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Aislamientos exprés que se pueden hacer en casa y que reducen el calor sin encender el aire acondicionado

Cortinas térmicas. Telecinco.es
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El aislamiento térmico adecuado reduce la transferencia de calor desde el exterior hacia el interior de la vivienda. Por eso, reforzar el aislamiento en techos, paredes y ventanas puede bajar la temperatura interna hasta en 4°C durante los picos de calor. La buena noticia es que buena parte de ese aislamiento no requiere obra: se puede montar y desmontar en una tarde.

El gesto más barato y más olvidado

El primer aislamiento exprés es también el más invisible. Reparar grietas y sellar rendijas impide la entrada de aire caliente y la fuga de aire fresco, optimizando el confort térmico. Materiales como la lana mineral, el poliestireno expandido o los paneles de corcho son opciones accesibles y eficaces para tapar esos puntos por donde se cuela el calor: marcos de ventanas, juntas de puertas, cajones de persiana.

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Es el equivalente térmico de tapar un agujero en un cubo: por pequeño que sea, si está abierto todo el día, el cubo nunca se llena. Una vivienda sellada conserva mucho mejor el frescor que acumula durante la noche.

Bloqueando el calor antes del cristal

El segundo aislamiento exprés actúa directamente sobre el punto de entrada más débil de cualquier vivienda: el cristal. Aplica láminas solares reflectantes (que no dejan ver el interior) en las ventanas más expuestas para reducir el calor que entra. Son adhesivos que se colocan directamente sobre el cristal, sin obra, y que actúan como un filtro permanente.

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El uso de cortinas y persianas térmicas bloquea hasta el 80% del calor solar. Estos materiales reflectantes o de colores claros impiden que la radiación infrarroja penetre en la vivienda, manteniendo el ambiente más fresco.

Persianas, contraventanas y el horario que cambia todo

El tercer aislamiento no es un material nuevo, sino un cambio de hábito sobre lo que ya tienes instalado. Las protecciones exteriores bloquean el calor antes de que llegue al cristal, y es ahí donde se juega la parte más importante del enfriamiento pasivo. La recomendación es bajar las persianas y cerrar las contraventanas durante las horas de sol directo sobre las ventanas, e instalar toldos o parasoles en los puntos más expuestos.

Por la noche hay que abrir ventanas en lados opuestos de la vivienda para crear un flujo continuo, aprovechando que por la noche y al amanecer el aire es más fresco. La ventilación cruzada puede disminuir la temperatura interior hasta en 5°C en comparación con habitaciones sin ventilación adecuada.

El aislamiento que se cambia en segundos

El cuarto aislamiento exprés está en el armario de la ropa de cama. Las telas de algodón y lino en colores claros favorecen la circulación del aire y absorben menos calor que los materiales sintéticos. Cambiar fundas, cortinas o colchas oscuras por versiones claras y ligeras de lino o algodón es un gesto que cuesta cero euros si ya las tienes en casa, y reduce de forma perceptible la sensación térmica de una habitación.

Pasar la fregona con agua fría al atardecer es otro truco que complementa este aislamiento textil: refresca el suelo y baja la temperatura general de la estancia mediante evaporación, sin necesidad de ningún aparato.

Reducir el calor que tú mismo generas

El quinto y último aislamiento exprés no es un material, sino una gestión: la de las fuentes de calor que hay dentro de casa. En verano, el uso intensivo de hornos, ordenadores y televisores puede elevar la temperatura de una habitación hasta 2°C. Evitar usar el horno en las horas más calurosas, tapar las ollas que estén hirviendo y desconectar aparatos que no se estén usando son gestos que, sumados al resto, marcan la diferencia entre una habitación que se calienta sin parar y otra que se mantiene estable.

Ninguno de estos cinco aislamientos exprés requiere un electricista, un albañil ni una inversión que se note en la cuenta corriente. Lo que requieren es constancia: aplicarlos antes de que llegue el calor del mediodía, no después de que ya haya entrado. Porque, como ocurre con cualquier aislamiento, su función no es enfriar lo que ya está caliente, sino impedir que se caliente desde el principio.