Santiago reclama a los peregrinos una llegada más respetuosa a la ciudad: “No es un área de picnic ni de acampada”

El aumento de grupos que llegan cantando y celebrando su entrada en el Obradoiro abre un debate sobre convivencia
Vecinos y expertos reclaman respeto mientras el Concello defiende una llegada más tranquila
Llegar a Santiago después de varios cientos de kilómetros de trayecto debería ser, y es comprensible que sea, un momento especial que merece una celebración. Algunos peregrinos derraman lágrimas de emoción y se abrazan en silencio a sus compañeros, pero son los menos; la tónica dominante últimamente es hacerlo a grito pelado entre cánticos y bailes, algo que para aquellos vecinos y vecinas que tienen sus viviendas en calles colindantes al trayecto hasta el Obradoiro, se convierte en un suplicio que últimamente sufren a diario. La forma de entrar en Compostela ha cambiado y, por tanto, el debate está servido: ¿Hasta dónde puede llegar la euforia de los peregrinos cuando afecta al descanso de los vecinos?
“No es un área de picnic ni de acampada”, recuerda Miriam Louzao, concejala de Turismo de Santiago. El Concello asegura que la inmensa mayoría de los peregrinos respeta las normas, pero reconoce que durante los meses de verano se repite la misma escena: grupos numerosos que atraviesan la ciudad cantando y celebrando a pleno pulmón su llegada a la Praza do Obradoiro.
“La entrada de grupos cantando es bastante común en estos meses del año, sobre todo gente joven. No es la gran mayoría”, explica Louzao. El objetivo municipal, insiste, no es penalizar a los peregrinos, sino concienciarlos de que al final del Camino hay una ciudad que continúa con su vida cotidiana.
Un comportamiento que se repite mucho
El debate saltó también a las redes sociales a raíz de un vídeo viral en el que un grupo de jóvenes entra en Compostela cantando a grito pelado y celebrando su llegada a la carrera. Miguel Ángel Cajigal, divulgador cultural conocido como El Barroquista y miembro de la Fraternidad Internacional del Camino de Santiago, compartió el vídeo precisamente porque le llamó la atención un fenómeno que, asegura, se está haciendo cada vez más habitual. “Me pareció bastante llamativo un tipo de comportamiento que últimamente se está dando mucho en la llegada y en los últimos kilómetros del Camino de Santiago”, explica.
No se trata, según Cajigal, de un episodio aislado. Las carreras, los cánticos y las aglomeraciones se repiten desde primera hora de la mañana, especialmente durante los meses de mayor afluencia, denuncia. "Mi opinión: entiendo toda emoción cuando terminas el Camino", explica, "pero no creo que nadie piense de verdad que convertir una ciudad histórica en el Grand Prix de Ramón García sea un buen modelo". "En esa calle todavía quedan vecinos (los que no han huido ya) y hay oficinas que soportan esto a diario", añade en su publicación.
Las redes sociales también cambian la llegada
Para Cajigal, las redes sociales desempeñan un papel importante en esta transformación. La llegada a Santiago ya no es únicamente el final de una experiencia personal: también puede convertirse en contenido para compartir: “Muestras tu llegada de otra manera”, señala a Informativos Telecinco.
A su juicio, también existe una influencia de nuevas formas de celebración religiosa que se han extendido por Europa: “Últimamente se han generalizado en Europa varios encuentros religiosos, donde el ruido, la fiesta, la algarabía son, digamos, consustancial”, explica. El resultado es una manera diferente de vivir la llegada: más colectiva, más festiva y también mucho más visible y molesta.
“Santiago no es un decorado”
Cajigal considera que hay que tener presente que Santiago no es un decorado. El Camino atraviesa barrios residenciales y zonas en las que viven personas durante todo el año. “Cada vez somos más haciendo el Camino. Hay que tener esto en cuenta: por donde pasas vive gente, no es un decorado”, explica.
No cuestiona que los peregrinos celebren haber completado el recorrido. Lo que reclama es que lo hagan teniendo en cuenta el entorno: “Si todos hacemos lo mismo, esto acaba siendo más un festival de música que una peregrinación”, advierte. Y recuerda algo importante: la mayoría de los peregrinos también rechaza las conductas incívicas. “Si tuviéramos que poner un policía detrás de cada peregrino sería muy triste”, afirma.
Desde el Concello de Santiago comparten parte de esta preocupación. Miriam Louzao defiende que el objetivo no es criminalizar la celebración, sino conseguir que peregrinos y residentes puedan convivir: “Nosotros queremos hacerlo de manera amable, que entiendan que su visita puede hacer un impacto en la ciudadanía que vive aquí día a día”, señala.

