Hipotecas

¿Amortizar la hipoteca o invertir los ahorros? Una economista explica qué es más rentable con el euríbor rozando el 3%

Decidir únicamente por miedo a la deuda o ignorar el riesgo de las inversiones son dos errores frecuentes que comenten muchas personas.. Unplash
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Las familias con capacidad de ahorro suelen enfrentarse a una decisión que parece sencilla, pero que exige hacer varios cálculos: utilizar ese dinero para reducir la hipoteca o mantener la deuda e invertir el capital. Sí, no es una decisión fácil.

La respuesta depende de varios factores: interés del préstamo, rentabilidad neta que pueda ofrecer una inversión, comisiones, fiscalidad o un nivel de riesgo que esté dispuesto a asumir el propietario. Y claro, también influye una cuestión menos matemática: la tranquilidad que aporta reducir las deudas pendientes.

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El escenario actual obliga a comparar porcentajes con atención. Con el euríbor rozando el 3%, una hipoteca variable con un diferencial de un punto puede situarse cerca del 4%.

Al mismo tiempo, los depósitos más competitivos a un año rondan el 3,15% bruto. Una vez descontada la tributación mínima del 19% sobre los rendimientos del ahorro, esa rentabilidad se queda aproximadamente en un 2,55% neto.

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“Si tu hipoteca variable está referenciada al euríbor más uno, estás pagando cerca del 4%, y la comparación es clara: amortizar te sale más rentable que meter ese dinero en un depósito”, explica Olivia Feldman, economista y cofundadora de HelpMyCash.

El Banco Central Europeo ha mantenido los tipos de interés en el 2,25%, nivel en el que los situó en junio, mientras analiza la evolución de la inflación antes de adoptar nuevas decisiones en septiembre.

Con qué tipo de hipoteca es mejor amortizarla o mantenerla

El interés que paga el propietario establece la rentabilidad mínima que debería superar cualquier inversión para justificar que se mantenga la deuda.

La experta considera que, cuando el préstamo tiene un interés elevado, la amortización ofrece una rentabilidad segura equivalente a los intereses que se dejan de pagar.  “Compensa claramente amortizar cuando el coste de tu hipoteca supera lo que puedes obtener invirtiendo de forma conservadora. Hoy, el mejor depósito a un año te da un 2,55% neto después de impuestos. Si tu hipoteca variable está al euríbor más uno, estás pagando cerca del 4%. La diferencia es de más de un punto y medio, y ahí no hay mucho que pensar”, señala.

El análisis cambia en las hipotecas fijas contratadas durante los años en los que los tipos se encontraban en mínimos. Los préstamos firmados al 1%, al 1,5% o incluso por debajo del 2% representan una financiación difícil de encontrar actualmente.

En esos casos, destinar todo el ahorro a cancelar capital puede suponer renunciar a una rentabilidad superior a largo plazo. “Las hipotecas firmadas en épocas de tipos bajos, al 1% o al 1,5%, son una rareza histórica: nadie debería tener prisa por cancelarlas. Ese dinero extra tiene mucho más recorrido invertido que pagando una deuda tan barata”, comenta la experta.

Las hipotecas fijas al 3% o más se aproximan al escenario de los préstamos variables actuales. No obstante, antes de amortizar es necesario comprobar si existe una comisión por reembolso anticipado y calcular cuánto tiempo se tardará en recuperar ese desembolso mediante el ahorro de intereses.

La rentabilidad debe calcularse después de impuestos

Uno de los errores más habituales consiste en comparar directamente el tipo de la hipoteca con la rentabilidad bruta anunciada por un banco o una plataforma de inversión.

“La inversión debe superar el coste de tu hipoteca después de impuestos. Si tu hipoteca está al 3,8%, cualquier producto de inversión tiene que darte más de eso neto para que valga la pena”, sostiene la experta.

Para superar de forma significativa el coste de una hipoteca cara sería necesario acudir a activos con mayor rentabilidad potencial.

La renta variable ha registrado históricamente retornos medios a largo plazo cercanos al 7% u 8%, pero no ofrece garantías y puede sufrir caídas importantes durante determinados periodos.

Por eso, la comparación no puede limitarse a enfrentar dos porcentajes. También deben valorarse el horizonte temporal, la capacidad para soportar pérdidas y la posibilidad de necesitar el dinero antes de que la inversión se recupere.

