Renunciaron a sus empleos y arrancaron con el proyecto, "trabajando en la cocina del piso de alquiler de Jaime, en Madrid"
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BilbaoA Pedro Bernar, un joven emprendedor bilbaíno, la idea se le ocurrió durante un vuelo a México. No iba de vacaciones ni por negocios sino para hacerle a un favor a su padre que necesitaba, por trabajo, realizar un envío urgente desde Bilbao “y el coste de los envíos internaciones era altísimo”. Así que le pidió a su hijo que hiciera el viaje y la entrega. Durante el trayecto, este bilbaíno empezó a barruntar que hubiera pasado si alguno de los pasajeros le hubiera hecho el favor a su padre a cambio de costearle, por ejemplo, el pasaje.
A su vuelta a Bilbao, compartió su idea con su hermano Jaime, de 29 años y un amigo, de toda la vida, Martín González, de 24. Casi sin darse cuenta se embarcaron en la creación de 'Sherpa', una plataforma que conecta a personas que viajan con otras que necesitan enviar paquetes. Una alternativa “más rápida, más barata y menos contaminante”, puntualizan sus creadores, que comenzaron este proyecto “trabajando en la cocina del piso de alquiler de mi hermano Jaime, en Madrid” y que, ahora, operan desde Valencia, tras ser seleccionados por la aceleradora de empresas, Lanzadera, entre 1.300 proyectos.
La idea de este “‘BlaBlaCar’ de los envíos”, como lo define el propio Pedro Bernar, en alusión a la plataforma de viajes compartidos en coche, es sencilla. Si vas a viajar y tienes un hueco en el maletero, puedes aprovechar para llevar un paquete de otra persona, desde una bicicleta a un ordenador, pasando por un perro o “hasta algún pajarillo hemos llegado a llevar”. Una manera de monetizar el espacio libre.
Un hueco en el maletero
Una aventura empresarial, “que daba un poco de vértigo”, porque sus impulsores renunciaron a sus empleos, convencidos de que Sherpa era una apuesta segura. Para llevarla a cabo no han dejado nada al azar y conscientes de las reticencias que puede provocar en algunos meter en su coche cosas ajenas, explican que para protegerse de posibles envíos ilícitos, la propia aplicación exige una foto del paquete y una descripción de su contenido, “aunque la mayoría de cosas que llevamos van sin embalar” y el viajero “puede exigir a quien hace el envío que le enseñe su contenido antes de meterlo en su coche”.
Además, ambas partes al registrarse en la App y por seguridad deben facilitar información personal como número de teléfono, email o DNI, además “un proveedor externo verifica la documentación”, por lo que “quien quiera enviar cosas que no se debe seguramente opte por otros sistemas antes que Sherpa”, aclara.
El precio final se pacta entre la persona que quiere hacer el envío y la persona que va a viajar, aunque la aplicación establece unas tarifas “orientativas, en función del coste de la gasolina, peajes y la amortización del vehículo”. 'Sherpa 'se lleva una comisión del 6 por ciento del viajero-transportista y otro 6% de la persona que quiere hacer el envío: “Así, si el precio entre las dos partes se fija en 10 euros, el que envía pagará, en realidad, 10,60 y el que viaja en vez de cobrar 10, cobrará 9,40”.
Pedro, Jaime y Martín han irrumpido en el sector de los envíos, pero no temen hacerse enemigos entre las empresas de paquetería, porque “no somos competencia sino un complemento”. En este sentido, el bilbaíno argumenta que Sherpa llega allá donde no alcanza una compañía de transporte tradicional, “nos ha pasado de una persona que se olvidó el pasaporte cuando iba a coger un vuelo en Bilbao y a través de nuestra aplicación alguien se lo llevó desde Valencia en tiempo récord”.
Rentabilizar el viaje y lograr un transporte rápido y con menos costes son las principales ventajas de esta plataforma ‘made in’ Bilbao que, en cinco meses, ya ha sumado más de un millar de usuarios, por ahora, limitados al ámbito nacional: “La mayoría de los desplazamientos son entre Bilbao y Madrid, y entre la capital y Barcelona”. El viaje acaba de comenzar.

