Este verano se van a gastar cerca de 350 millones de euros extra en la factura de la luz por este motivo
El precio de la luz cambia cada hora: cómo aprovechar los tramos más baratos en primavera y verano
El error más común que cometen los españoles cuando llega el calor es también el más caro. Entrar en casa sudando y poner el aire a 18 o 19 grados parece tener lógica: cuanto más frío se le pide al aparato, antes se refresca la habitación. Pero la física del equipo funciona exactamente al revés. El aire acondicionado no enfría más rápido porque se le pida una temperatura más baja; simplemente trabaja durante más tiempo sin parar, intentando alcanzar una cifra que, en pleno julio, el equipo no logra mantener. El resultado es una factura que refleja horas y horas de compresor a plena potencia.
El dato a recordar
Cada grado que bajas el termostato dispara el consumo eléctrico un 7%. Si programas el split a 21 grados en lugar de a 24, estás asumiendo un sobrecoste del 21% en esa factura mensual. Para un hogar medio con un recibo de verano en torno a los 80 o 90 euros, hablamos de hasta 60 euros extra al mes solo por esos tres grados de diferencia.
Multiplicado por los cuatro meses largos de calor, la diferencia supera los 200 euros al año. El ajuste correcto del termostato puede representar hasta 180 euros de diferencia anual, según estimaciones del IDAE.
La paradoja que pocas personas conocen es que bajar más la temperatura no solo no acelera el enfriamiento, sino que obliga al compresor a trabajar de forma continua e ineficiente. Un split de 2,5 kW funcionando ocho horas diarias a 24 grados consume aproximadamente 10 kWh al día, lo que equivale a unos 45 euros al mes con las tarifas actuales del mercado regulado. El mismo aparato puesto a 22 grados salta a 11,4 kWh y el recibo mensual supera los 51 euros. En plena ola de calor, con el aparato encendido doce horas, la brecha se amplía todavía más rápido.
Qué dicen los organismos oficiales
La temperatura del aire acondicionado en verano debe mantenerse entre los 24 °C y los 26 °C, de acuerdo con el documento Bienestar térmico en un espacio climatizado del IDAE y los criterios del Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios. Esta no es una recomendación genérica: tiene base regulatoria.
El propio RITE, regulado por el Real Decreto 552/2019, establece que en edificios públicos y comerciales está prohibido enfriar por debajo de los 24 °C en verano, con el objetivo de reducir el consumo energético nacional y cumplir los compromisos de sostenibilidad con la Unión Europea. Las recomendaciones del IDAE para los hogares sitúan la temperatura óptima de confort en 25 grados durante el día. No 22, no 23. Y desde luego no 19.
El problema tiene dimensiones nacionales. Según cálculos del INE, aproximadamente 7,3 millones de hogares españoles cuentan con un aparato de aire acondicionado, y todos ellos gastarán en conjunto cerca de 350 millones de euros extra en la factura de la luz durante el verano. Incluso, varias zonas de Andalucía y Extremadura sufrieron cortes de suministro puntuales porque la red no aguantaba el pico de demanda de los aires acondicionados enchufados a la vez durante la siesta. El parque español de equipos no ha dejado de crecer, y el despilfarro sigue estando en cómo los usamos, no en cuántos tenemos.

Un riesgo para la salud que nadie menciona
Más allá del gasto económico, bajar el termostato al mínimo también tiene consecuencias sobre el cuerpo. Para evitar impactos negativos en la salud como resfriados o malestares, no se debería superar una diferencia de 12 grados entre la temperatura exterior e interior. Si en la calle hace 35 °C, lo ideal sería no bajar de 23 °C en el interior. Según estudios, una diferencia mayor a doce grados entre interior y exterior aumenta el riesgo de resfriados, problemas respiratorios y estrés térmico. La paradoja del verano es esta: muchos de los constipados que se atribuyen al aire acondicionado no los provoca el frío en sí, sino el choque térmico de entrar y salir de espacios con una diferencia de temperatura excesiva.
Cuatro gestos que reducen la factura sin pasar calor
Ajustar la temperatura es el primer paso, pero el rendimiento del aparato depende de otros factores que casi nadie aplica correctamente.
- Dirección del flujo de aire: es recomendable dirigir el caudal hacia arriba, ya que el aire frío es más denso que el caliente y tiende a descender, logrando así una distribución más homogénea en la habitación.
- Mantenimiento: un aire acondicionado con filtros sucios genera entre un 5% y un 15% más de gasto eléctrico —algunas estimaciones elevan esa cifra hasta el 20%—, por lo que los expertos recomiendan una revisión antes del inicio de cada temporada de calor.
- Modo 'eco' o 'energy save': los equipos modernos lo llevan incorporado y reduce ligeramente la potencia del compresor. El ahorro en consumo ronda entre el 10% y el 20% según el modelo.
- Bajar las persianas durante las horas centrales del día y aprovechar la ventilación nocturna cuando las temperaturas exteriores bajan. Combinado con un termostato bien ajustado, permite mantener la casa fresca sin que la factura de agosto sea la sorpresa más desagradable del verano.