Amortizar poco a poco o acumular el dinero

Algunas familias prefieren guardar durante meses sus ahorros en una cuenta o depósito y realizar posteriormente una amortización importante. Esta estrategia puede ser adecuada cuando la rentabilidad neta del producto supera el interés hipotecario, pero pierde sentido cuando ocurre lo contrario.

“Si mientras acumulas ese dinero al 2% estás pagando un 3,8% de intereses en tu hipoteca variable, estás perdiendo la diferencia cada mes que pasa. En ese caso, hacer amortizaciones parciales periódicas, aunque sean pequeñas, es mejor que esperar”, explica.

La situación se invierte con una hipoteca al 1% y un producto de ahorro que ofrece un 2,5% neto. Mientras se mantengan esas condiciones, el propietario obtiene más rendimiento conservando el capital que reduciendo anticipadamente el préstamo.

No obstante, las amortizaciones pequeñas pueden resultar poco eficientes si el contrato establece una comisión elevada. “Lo que no tiene sentido en ningún caso es hacer amortizaciones parciales frecuentes en una hipoteca fija que tenga comisión de cancelación anticipada del 2%, sin haber calculado antes si el ahorro en intereses compensa ese coste extra”, advierte.

La deducción por vivienda puede cambiar los cálculos

La fiscalidad no afecta únicamente a los rendimientos de los depósitos y las inversiones. Algunos propietarios todavía pueden beneficiarse de la deducción por adquisición de vivienda habitual.

Quienes compraron su residencia habitual antes de 2013 y cumplen los requisitos pueden deducirse hasta el 15% de las cantidades aportadas durante el ejercicio, con una base máxima anual de 9.040 euros.

Para estos contribuyentes puede resultar interesante ajustar la amortización para alcanzar ese límite, pero no necesariamente superarlo mediante una gran aportación puntual.

“Interesa mantener los pagos dentro de ese límite anual para aprovechar la deducción cada año, en lugar de hacer una amortización grande de golpe”, explica la especialista.

Esta ventaja fiscal puede modificar notablemente el resultado de la comparación. Una familia que todavía disfruta de la deducción debe incorporar el ahorro tributario al calcular la rentabilidad real de amortizar.

La tranquilidad también tiene un valor

No todas las decisiones financieras se toman únicamente con una hoja de cálculo. Para algunos propietarios, reducir deuda genera una sensación de seguridad que compensa una posible pérdida de rentabilidad.

“Hay personas que con deuda encima no duermen bien, que se estresan aunque los números digan que deberían invertir. Para ellas, amortizar es la decisión correcta aunque no sea la óptima en papel, porque la salud mental tiene un valor real que no aparece en ninguna hoja de cálculo”, comenta la experta.

En el extremo contrario, también puede resultar arriesgado mantener una hipoteca cara únicamente porque se espera obtener una rentabilidad elevada en bolsa. La inversión en renta variable exige aceptar que el valor de la cartera puede caer y permanecer por debajo del capital aportado durante años.

El colchón de emergencia debe ir primero

Antes de amortizar o invertir, la familia necesita conservar suficiente liquidez para afrontar imprevistos. Destinar todos los ahorros a reducir la hipoteca puede dejar al hogar sin recursos ante una avería, una pérdida de empleo o un gasto sanitario inesperado.

“Antes de plantearse cualquiera de las dos opciones, hay que tener un fondo de emergencia sólido. Sin esa red de seguridad, destinar dinero a amortizar o a invertir puede convertirse en un problema si surge un gasto imprevisto”, sentencia la experta.

Los principales errores de los propietarios

Decidir únicamente por miedo a la deuda o, en el extremo contrario, ignorar el riesgo de las inversiones son dos errores frecuentes. También lo es comparar productos con plazos, garantías y condiciones diferentes.

Una cuenta remunerada que ofrece un interés promocional durante unos meses no equivale a un depósito que mantiene la rentabilidad durante un año. Tampoco puede compararse directamente una inversión garantizada con una cartera de renta variable cuya rentabilidad futura es incierta.

El error más habitual es tomar la decisión de forma puramente emocional o, al contrario, puramente matemática, sin considerar todos los factores”, afirma la economista.

Para una familia con capacidad de ahorro, el orden debería comenzar por asegurar su fondo de emergencia, revisar el tipo de la hipoteca y comprobar las comisiones. Después será necesario calcular la rentabilidad neta de las alternativas e incorporar la fiscalidad.

“Si la hipoteca está por debajo del 2%, no la toques: es la deuda más barata que tendrás en tu vida. Usa ese dinero para invertir a largo plazo, con cabeza, comisiones bajas y formación financiera”, recomienda.