Por qué todo el mundo está deseando jubilarse: cómo una viñeta conectó con más de 4 millones de personas

En un mundo laboral intenso y acelerado, la jubilación se proyecta como la promesa simbólica de poder recuperar nuestro tiempo vital
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'Queridos Reyes Magos: quiero jubilarme. Besis'. Así rezaba la última viñeta de Javirroyo para Uppers que en pocas horas se convirtió en un hit viral masivo en nuestras redes sociales. Más de 4 millones de visualizaciones en Instagram, decenas de miles de likes y cientos de comentarios prueban que el deseo de nuestro querido ilustrador es ampliamente compartido.

"Que los Reyes Magos te concedan la jubilación, incluso si te quedan aún 20 años para llegar a ella, es para cualquier persona de más de 40 el sueño más húmedo que se puede tener, aun sin creer en los Reyes Magos", nos cuenta Javirroyo sobre cómo le llegó la idea para su carta a sus majestades de Oriente. "Lo veo cada día entre mis amigos y amigas, que sueñan con recuperar su tiempo en un mundo enloquecido como el que vivimos", apostilla.
Lo que vive Javirroyo en su día a día es lo mismo que, a rasgos generales, vivimos los uppers. Percibimos la edad de jubilación como la ansiada y merecida recompensa que nos espera tras muchos y largos años de duro trabajo. Y, en 2026, ese horizonte está fijado en los 66 años y 10 meses si se cuenta con menos de 38 años y tres meses cotizados. O en los 65 si se dispone de más de ese periodo de cotización.

Pero hablar de retirarse hoy, en realidad, es hacerlo de mucho más que de calendarios laborales o pensiones. Es hablar de cómo entendemos el tiempo vital, el valor del trabajo y nuestra utilidad social. Durante gran parte del siglo XX, la jubilación se concibió como un final claro y relativamente homogéneo: el cierre de la vida laboral tras décadas de empleo estable, seguido de una etapa breve de retiro, generalmente asociada a una pérdida progresiva de las capacidades vitales.
Vivimos más y mejor
Este modelo respondía a una realidad demográfica concreta -esperanza de vida más corta, trayectorias laborales lineales, familias extensas- que hoy ya no existe. En las primera décadas del siglo XXI, el envejecimiento de la población coincide con una transformación profunda del propio envejecimiento. Vivimos más años, pero también vivimos mejor durante más tiempo. Casi 10 millones de personas de 65 años o más residen actualmente en el país, representando el 20,4 por ciento de la población total, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).
La mejora sostenida de la salud, el aumento del nivel educativo de las grupos que se aproximan a la jubilación y la expansión de formas de trabajo menos exigentes en el aspecto físico (ojo, no en el psicológico) han alterado de manera sustancial la relación entre la edad cronológica, la capacidad funcional y la participación social.
En este contexto, la jubilación deja de ser un umbral biológico inevitable para convertirse en un nuevo punto de partida. En una época en la que el mundo laboral se percibe como un espacio intensificado, acelerado, hiperconectado y colonizador de nuestro tiempo personal, la jubilación se proyecta como una promesa simbólica de reparación: la expectativa de recuperar el tiempo vital que el trabajo nos ha ido absorbiendo durante décadas.
No es de extrañar que la jubilación hoy se asocie más con ideas de libertad, calma y autonomía que con inactividad, retiro o declive. Es cierto que, desde un punto de vista sociológico, aún quedan muchos prejuicios edadistas, pero en general hoy el concepto de 'vejez' se percibe de manera muy distinta que hace unas décadas.

Con dinero y ganas de gastarlo
El colectivo sénior que se acerca a la edad de la jubilación está plenamente adaptado a las nuevas herramientas digitales, es autosuficiente y tiene mayor capacidad económica que otros. De hecho, los ciudadanos de 65 años en adelante son hoy el target con mayor poder adquisitivo. La renta neta media de este perfil es de 17.710 euros en 2024, según datos del INE, mientras que la segunda franja con la renta más elevada, de 45 a 64 años, se sitúa en 15.973 euros anuales.
Los sénior tienen dinero y, más importante, saben qué quieren hacer con él, una vez liberados del estrés laboral y el desgaste emocional acumulado durante décadas de trabajo. A la numerosa generación boomer - la de los nacidos entre 1946 y 1964- y a la Generación X -los nacidos entre 1965 y 1980- les gusta viajar, cultivar sus aficiones y probar nuevas actividades. Muchos de ellos no cargan ya ni con hipotecas ni con hijos y divisan en la jubilación el momento perfecto para dedicarle más tiempo a sí mismos sin las restricciones del horario laboral.
En ese sentido, es lógico que proliferen los contenidos específicamente dirigidos a los séniors y que las marcas se afanen en entenderles y conectar con ellos. La denominada “economía plateada” entiende el envejecimiento de la población como un mercado en expansión para todo tipo de bienes y servicios, desde la alimentación a la belleza, pasando por el turismo.

La cara menos amable de la jubilación
Pero ese anhelo de una vida más autónoma y placentera que tanto nos sostiene en nuestros últimos años laborales a veces contrasta con otra realidad: la de la pérdida de identidad y rutina, una vez desvanecido el rol profesional y la estructura diaria sobre la que giraba la vida social. También el temor a perder el círculo social y a la soledad no deseada. O la incertidumbre ante unas pensiones insuficientes y unos ahorros que no son ilimitados.
Pasar de la rutina laboral a la jubilación no siempre supone alcanzar el descanso soñado. La ausencia de un propósito de vida que no sea el propio disfrute o la preocupación financiera pueden acabar haciendo acto de presencia en forma del conocido como 'síndrome del jubilado'.
Según un estudio en Journal of Aging and Health, quienes no preparan gradualmente su jubilación tienen un 19% más de probabilidades de experimentar síntomas depresivos en los meses posteriores al retiro. Y las personas en el primer año de retiro profesional tienen en torno a un 40% más de probabilidades de sufrir dolencias como un infarto o un derrame cerebral, en comparación con aquellas que siguen trabajando.
Quizás por eso hay quienes prefieren prolongar su actividad productiva una vez cumplida la edad legal para finalizarla, aunque solo sea a tiempo parcial, y retrasar un poco más la 'recompensa final'. En cualquier caso, con planificación, anticipación y cuidado emocional, la jubilación puede ser perfectamente esa etapa de plenitud a la que todos anhelamos llegar.