El Concello de Santiago de Compostela ha elaborado un código de buenas prácticas que apela al descanso de los residentes, la calidad acústica y el respeto por el espacio público. Cuando las recomendaciones no se cumplen pueden llegar las sanciones. Louzao pone como ejemplo las bicicletas que circulan por las aceras o en dirección contraria a gran velocidad.
Con todo, la concejala insiste en que los comportamientos más ruidosos son minoritarios.“La entrada de grupos cantando es bastante común en estos meses del año, sobre todo gente joven. No es la gran mayoría”, reconoce. Y lanza una petición: “El Camino nos preocupa que pueda perder la esencia, esa emoción... entre todos tenemos que cuidar el corazón del Camino de Santiago”.
Los vecinos: “Es una cuestión educacional”
En las calles de Santiago encontramos opiniones similares. Un vecino reconoce que entiende la alegría de quienes completan el Camino, pero considera que hay que controlar las formas: “Deberían de tener más cuidado con esas cosas. Con el ánimo de venir aquí se pondrán así más alborotados”.
Otro viandante es todavía más contundente: “Está mal, si vienen haciendo eso prefiero que no lo hagan”. También hay quien pone el foco en la responsabilidad individual: “Es una cuestión de pensárnoslo, es educacional”, explica una residente.
Los propios peregrinos entienden la preocupación
Entre quienes llegan a Santiago tampoco existe una defensa cerrada de las entradas multitudinarias. Algunos peregrinos reconocen que han visto cómo los grupos son cada vez más numerosos y ruidosos.
“Entiendo a la gente que vive aquí a diario. Si todos ponemos de nuestra parte, intentamos respetarnos todo puede ir adelante”, cuenta uno de ellos. Otro lo tiene claro: “No hay que entrar cantando, hay que entrar respetando a la gente”.
Y hay quienes vinculan directamente el fenómeno con las redes sociales. “Nos hemos reído un poco de los bailes de la gente (...) es por culpa de las redes sociales”, explica otro peregrino. Una joven resume la idea desde su propia experiencia: “Se tiene que llevar más por dentro, no que se entere todo el mundo. Disfrútalo con lo que tienes al lado”.

Más de medio millón de peregrinos y una ciudad que pide equilibrio
El debate llega en un momento de máxima presión sobre Santiago. 2025 terminó con 530.987 compostelas, un récord histórico; y el flujo de peregrinos continúa creciendo. La cuestión no es si Santiago quiere o no recibir peregrinos. La ciudad vive históricamente vinculada al Camino y el turismo es una pieza fundamental de su economía. El desafío es otro: cómo mantener esa acogida sin convertir los espacios donde viven los compostelanos en escenarios de una celebración permanente. Miriam Louzao lo resume así: “La gente es absolutamente bienvenida pero lo que queremos transmitir es que entren en Santiago con una buena convivencia”.
Porque después de recorrer cientos de kilómetros, quizá la última etapa también consista en algo tan sencillo como recordar que Santiago no es un decorado para las redes sociales, es una ciudad con gente que trabaja, descansa, estudia, lee, pasea y habita sus calles... y ahora, más que nunca, pide respeto.
