Hablamos con un médico: qué le pasa a tu cuerpo cuando llega el otoño
Más allá de la astemia: analizamos cómo reacciona tu organismo a los cambios
El otoño es una realidad, así lo establece el almanaque estacional y lo corrobora el hecho de que en muchas zonas de España las condiciones climáticas del equinoccio son una constante durante la última quincena de septiembre. Desde el ámbito científico existe mucho debate sobre el efecto de esas permutaciones típicas de esta época del año en nuestro organismo. "La influencia de la meteorología es un tema que genera una gran controversia habiendo estudios tanto que confirman esta influencia como que la desmienten, por lo que no resulta posible emitir una respuesta categórica", señala Jesús Santianes Patiño, Coordinador del Grupo de Trabajo de Cronicidad y Dependencia de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN). No obstante, el experto considera que algunas de esas creencias no son del todo inciertas.
Los nacidos en otoño, más longevos
Para el especialista algunos aspectos como la influencia de un menor número de horas de luz solar sobre niveles de melatonina y serotonina son veraces, pero otros como "el aumento de peso" "son falsas afirmaciones” porque el responsable real es la disminución de ejercicio físico al aire libre. Santianes recalca en este sentido una investigación publicada en Aging Research hace ocho años en el que se estudiaron a personas centenarias de Estados Unidos y entre las conclusiones que arrojó el informe se aseguraba que los nacidos entre septiembre y noviembre tienen una mayor probabilidad de alcanzar los 100 años que los que llegan al mundo entre marzo y mayo.
Menos producción de líquido sinovial
En cuanto a las dolencias reumatoides, a las que también se les atribuye un repunte en otoño e invierno según algunos informes, el miembro de SEMERGEN analiza distintas versiones. En algunos casos se confirma una relación entre la bajada de las temperaturas y su consabida vasoconstricción con una reducción en la producción de líquido sinovial, lo que conllevaría, según Santianes, "una mayor rigidez articular, fricción entre estructuras y, por lo tanto, dolor".
Cuestión de presiones atmosféricas
"Otro aspecto que se suele mencionar es la presión atmosférica y como fenómenos meteorológicos como las borrascas (baja presión) o anticlones (alta presión) pueden modificar la estimulación de los barorreceptores a nivel articular y provocar una sensación disestésica", indica. Sin embargo, Patiño apunta a que son los días con buen tiempo en los que los pacientes se encuentran mejor y su estado anímico es mejor, gracias, precisamente, a poder disfrutar del exterior y tener una mayor actividad física.