea tarde

Congelar alimentos cuando no se van a consumir a corto plazo permite prolongar la vida de muchos productos y evitar que acaben en la basura. La recomendación técnica de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria indica que para obtener resultados más sabrosos, las sobras congeladas deben usarse dentro de tres meses desde que se cocinaron.

4º Cocinar con lo que queda

La cocina de aprovechamiento hace referencia al hábito de cocinar con los alimentos que sobran. Entre los protagonistas de esta cocina está el pan, uno de los productos que más rápido se estropea, base histórica de productos empanados, salmorejo, budín, albóndigas y migas. Cocinar con criterio de aprovechamiento —reutilizar sobras y restos de alimentos en nuevas recetas, como tortillas, croquetas, caldos o pan rallado— permite darles una segunda vida y reducir el desperdicio.

5º Donar lo que no se va a consumir

Ante el caso de que algo vaya a sobrar, existen soluciones sencillas como ofrecérselo a familiares, amigos o vecinos, o hacer uso de redes de donación o intercambio de alimentos. Por ejemplo, a través de Olio, una aplicación que invita a donar y compartir aquello que ya no se necesita, donde la comida también tiene espacio.