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El mantenimiento que debes hacer a tu aire acondicionado antes del verano para no pagar de más

Mantenimiento del aire acondicionado. Getty Images
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El momento de revisar el aire acondicionado no es cuando se va a empezar a utilizar, sino que debe hacerse antes. Y no solo porque así se detecten los problemas a tiempo, sino porque en plena temporada los precios de los técnicos suben y los tiempos de espera se disparan. Un equipo que se revisa en primavera está listo cuando llega el verano. Por otra parte, uno que solo se enciende cuando aprieta el calor puede tardar días en repararse en el peor momento posible.

El punto de partida de todo ahorro

El mantenimiento más importante que puede hacerse en un aire acondicionado no requiere técnico, ni herramientas especiales, ni conocimientos previos. Requiere abrir la tapa frontal de la unidad interior, sacar los filtros y limpiarlos.

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Los filtros acumulan durante los meses de uso polvo, polen y partículas en suspensión. Cuando están obstruidos, el compresor tiene que trabajar más tiempo y a mayor potencia para enfriar la misma cantidad de aire. El resultado es un consumo mayor sin ninguna mejora de confort. Esa sobrecarga puede disparar el consumo entre un 15% y un 25% según la suciedad acumulada. Limpiar o sustituir los filtros cada tres meses puede traducirse en hasta 100 euros menos por verano en una vivienda media.

El procedimiento es sencillo: retirar los filtros con cuidado, aspirar el polvo superficial y lavarlos bajo el grifo con agua tibia y jabón neutro. Lo más importante es secarlos completamente en la sombra antes de volver a colocarlos, ya que un filtro húmedo dentro del equipo favorece la aparición de moho. En verano, la recomendación es repetir esta limpieza cada dos a cuatro semanas. Antes de que arranque la temporada, conviene hacer una limpieza más profunda.

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Detectando lo que los ojos no ven

Una vez limpios los filtros, hay que revisar el estado general de la unidad interior. El polvo acumulado en las rejillas puede limpiarse con un paño seco o ligeramente humedecido. Pero hay algo más importante que el polvo visible: el olor.

Si al encender el ventilador aparece un olor persistente, extraño o húmedo, puede ser una señal de que hay hongos en el sistema o que se requiere una limpieza profesional. No es algo que se deba ignorar: los equipos sucios no solo funcionan peor, sino que expulsan al ambiente las bacterias y alérgenos que han ido acumulando, lo que tiene consecuencias directas sobre la calidad del aire interior.

Revisando la unidad exterior

La unidad exterior es el componente del sistema de climatización que más se olvida. Es la que disipa o absorbe el calor del exterior, y si sus rejillas y ventilador están obstruidos con hojas, polvo o suciedad, su eficiencia cae de forma significativa.

La limpieza es más delicada que la de los filtros: se recomienda un cepillo suave para retirar los residuos visibles y, si es posible, aire a presión de forma moderada o un aspirador. Lo que no se debe hacer es usar agua directa sobre la unidad. Una unidad exterior limpia permite una mejor disipación del calor y mejora directamente el rendimiento del equipo.

La prueba de encendido

Una vez realizadas las limpiezas básicas, el último paso antes del verano es encender el equipo en modo frío y dejar que funcione unos minutos. Hay que comprobar que enfría de forma progresiva, que el flujo de aire es constante y que no aparecen ruidos extraños. Un equipo que hace ruido tiene algún componente suelto o desgastado. Un equipo que no arranca puede tener simplemente las pilas del mando agotadas o una conexión floja; o puede ser algo más serio. Descubrirlo en mayo tiene solución. Descubrirlo en plena ola de calor de julio tiene precio.