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El momento del día en el que deberías ventilar tu casa para evitar usar el aire acondicionado

Ventilar a primeras horas de la mañana es una de las recomendaciones. Telecinco.es
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Ventilar la casa parece un gesto automático e inofensivo, pero en verano puede suponer la diferencia a la hora de retrasar varias horas el encendido del aire acondicionado o verse obligado a ponerlo a plena potencia para compensar el calor que acaba de entrar por las ventanas. La clave está en el momento, en la técnica y en el tiempo que se ventila.

Las horas prohibidas

La franja horaria que hay que evitar es la de las 12 a las 18 horas. En esas seis horas, el aire exterior suele estar más caliente que el interior, lo que convierte cualquier ventana abierta en un canal de entrada de calor. Abrir en esas horas no refresca: calienta. Y obliga al aire acondicionado a trabajar más y durante más tiempo para recuperar la temperatura que había dentro.

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Más peligroso todavía es el hábito de dejar una ventana entreabierta durante muchas horas pensando que eso ayuda a ventilar. En realidad, esto puede generar humedades, condensación y pérdida de eficiencia energética. Lo que funciona es exactamente lo contrario: una ventilación corta e intensa, con varias ventanas abiertas durante unos minutos.

Existen dos momentos ideales para ventilar

Hay dos franjas horarias en las que ventilar tiene sentido en verano. La primera es la noche, cuando la temperatura exterior cae por debajo de la interior. La segunda es la primera hora de la mañana, antes de que el sol haya calentado el aire de la calle.

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Si quieres refrescar tu hogar en verano, lo mejor es ventilar por la noche. Es el momento en que el aire exterior está más fresco y seco, lo que facilita que la temperatura interior baje y se renueve el ambiente. La ventilación nocturna no solo renueva el aire, sino que también puede enfriar físicamente las paredes, los techos y los muebles, que durante el día actúan como acumuladores de calor. Si esas superficies entran en la mañana más frías, tardarán más en irradiar calor al interior y la casa se mantendrá en condiciones soportables durante más horas sin necesidad de ningún aparato.

La ventilación de primera hora de la mañana tiene una función diferente, ya que más que enfriar, renueva el aire viciado que se ha acumulado durante la noche. En dormitorios donde han dormido una o dos personas, el CO₂ y la humedad del ambiente pueden alcanzar niveles elevados. Unos minutos de ventilación antes de que el sol caliente el aire de la calle mejoran la calidad del aire sin meter calor innecesario.

Abrir una ventana no es suficiente

Abrir una sola ventana suele ser insuficiente. El motivo es que el aire que intenta entrar encuentra dificultades para desplazar al que ya está dentro, lo que reduce drásticamente la circulación. La solución es la ventilación cruzada, que se consigue al abrir ventanas y puertas situadas en lados opuestos de la vivienda, creando una corriente natural que recorre el espacio completo y renueva el ambiente de forma mucho más efectiva.

También existe otra solución a menudo olvidada: las rejillas de ventilación situadas en la parte superior de las paredes. El aire caliente tiende a ascender porque, al aumentar su temperatura, se vuelve menos denso y se acumula cerca del techo. Por eso, se recomienda colocar rejillas de ventilación en paredes opuestas en la parte superior de los ambientes para generar una corriente de aire que desaloje ese calor acumulado.

Esto resulta especialmente útil cuando la temperatura exterior comienza a descender al caer el sol, momento en el que puede producirse una renovación más efectiva del aire interior.

En viviendas de dos plantas el principio se amplifica: abrir simultáneamente ventanas en la planta baja y en la alta facilita que el aire fresco entre por abajo mientras el caliente escapa por los niveles superiores, creando un flujo natural sin necesidad de equipos mecánicos. 

No hace falta además ventilar durante mucho tiempo. Bastan unos 10 o 15 minutos bien aprovechados para renovar el aire sin que entre calor, si se elige el momento correcto. Más tiempo solo tiene sentido cuando la temperatura exterior es claramente más baja que la interior, en cuyo caso conviene prolongar la ventilación para aprovechar la diferencia térmica al máximo.

La rutina que resume todo lo anterior es simple: ventilar de noche y a primera hora de la mañana para enfriar y renovar, cerrar las ventanas antes de que el sol empiece a calentar y bajar persianas y cortinas para aislar el interior durante las horas centrales. El resultado es una casa que tarda mucho más en alcanzar temperaturas intolerables y que, cuando finalmente enciende el aire acondicionado, necesita menos tiempo y menos potencia para alcanzar el confort.