La OCU cifra en hasta un 10% el ahorro energético que un hogar puede lograr simplemente con estas acciones
El mantenimiento del aire acondicionado que puede evitar averías y reducir el consumo eléctrico
Cuando sube la temperatura, todo el mundo cree saber cuál es la mejor manera de evitar el acaloramiento. A cuánto hay que poner el aire, cuántas horas debe estar encendido, si compensa más tirar de ventilador… Pero, sin embargo, la forma de ahorrar en estas situaciones suele pasarse por alto, precisamente porque parece elemental y casi anecdótica.
Nos referimos al simple gesto de bajar las persianas, echar las cortinas y desplegar los toldos antes de que el sol golpee la fachada. La OCU cifra en hasta un 10% el ahorro energético que un hogar puede lograr simplemente con esta trilogía de acciones si se realiza adecuadamente. Ahorro sencillo, sin esfuerzos, y sin costes extra asociados.
La física de bloquear el sol antes de que entre
Primero, hay que tener presente que el aire acondicionado no lucha contra el calor del salón, sino contra el calor acumulado en las paredes, los cristales, los suelos y los muebles después de horas de radiación solar directa. Cada vez que un rayo de sol golpea el vidrio de una ventana, buena parte de su energía se convierte en calor que queda atrapado en el interior por un fenómeno conocido como efecto invernadero doméstico.
Interceptar estas radiaciones antes de que entren en la vivienda es una acción mucho más eficaz que enfriar cuando el calor ya está dentro. La protección solar exterior puede reducir entre un 70 y un 80% la ganancia de calor solar a través de las ventanas, o incluso más, dependiendo de la opacidad y los materiales que entren en juego.
De esta forma, un simple toldo puede rebajar entre 2 y 5 grados la temperatura de una habitación, dependiendo del color del tejido, del material y del momento del día en que se despliegue. Unas cortinas térmicas, que incorporan varias capas y una cámara de aire aislante, bloquean hasta el 30% del calor procedente del exterior, con un ahorro cuantificado en el rango de 5,4% a 8% del consumo energético anual del hogar, según un estudio específico del IDAE realizado sobre un edificio de tres plantas con 92 metros cuadrados por vivienda.
Los expertos avisan de que para que este truco funcione, los toldos y las persianas deben estar bajados al menos entre las doce del mediodía y las seis de la tarde, la franja de mayor incidencia solar en el arco mediterráneo. Es preferible dejar unas rendijas para permitir la entrada matizada de luz natural, evitando así la necesidad de encender bombillas que a su vez calientan, aunque sin llegar a dejar pasar el rayo directo.
El ahorro estival medio derivado del uso de toldos exteriores bien dimensionados estaría en la horquilla del 20 al 40% del consumo eléctrico, lo que en una factura de julio o agosto de 120-150 euros supone un recorte mensual de entre 25 y 60 euros.
Si a esto le añadimos un toque de ventilación cruzada al caer la noche o a primera hora de la mañana, momentos en los que la temperatura exterior es más baja que la interior, para renovar el aire sin dejar entrar calor, mucho mejor. Esto sería lo que se denomina climatización pasiva y es lo que la sabiduría popular mediterránea llevaba practicando desde mucho antes de que existiera el aire acondicionado.
Persianas y toldos
No todas las persianas ni todos los toldos ofrecen el mismo rendimiento. Las persianas de aluminio con espuma de poliuretano expandido en las lamas son las que mejor combinan resistencia y aislamiento térmico. Entre los toldos, los tejidos de alta densidad, del orden de 280 gramos por metro cuadrado, pueden bloquear entre el 85 y el 99% de los rayos ultravioleta e infrarrojos. Además, el color importa tanto como el material, de forma que los toldos claros reflejan la radiación y los oscuros la absorben, con la consiguiente diferencia térmica.
Tres acciones sencillas, que no requieren realizar una renovación de aparatos, ni cambios de tarifa, ni reformas costosas. Una primera línea de defensa de la vivienda contra el calor que termina siendo, paradójicamente, la más antigua y la más ignorada. Pero también la más rentable de todas.

